En medio de intensas tensiones al interior del oficialismo y la amenaza de una acusación constitucional en el Congreso, el Mandatario asumió de forma directa las gestiones políticas para frenar la fuga de votos entre los parlamentarios de su propio sector.

SANTIAGO – En un intento desesperado por mantener el control político y evitar una dura derrota legislativa, el Presidente José Antonio Kast ha tomado de forma directa la conducción de la crisis oficialista, realizando intensas gestiones telefónicas personales dirigidas a los parlamentarios y dirigentes del sector considerados «descolgados». El objetivo prioritario de La Moneda es alinear a las bancadas de Chile Vamos y Republicanos para blindar al ministro de Justicia, Fernando Rabat, ante la inminente Acusación Constitucional impulsada en la Cámara de Diputados.

Un despliegue al máximo nivel en plena crisis de coalición

La intervención directa del Mandatario —realizada incluso durante su gira internacional— da cuenta del nivel de inquietud que reina en el Comité Político. Fuentes parlamentarias confirman que el teléfono de legisladores reticentes a alinearse con la postura del Gobierno comenzó a sonar en las últimas horas con un interlocutor de máximo nivel: el propio Jefe de Estado.

Entre las conversaciones mantenidas trasciende la del diputado Hotuiti Teao (independiente-UDI), quien había manifestado públicamente su apertura a respaldar el libelo acusatorio. Si bien el legislador atendió la llamada presidencial para exponer de primera mano sus reparos ante la permanencia de Rabat, mantuvo una postura firme y remarcó categóricamente que «dialogar no es transar principios», exigiendo respuestas y medidas concretas en favor de las víctimas para reevaluar su postura.

Ejes de la estrategia del Ejecutivo

Las gestiones telefónicas de Kast persiguen tres objetivos centrales:

  • Frenar la dispersión en Chile Vamos: Evitar que sectores disidentes de la UDI, Renovación Nacional y el PDG terminen aportando los votos necesarios para la aprobación del libelo acusatorio en la Cámara de Diputados.

  • Contener el conflicto UDI – Republicanos: Neutralizar las crecientes fricciones públicas entre las colectividades oficialistas, luego de que dirigentes de la UDI exigieran definiciones tras duros reproches mutuos.

  • Resguardar la autoridad presidencial: Evitar que una eventual salida forzada del ministro de Justicia se interprete como una claudicación ante las presiones parlamentarias, asumiendo personalmente el costo de contener la grieta oficialista.

Escenario abierto y prueba de fuego para el liderazgo oficialista

Pese al despliegue y al tono persuasivo de las llamadas dirigidas desde el entorno presidencial, en el Congreso el panorama dista de estar resuelto. Diversas bancadas de la coalición expresan molestia por la falta de autocrítica política y advierten que las llamadas personales no garantizan automáticamente un cambio de postura al momento de votar en el hemiciclo.

La ofensiva directa de Kast pone a prueba no solo la continuidad del ministro Fernando Rabat en el Gabinete, sino también la gobernabilidad del conglomerado y la verdadera capacidad de La Moneda para ejercer disciplina sobre su bancada parlamentaria en el momento de mayor tensión política de la gestión.