Hay personas esperando atención. Y hay profesionales esperando ser encontrados.
Lo sabemos. Hay personas que llevan semanas, meses incluso, buscando una hora con un especialista. Personas que recorren centros médicos, preguntan a conocidos, buscan en internet y terminan muchas veces frente a una agenda que no tiene disponibilidad o frente a una lista de espera que parece no terminar.
Pero hay otra espera de la que hablamos mucho menos. La de los profesionales que sí están.
Están la psicóloga que atiende de manera independiente, el kinesiólogo que realiza atenciones a domicilio, la terapeuta ocupacional que trabaja en su comuna, la fonoaudióloga que abrió una consulta, la nutricionista que atiende online, la enfermera que dejó el hospital pero sigue poniendo sus conocimientos al servicio de otros.
Están. Tienen formación, experiencia y herramientas. Están ejerciendo. Pero muchas veces no sabemos dónde encontrarlos.
Y quizás ahí hay algo que no estamos mirando.
Hemos aprendido a buscar atención en determinados lugares. En un hospital, una clínica, un centro médico, una institución. Asociamos la idea de profesional de la salud a un espacio que reconocemos como tal. Pero ¿qué pasa cuando ese profesional trabaja fuera de esos espacios?
¿Deja por eso de ser profesional? Por supuesto que no.
Trabajar de manera independiente no significa trabajar de manera improvisada. No significa tener menos formación, menos experiencia ni menos compromiso. Significa, muchas veces, ejercer de otra manera: desde una consulta, desde una casa, a domicilio, online, en una comuna determinada o en una región donde las alternativas pueden ser mucho más escasas.
Entonces aparece una pregunta que me parece necesario hacernos: ¿y si el problema no es solamente que faltan profesionales, sino que también nos falta encontrarlos?
Porque puede ocurrir algo tan paradójico como esto: una persona puede estar esperando atención mientras, a pocos kilómetros, existe un profesional capacitado para entregársela.
No necesariamente están lejos.
Quizás simplemente no se han encontrado.
Hace un tiempo, alguien me contó que estaba cuidando a su madre con cáncer. Gran parte de los cuidados cotidianos recaían sobre ella, hasta que una vecina comenzó a ayudarla. Ella había sido enfermera. Ya no trabajaba en un hospital, pero conservaba algo que en ese momento era invaluable: sus conocimientos, su experiencia y su disposición para ayudar.
Estaba ahí. En su misma cuadra.
Esa historia me hizo pensar cuántas veces ocurre algo parecido sin que siquiera nos demos cuenta. Cuántas personas tienen cerca a alguien que puede ayudarlas y no lo saben. Cuántos profesionales están ejerciendo en nuestros propios territorios y permanecen invisibles para quienes podrían necesitarlos.
Tal vez también necesitamos comenzar a pensar la salud desde ahí.
No solamente desde los grandes centros, sino desde las personas. Desde los barrios. Desde las comunas. Desde las regiones. Desde quienes viven y trabajan cerca nuestro.
La Cuadra nace precisamente de esa pregunta: ¿Qué pasa si hacemos visible a ese profesional que ya está ahí y facilitamos que pueda encontrarse con quien lo necesita?
Porque a veces acceder a atención no comienza encontrando una institución. A veces comienza simplemente con saber que alguien está ahí.
Y quizás ese alguien está mucho más cerca de lo que pensamos. Quizás está en nuestra comuna.
Quizás en nuestro barrio. Quizás está en nuestra cuadra.

