En una sociedad acelerada, acostumbrada a vivir en piloto automático y acumular tensiones, la hipnosis regresiva puede convertirse en un espacio de pausa y exploración del mundo interno, permitiendo abordar experiencias, emociones y patrones que siguen influyendo en nuestra manera de vivir el presente.
Suena el despertador por la mañana: tic-tac, tic-tac. Es hora de comenzar la carrera de la rutina. Correr para cumplir con todas las funciones: familia, hijos, trabajo y sociedad. Encadenar un compromiso con el siguiente, almorzar con prisa, contestar correos y cientos de WhatsApp acumulados, llenar los tiempos intermedios mirando reels y comer sin saborear, solo para sobrevivir o llenar vacíos. Hacer, hacer y hacer. Apenas dormimos y, de pronto, vuelve a sonar el despertador… Y comenzamos de nuevo.
Pero, entre tanto ajetreo, ¿en qué momento nos detenemos a sentir, a reflexionar y a procesar las cosas que vamos viviendo? ¿Cuándo nos damos el espacio para mirar nuestro pasado, comprender nuestro presente y pensar hacia dónde queremos dirigir nuestro futuro? ¿En qué momento nos hacemos cargo de nuestra historia de vida y de todo lo que vamos cargando como consecuencia de esas experiencias?
La realidad es que muchas veces ese momento no llega, porque simplemente no nos damos ese tiempo.
Para sostener la rutina del «despertador eterno», desarrollamos mecanismos de defensa que nos permiten seguir funcionando, incluso cuando estamos cansados, sobrepasados o desconectados de lo que sentimos. Ellos nos llevan a refugiarnos en el trabajo, la comida en exceso, las compras, las pantallas, la televisión o diferentes formas de distracción, que se vuelven perfectas para desconectarnos de nuestras emociones. Sentir se vuelve algo negativo y molesto. Interrumpe el mar de tareas que vienen por delante.
Cuando esta rutina se mantiene en el tiempo, nos cuesta sostenerlo todo, tenemos que estar sobre alerta a no olvidar nada y a cumplir con todo. Poco a poco, podemos acostumbrarnos a vivir en un estado de alerta permanente, alimentado por el estrés y la ansiedad.
Seguimos funcionando, pero dejamos de escucharnos. Es ahí, cuando el cuerpo comienza a hablar.
Al principio, pueden aparecer señales que parecen pequeñas: tensión, dolores de cabeza, molestias musculares o estomacales, dificultades para descansar, palpitaciones, sensación de opresión en el pecho o falta de aire. Cuando el malestar se sostiene en el tiempo, los problemas podrían ser mayores como ansiedad, estrés, crisis de pánico, depresión, burnout, entre otros.
Es en ese punto de quiebre cuando comenzamos a buscar respuestas y diferentes formas de ayuda. Acá aparece una herramienta que todavía es poco conocida y que levanta algunos mitos; la hipnosis o la hipnosis regresiva.
Hace algunos años, la televisión mostró la hipnosis como show de entretenimiento —como hacer que alguien coma una cebolla creyendo que es una manzana—, generando una duda que hoy mantiene a algunas personas a distancia de su verdadero valor clínico.
Lejos de esos mitos, la hipnosis terapéutica, combinada con la regresión, es una herramienta amable, profunda y humana.
Permite explorar el mundo inconsciente y trabajar con información que puede haber quedado fuera de nuestra atención consciente; emociones silenciadas, eventos traumáticos o heridas de la infancia que se llevaron a un segundo plano, para poder seguir funcionando, pero que hoy se expresan en síntomas o conductas automáticas.
La intención no es quedarse atrapado en una historia antigua, sino comprenderla, procesarla y encontrar nuevos recursos para relacionarnos con ella. Mirando hacia adentro, haciendo una pausa, escuchando y reconociendo lo que se ha aprendido a dejar de lado.
Porque mientras una parte de nuestra mente se ocupa de funcionar, resolver, cumplir y sobrevivir a las exigencias cotidianas, también existe otra dimensión de nuestra experiencia que necesita ser escuchada.
Por su parte, el inconsciente opera para asegurar nuestra supervivencia, mientras la mente consciente nos brinda la capacidad de elegir cómo queremos vivir. Nos invita a hacer una pausa, respirar y reconectarnos con la sabiduría del cuerpo antes de que una molestia leve se transforme en una enfermedad.
La hipnosis es, en el fondo, una invitación a mirar hacia adentro, procesar lo reprimido y liberar los pesos del pasado, para dejar de sobrevivir y comenzar a vivir. Nos ayuda a encontrar nuestras herramientas internas para salir adelante, recuperar nuestra confianza y amor propio en el camino.
Para volver a llenarse de esos pequeños detalles que nos conectan con la vida, toca mirar a nuestro interior, sanar las historias y traumas del pasado y liberar las cargas.
la vida no exige abrir espacios extraordinarios; la vida transcurre en medio de lo cotidiano. Está en sentir la brisa fresca tras la lluvia, observar los matices de los árboles con el viento, contemplar un atardecer, regalar una sonrisa genuina, abrazar a los seres queridos o saborear la comida en lugar de tragarla por prisa.
No podemos correr para alejarnos de nosotros mismos, pero sí podemos elegir quedarnos, para sanar nuestro interior y amarnos. Y así, solo así, cuando vuelva a sonar el despertador, no será para seguir funcionando en piloto automático, será para contemplar los pequeños detalles de la vida que se plasman en la rutina y que antes no lográbamos ver, porque nuestra mente inconsciente nos protegía haciendo que evitáramos sentir más de lo que podíamos sostener.
Quizá despertar no consista solamente en abrir los ojos.
Quizá despertar sea comenzar, finalmente, a habitar nuestra propia vida.
Stephanie Koch Calvo, Psicóloga Universidad Adolfo Ibáñez, Magíster en Psicología Organizacional. Especialista en Hipnosis, Terapia regresiva y Programación Neurolingüística.
Autora del libro “Primeros auxilios para crisis emocionales” (Lanzamiento mes de noviembre 2026). Docente Universidad de Santiago de Chile y Docente en materias de Hipnosis y Terapia Regresiva.


Stephanie, qué artículo tan oportuno. Este es un tema que abordo bastante en el diseño de mis talleres, tanto en organizaciones como en el mundo social: personas con alta demanda y exigencia que terminan funcionando en piloto automático, y eso inevitablemente se traspasa a lo personal y familiar. Ahí es donde uno deja de disfrutar lo cotidiano, un café, el almuerzo, cosas que parecen pequeñas e insignificantes, pero que son taaaan importantes.
El piloto automático nos ataca a todos, da lo mismo el rubro o el cargo, y hacerlo consciente es el primer paso para volver a habitar la propia vida, como bien dices. Gracias por ponerle palabras a algo tan necesario.
¡Mucho éxito con el libro!
Excelente columna, excelente profesional, totalmente acertada la columna , realmente es la sociedad que vivimos actualmente, son necesarios estos espacios de autocuidado y autoconocimiento.