Chile enfrenta el desplome de su tasa de reemplazo en un escenario contradictorio: cunas vacías en una sociedad donde la madurez se niega al retiro.
Las cunas vacías ya no corresponden a una proyección futurista; son el dato duro del Registro Civil. En Chile, los nacimientos han caído más de un 40% en los últimos 15 años, pasando de superar los 250 mil anuales a bordear apenas los 145 mil. Con una Tasa Global de Fecundidad que perforó el piso de 1,0 hijo por mujer —muy lejos del 2,1 necesario para la renovación generacional—, el país experimenta una transformación radical en la forma de proyectar la vida.
El costo de evitar compromisos permanentes
El fenómeno trasciende la sola restricción económica o el valor de la vivienda. Asistimos a un cambio en la naturaleza de los vínculos. Predominan hoy relaciones diseñadas a corto o mediano plazo, donde la falta de ataduras estructurales permite una salida rápida ante la primera diferencia sustancial. Sin la convicción de un proyecto permanente, la decisión de tener un hijo —el único compromiso verdaderamente irrevocable— queda fuera de la ecuación. A esto se suma una cultura centrada en la movilidad, el consumo de experiencias y una profunda incertidumbre sobre el futuro global.
La paradoja de la madurez activa
En la otra vereda ocurre un fenómeno opuesto, pero igualmente revelador. La noción clásica de la «tercera edad» como una etapa de repliegue quedó obsoleta. Hoy, hombres y mujeres sobre los 70 años se mantienen plenamente vigentes, respaldados por una disciplina de trabajo y una solidez de conocimientos formados en años de rigor profesional.
Sin embargo, el entorno institucional parece reaccionar con torpeza ante este nuevo escenario. Mientras se discuten regulaciones para restringir o acortar la vigencia de las licencias de conducir a personas de edad avanzada, la vida cotidiana muestra una realidad apabullante. Basta observar lo que ocurre en los aeropuertos al momento de abordar un vuelo: las aerolíneas han tenido que acotar la fila de «embarque preferencial» a embarazadas, niños pequeños o personas con movilidad reducida demostrable. De mantenerse la categoría amplia de «adulto mayor» como antaño, la fila preferencial terminaría siendo, por pura masa crítica, más larga que la del resto de los pasajeros.
Un país sin recambio
Mientras la población sobre 65 años se ha duplicado en los últimos 15 años acercándose al 20% del total nacional, los cimientos productivos y el dinamismo del país se estrechan.
Chile no solo envejece; está perdiendo el volumen de recambio. La caída drástica de la natalidad, sumada a una fuerza adulta mayor activa, pero sub aprovechada, expone a una sociedad que parece haber perdido la fe en construir a largo plazo, dejando la renovación generacional a la deriva.
Santiago Estay C. | Ingeniero Civil Industrial

