La dirigente del PDG y ex candidata parlamentaria analiza el momento actual y traza la hoja de ruta para reactivar la economía, frenar la delincuencia y romper con el duopolio tradicional.

Con una trayectoria que transita de manera fluida entre el emprendimiento privado y el liderazgo político territorial, Karen Osorio Muñoz, secretaria regional del Partido de la Gente (PDG), se ha posicionado como una de las voces más firmes de las nuevas fuerzas emergentes. En una conversación abierta, la ex candidata a la alcaldía de Santiago y al Parlamento aborda sin rodeos los frenos que ahogan a las Pymes, la crisis de seguridad que acorrala a los barrios chilenos y la urgencia de refrescar una clase política que considera desconectada de la realidad social.

  El ahogo del emprendimiento y la urgencia de reactivar el empleo

El estancamiento económico de los últimos años ha golpeado con especial dureza a las micro, pequeñas y medianas empresas en Chile. Entre la alta inflación, la incertidumbre regulatoria y una permisología que suele extender las aprobaciones por meses o incluso años, miles de emprendedores enfrentan un escenario límite para sostener sus negocios y puestos de trabajo. En este escenario, Osorio analiza los nudos críticos que impiden despegar al motor productivo regional e indica las medidas urgentes para inyectar liquidez y confianza al mercado local.

Desde su experiencia directa en el sector privado, ¿cuáles son hoy los verdaderos frenos para las Pymes y qué se requiere para reactivar el empleo de forma inmediata?

“Hoy emprender en Chile es un acto de heroísmo frente a un Estado que actúa como un inspector cobrador y no como un socio estratégico.”

“Las pequeñas y medianas empresas no resisten un impuesto más ni un trámite burocrático extra. El principal freno no es la falta de ganas de los chilenos, sino la asfixia regulatoria y la incertidumbre constante. Si queremos dinamizar el empleo de manera urgente, debemos subsidiar la contratación, simplificar de forma radical los permisos y entregar liquidez directa a quien arriesga su patrimonio para dar trabajo. Sin Pymes fuertes, no hay reactivación económica posible.”

 

 La crisis de seguridad urbana y el repliegue del Estado en los barrios

La delincuencia y el avance del crimen organizado se han instalado en el primer lugar de las prioridades de la ciudadanía. El temor a ser víctima de un delito violentó los hábitos cotidianos de la población y el comercio barrial, generando un debate profundo sobre la capacidad reactiva de las instituciones tradicionales frente a nuevas dinámicas delictivas. Habiendo recorrido diversos sectores vulnerables y comerciales, Osorio aborda la efectividad del despliegue estatal y plantea los cambios de fondo para devolver la tranquilidad a los espacios públicos.

La seguridad se ha convertido en la mayor urgencia de las familias chilenas. Como líder territorial que conoce la realidad barrial, ¿cómo evalúa la respuesta del Estado y qué giros estructurales se deben dar?

“No podemos combatir la delincuencia del siglo XXI con las leyes del siglo XX; el Estado perdió el control territorial y hay que recuperarlo con mano firme.”

“La estrategia actual ha fracasado porque sigue reaccionando tarde y con parches titulares. Cuando recorres los barrios, la gente no pide discursos, pide poder salir de su casa sin miedo. Requerimos cambios estructurales inmediatos: blindar a nuestras policías en el uso legítimo de la fuerza, modernizar la inteligencia del Estado para perseguir la ruta del dinero del crimen organizado y recuperar los espacios públicos tomados. Sin seguridad no hay libertad ni paz social.”

 

El desgaste de los bloques tradicionales y el surgimiento del pragmatismo

La desafección política y la desconfianza hacia las instituciones tradicionales han marcado los últimos ciclos electorales en el país. El electorado, crecientemente independiente, exige respuestas pragmáticas a problemas concretos antes que disputas doctrinarias o ideológicas. En este escenario, el Partido de la Gente (PDG) busca consolidarse como una alternativa representativa del ciudadano común. Osorio detalla cómo la colectividad pretende articular el malestar social en propuestas útiles para la gestión pública.

Frente al evidente agotamiento del mapa político tradicional, ¿cómo observa el rol del PDG y qué propuestas concretas ofrecen para reconectar con el electorado?

“La ciudadanía se cansó de la política de trinchera que solo busca votos y desaparece tras las elecciones; el PDG representa la gestión pragmática de la gente común.”

“Los bloques tradicionales están desgastados porque han antepuesto sus agendas ideológicas y sus cuotas de poder al sentido común. Las personas ya no creen en la izquierda o la derecha tradicional, creen en soluciones concretas a sus problemas diarios. Desde el PDG, nuestra propuesta es clara: recuperar la política como un servicio transparente, con meritocracia y con representantes que sepan lo que cuesta llegar a fin de mes.”

 

 Una hoja de ruta a diez años para el desarrollo integral del país

Mirar más allá de las urgencias de la coyuntura y de las administraciones de cuatro años se plantea como el gran desafío para construir un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible. Los cambios en el mercado laboral, la digitalización acelerada y la necesidad de una educación alineada con las exigencias del siglo XXI exigen pilares estratégicos estables. La dirigente repasa las prioridades donde Chile debe concentrar sus inversiones e institucionalidad para asegurar movilidad social para las futuras generaciones.

Proyectando el país hacia la próxima década, ¿cuáles considera que son los pilares estratégicos indispensables para garantizar desarrollo, educación de calidad y verdaderas oportunidades?

“El futuro de Chile se juega en la calidad de su educación y en la capacidad de generar un desarrollo sostenible que no deje a ningún territorio rezagado.”

“Chile no puede seguir improvisando a cuatro años plazo. Para garantizar un desarrollo real necesitamos tres pilares indispensables: una reforma educativa orientada a la innovación y al empleo del futuro, una alianza público-privada sólida para la transición energética justa y una descentralización efectiva que le dé recursos y autonomía a los municipios y regiones. Ese es el único camino para ofrecer oportunidades reales a las nuevas generaciones.”