Que la educación chilena es deficiente no ofrece duda alguna; quien quiera decir lo contrario, que discuta solo contra el espejo, ya que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. La escasa comprensión lectora es el principal y más relevante problema de nuestro sistema, aunque no el único. A esto debemos sumar otro serio inconveniente —que calza perfectamente previo a estas elecciones presidenciales—: el deficiente contenido relativo a la educación cívica, esencial para que los jóvenes tengan una opinión real e informada sobre lo que significa vivir y participar en una sociedad democrática y en un mundo politizado. Pero no solo los jóvenes carecen de estos conocimientos; la población en general también los desconoce o posee información tergiversada, sin capacidad para cotejar si lo que leen es correcto o no.

Cuando escribo sobre lo alejados que están muchos de las definiciones y contenidos básicos, observo con asombro cómo se utilizan mal ciertos términos y significados, encasillando a candidatos en sectores políticos que nada tienen que ver con la realidad. Doy ejemplos claros: con mucho desparpajo, leo en medios de comunicación que se ubica a uno u otro candidato en la extrema izquierda o extrema derecha, y me “lloran los ojos” —ironía— al ver tamaño error. Me pregunto de dónde sacarán las fuentes para escribir tantas imprecisiones, tan lejanas de la verdad. Explico el error: si verdaderamente fueran extremos, no estarían participando en una elección democrática. Y lo más grave es que, si en el colegio se enseñaran estas diferencias a niños y jóvenes, no repetirían lo que divulgan algunos que jamás han leído un libro de teoría política. —Podrían leer un poco a David Nolan y analizar su diagrama—.

Otro error frecuente es tratar al sector de derecha chileno como fascista. Esto se ha visto reflejado al encasillar a un candidato en esa ideología, siendo que dicho candidato promueve mayor libertad individual y menor participación del Estado, menos economía centralizada y más libertad económica, más libertad educacional y menos Estado docente; a todas luces, la antítesis del fascismo. Y surge otra duda: quienes repiten estas conjeturas —erradas, por lo demás—, ¿conocerán siquiera una característica del fascismo? ¿Sabrán que Mussolini fue miembro del Partido Socialista Italiano (PSI), del cual fue expulsado por apoyar la participación en la Primera Guerra Mundial? ¿Sabrán que Giovanni Gentile, el filósofo detrás del fascismo, se inspiró en Hegel y Marx, entre otros, para escribir La doctrina del fascismo?

Hoy, en pleno siglo XXI, cuando es mucho más fácil que en el siglo pasado acceder a información, estamos tomando ideas, publicaciones y opiniones de personas que poco o nada conocen de temas tan relevantes como las ideologías y la política. Por eso, no se queden solo con un enunciado u opinión: sean más exhaustivos e inquisitivos al buscar la información que requieren.

Manuel Roberto Lira L.
Docente e Historiador

Por laconexi