Por Eduardo Arevalo | Problemas.cl
¿Y los poderosos dónde están? Piden a Don Francisco que convoque a las AFP
Cada año, cuando llega la Teletón, Chile vuelve a exhibir una de sus mayores virtudes: la solidaridad. Sin embargo, detrás de las campañas, los llamados y las multitudinarias jornadas televisivas, existe una realidad que merece una reflexión mucho más profunda: quienes menos tienen suelen ser quienes hacen los mayores esfuerzos para colaborar.
Son los trabajadores que viven con un sueldo ajustado, los pensionados que deben estirar sus ingresos hasta fin de mes, los pequeños comerciantes y las familias humildes quienes, pese a sus propias necesidades, destinan parte de lo poco que tienen para ayudar a otros.
Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿por qué la solidaridad parece pesar más sobre los hombros de los que menos tienen que sobre los bolsillos de quienes más poseen?
En redes sociales han comenzado a aparecer numerosos comentarios de usuarios que manifiestan su malestar por las pérdidas experimentadas en sus fondos de pensiones. En medio de ese descontento, ha surgido una propuesta que merece atención: que Don Francisco convoque a las AFP para que realicen un aporte importante a la Teletón.
La petición tiene una dosis de ironía, pero también un profundo contenido social. Los ciudadanos parecen decir: nosotros, que tenemos que trabajar todo el mes para sobrevivir, estamos dispuestos a colaborar con la Teletón. ¿Por qué las grandes administradoras, que manejan enormes recursos, no hacen también un esfuerzo significativo?
Y no solamente las AFP. La convocatoria debería extenderse a los grandes empresarios, grupos económicos, bancos, compañías y a todos aquellos que han construido importantes patrimonios y que, muchas veces, parecen mantener la solidaridad en un segundo plano cuando llega el momento de demostrarla con hechos.
Porque resulta bastante cómodo aparecer en una fotografía entregando un cheque, participar de una ceremonia o pronunciar discursos sobre responsabilidad social. Lo verdaderamente importante es cuánto se está dispuesto a aportar cuando nadie obliga a hacerlo.
No se trata de cuestionar la riqueza ni de sostener que tener recursos sea algo reprochable. Se trata de exigir coherencia. Quien tiene una capacidad económica considerable tiene también una oportunidad mucho mayor de contribuir. Y esa contribución debería estar a la altura de sus posibilidades, no limitarse a un gesto simbólico destinado a conseguir publicidad.
La solidaridad no puede convertirse en un impuesto voluntario para los pobres, mientras los poderosos se conforman con aplaudir desde la primera fila.
La discusión adquiere mayor fuerza cuando se observa que las personas de menores ingresos deben hacer verdaderos sacrificios para participar en esta cruzada. Para algunas familias, donar cinco mil o diez mil pesos representa un esfuerzo mucho mayor, proporcionalmente, que una contribución de varios millones para una gran empresa.
No disponemos aquí de una medición estadística nacional que permita afirmar cuánto aporta cada grupo socioeconómico en relación con sus ingresos. Pero la desigual capacidad económica de los aportantes es precisamente lo que hace necesario discutir la proporcionalidad de los esfuerzos solidarios.
Y mientras tanto, muchos ciudadanos que han visto disminuir sus ahorros previsionales sienten que siempre son ellos quienes terminan pagando las consecuencias: cuando trabajan, cuando cotizan, cuando enfrentan dificultades económicas y también cuando se les convoca a colaborar.
Por eso, el llamado a Don Francisco no debería quedarse solamente en las AFP. Debería transformarse en una convocatoria a los grandes patrimonios de Chile, a los empresarios más poderosos y a las instituciones que cuentan con recursos suficientes para realizar aportes realmente significativos.
La Teletón no necesita solamente el pequeño aporte de millones de chilenos. También necesita que quienes tienen mucho demuestren que están dispuestos a compartir una parte de esa abundancia.
Porque ser solidario cuando sobra es mucho más fácil que serlo cuando falta. Y si los más humildes pueden compartir lo poco que tienen, resulta difícil comprender por qué quienes tienen tanto no pueden hacer mucho más.
Don Francisco ha conseguido durante décadas movilizar a Chile. Quizás este año debería dirigir su convocatoria también hacia los directorios de las AFP y las oficinas de los grandes grupos económicos. Que no sean siempre los mismos los que se aprieten el cinturón para ayudar.
La Teletón es de todos, pero la responsabilidad de colaborar no debería recaer principalmente en quienes menos tienen.
¡Que esta vez los grandes también se pongan la mano en el bolsillo y demuestren que la solidaridad no es solamente un discurso!

