Hay historias que no nacen en los grandes salones del poder, sino en el latido cotidiano de los barrios, en las juntas de vecinos, en las ollas comunes y en la lucha incansable por la dignidad de las comunidades. La historia de Silvana Flores Concejal de Recoleta es precisamente eso: un reflejo vivo de la resistencia social, la empatía y el compromiso territorial.

Vecina de toda la vida, Silvana ha recorrido cada rincón de Recoleta entendiendo que la política no es un cargo, sino una herramienta de transformación profunda al servicio de quienes históricamente han sido invisibilizados. Su camino hasta el Concejo Municipal no estuvo exento de desafíos; se forjó en la organización comunitaria, en la defensa de los derechos sociales y en la convicción inquebrantable de que los municipios deben ser espacios abiertos, feministas y profundamente democráticos.

Desde su rol como concejala, ha impulsado iniciativas pioneras enfocadas en la equidad de género, el fortalecimiento de la salud y la educación pública, el apoyo a la economía local y la recuperación de espacios públicos para las familias. Hoy, su voz representa la esperanza y la fuerza de un Chile que se construye desde abajo hacia arriba.

Silvana, mirando atrás en tu camino como dirigenta social y hoy como concejala de Recoleta, ¿cuál dirías que ha sido el momento más significativo que te ha recordado por qué decidiste dedicar tu vida al servicio público?

Más que un solo momento, han sido muchos encuentros con vecinos y vecinas los que me han confirmado por qué elegí este camino. Yo he vivido siempre en Recoleta, conozco sus barrios, sus organizaciones, sus clubes deportivos y, sobre todo, conozco a su gente. Antes de ser concejala ya estaba en la calle, participando, escuchando y colaborando con las organizaciones. Y hoy, desde el Concejo Municipal, trato de mantener exactamente esa misma forma de trabajar.

Para mí, los momentos más significativos ocurren cuando un vecino se acerca y te dice: “Gracias por estar”, porque muchas veces las personas no solamente necesitan que alguien les dé una solución inmediata; necesitan ser escuchadas, orientadas y sentir que su autoridad está presente. Cuando puedo ayudar a una organización social, acompañar a un club deportivo, estar con una familia que necesita orientación o simplemente recorrer un barrio y conversar con sus vecinos, recuerdo que el servicio público tiene sentido cuando uno no pierde el contacto con las personas.

Yo sigo siendo la misma vecina de Recoleta que decidió ponerse al servicio de su comunidad.

¿Cómo se logra hacer política de una manera más cercana, transparente y útil para el día a día de las vecinas y vecinos?

Estando en la calle y escuchando. Creo profundamente que la política no puede hacerse solamente desde una oficina. Hay que recorrer los barrios, entrar a las sedes sociales, conversar con los clubes deportivos, reunirse con las juntas de vecinos y escuchar directamente cuáles son los problemas que están viviendo las personas.

Y uno de los temas que hoy aparece permanentemente en esas conversaciones es la seguridad. Los vecinos quieren poder salir de sus casas tranquilos, que sus hijos puedan jugar en una plaza, que una persona mayor pueda caminar por su barrio y que las familias recuperen los espacios públicos. Por eso la seguridad también debe trabajarse desde el territorio. No se trata solamente de fiscalización o de más presencia institucional.

También necesitamos buena iluminación, recuperación de plazas, espacios deportivos activos, organización vecinal, prevención y coordinación con las instituciones responsables. Para mí, ser concejala significa estar disponible y también explicar con claridad qué podemos hacer desde el municipio, qué corresponde a otras instituciones y cómo podemos gestionar soluciones. La transparencia pasa por eso: no generar falsas expectativas y hablar con sinceridad. Una política cercana se construye cuando las personas saben quién eres, dónde encontrarte y sienten que pueden conversar contigo sin intermediarios.

¿Cuál consideras que ha sido tu mayor aporte para consolidar este sello comunitario en la comuna?

Creo que mi principal aporte ha sido mantener una forma de trabajo basada en la presencia permanente en el territorio. Recoleta tiene una enorme riqueza comunitaria. Tenemos dirigentes sociales, organizaciones, clubes deportivos, agrupaciones y vecinos que entregan muchísimo tiempo para mejorar sus barrios. Mi tarea ha sido acompañarlos, escucharlos y ayudar a generar puentes para que sus necesidades puedan ser conocidas y atendidas. Me gusta ser una concejala de calle. Estar donde están los vecinos, no solamente cuando existe una actividad formal, sino también cuando hay un problema, cuando una organización necesita apoyo o cuando un sector plantea una situación relacionada con seguridad.

Muchas veces son los propios vecinos quienes mejor conocen los puntos donde falta iluminación, dónde existe abandono de espacios públicos o cuáles son los lugares donde sienten mayor inseguridad. Esa información territorial es fundamental para gestionar respuestas y exigir que las instituciones correspondientes actúen.

Tengo además un cariño especial por los clubes deportivos, porque detrás de ellos existe un tremendo trabajo social. No solamente practican deporte: reúnen familias, forman a niños y jóvenes, crean identidad de barrio y también cumplen una función preventiva muy importante.

Un niño o un joven participando en un club deportivo, acompañado por su comunidad y utilizando un espacio público, es también una manera de construir barrios más seguros. Por eso creo que el sello comunitario no lo construye una autoridad por sí sola.

Lo construimos junto a las comunidades organizadas. Mi aporte ha sido tratar de estar ahí, disponible, acompañando y ayudando para que ese trabajo tenga cada vez más fuerza.

Si pudieras mirar al futuro y visualizar la Recoleta con la que sueñas para las próximas generaciones, ¿qué proyecto o transformación estructural te gustaría que llevara tu sello y el de las comunidades organizadas?

Sueño con una Recoleta donde nuestros niños, jóvenes, adultos y personas mayores puedan vivir sus barrios con tranquilidad, encontrarse, practicar deporte, desarrollar cultura y construir comunidad. Quisiera que avanzáramos hacia una comuna donde recuperar los espacios públicos sea una prioridad. Plazas bien iluminadas, áreas deportivas utilizadas por nuestros clubes, barrios cuidados y comunidades organizadas. Porque cuando un espacio público se abandona también aumenta la sensación de inseguridad.

En cambio, cuando tenemos familias ocupando las plazas, jóvenes haciendo deporte, adultos mayores participando y organizaciones desarrollando actividades, estamos recuperando nuestros barrios.

Me gustaría impulsar una mirada de seguridad mucho más integral: prevención, iluminación, cámaras donde técnicamente correspondan, fiscalización, recuperación de espacios públicos, deporte, participación vecinal y una coordinación permanente con las instituciones responsables de la seguridad pública.

Pero también quisiera que cada barrio tenga organizaciones fortalecidas y que los vecinos puedan participar realmente de las decisiones que afectan su entorno. Si hay algo que quisiera que quedara como sello, no sería solamente una obra física.

Me gustaría que quedara una manera de hacer las cosas: construir los proyectos junto con las comunidades. He vivido siempre aquí y quiero seguir viendo una Recoleta donde podamos encontrarnos en la calle, conocernos por nuestros nombres, recuperar nuestros espacios y sentir orgullo y seguridad en nuestros barrios.

Porque finalmente la Recoleta del futuro no la construye una sola persona ni una autoridad. La construyen sus vecinos, sus dirigentes, sus clubes y todas aquellas personas que todos los días trabajan silenciosamente por su comunidad.

Y si algún sello quisiera dejar, sería precisamente ese: haber estado siempre presente, haber escuchado y haber trabajado junto a mis vecinos y vecinas para construir una Recoleta más unida, más activa y más segura.