Por Humberto García Díaz | Director La Conexión

Codelco ha sido históricamente la viga maestra de la economía chilena. Sin embargo, el estado en el que la corporación estatal entra a esta segunda mitad de la década dista mucho de la solvencia y la fortaleza de antaño. Más allá del retórico «Chile no se cae a pedazos ni Codelco está fundido» que sostuvo Máximo Pacheco hasta sus últimos días al frente del directorio, los números y la realidad operacional imponen un diagnóstico sombrío: la principal productora de cobre del mundo atraviesa una crisis estructural que exige explicaciones y, sobre todo, un giro estratégico urgente.

El balance que deja la administración de Pacheco presenta un severo descalce entre el discurso público y la sostenibilidad técnica de la cuprífera. Durante su gestión, la deuda bruta se disparó a niveles récord cercanos a los US$ 25.000 millones, empujada por una estrategia que combinó la extracción de excedentes por parte del fisco con la emisión masiva de deuda para financiar megaproyectos estructurales. Esta abrumadora carga financiera hoy exige pagar solo en intereses más de US$ 1.000 millones anuales, mermando de manera crítica la generación de caja de la estatal.

En el ámbito productivo, las promesas chocaron sistemáticamente contra la pared de la realidad. El declive natural en las leyes del mineral no es una sorpresa para nadie en la industria, pero las severas demoras y sobrecostos en iniciativas clave —como Chuquicamata Subterránea o los desarrollos en El Teniente— terminaron mermando los volúmenes de extracción propia. La guinda de la torta fue el episodio de las metas de producción sobreestimadas y cuestionadas internamente a fines de 2025, un episodio que terminó empañando el cierre del ciclo directivo con investigaciones y pérdida de confianza institucional.

Es innegable que a Pacheco se le atribuyen hitos de envergadura estratégica, como la consolidación del acuerdo público-privado para ingresar al negocio del litio en el Salar de Atacama. No obstante, una empresa minera no puede sobrevivir alimentándose únicamente de expectativas futuras ni de nuevas líneas de negocio si su corazón productivo de cobre se debilita. Diversificar no reemplaza la obligación básica de operar con eficiencia, contención de costos y disciplina presupuestaria.

El escenario actual deja a la nueva administración una tarea colosal: sanear las arcas, transparentar la verdadera productividad de las operaciones y devolver la viabilidad a proyectos que son vitales para el país. Codelco pertenece a todos los chilenos y no tolera miradas complacientes. La minería estatal requiere soluciones técnicas, prudencia financiera y menos voluntarismo político si pretende seguir siendo el motor del desarrollo nacional.