La historia no contada del Cerro Chena

Todos hablan hoy del Cerro Chena. De sus lagunas que empiezan a llenarse, de la pelea presupuestaria entre el Gobierno Regional y el Minvu, de los diez años que San Bernardo estuvo con las cumbres cerradas. Pero esa foto actual, la del parque casi terminado y la del conflicto por su mantención, es apenas el último capítulo de una historia mucho más larga, escrita por gente que llevaba décadas trabajando en silencio, y a la que casi nadie nombra.

El médico que decidió reforestar un cerro

La historia del parque no nace en una oficina pública ni en un concurso regional. Nace en el consultorio de un pediatra broncopulmonar de San Bernardo: el doctor Juan Zúñiga Pacheco, conocido por generaciones de sanbernardinos como “el doctor Zúñiga”, que además fue concejal de la comuna.

Zúñiga fue, junto a vecinos y a los grupos scout de San Bernardo, quien dio el impulso inicial a la reforestación del Chena desde los años 80. Lo que empezó como plantaciones puntuales convocando familias, niños y jóvenes se transformó con los años en un movimiento ciudadano organizado: el comité que hoy se conoce coloquialmente como “Amigos del Cerro Chena” (formalmente, Comité de adelanto Parque Metropolitano Sur Cerro Chena), del que Zúñiga es fundador.

Ese trabajo de base, sostenido durante más de treinta años, es el que después permitiría justificar ante las autoridades que el Chena merecía convertirse en parque metropolitano. De hecho, cuando San Bernardo ganó el concurso de los Cerros Isla en 2014, el argumento decisivo no fue solo ambiental: fue la existencia de este comité con más de veinticinco años de trabajo territorial detrás.

Un cerro con historia religiosa, ferroviaria y popular

El Chena no era un cerro cualquiera para San Bernardo: era su segundo patio. En una de sus lomas se instaló hace décadas la imagen de la Virgen, custodiada por el Obispado, y durante años se celebraron misas en el lugar; hasta hoy se organizan reforestaciones y actividades religiosas en su santuario.

También es cuna de una tradición que hoy es parte del folclore nacional: el “18 chico”. La historia popular cuenta que en los años treinta, los trabajadores de la Maestranza de Ferrocarriles de San Bernardo no recibieron su sueldo ni aguinaldo antes de Fiestas Patrias por un conflicto sindical, y solo se les pagó a comienzos de octubre. Por eso celebraron su propio “18” el primer fin de semana de ese mes, en los faldeos del Chena, con asado, empanadas y chicha. Con los años se sumaron familias de militares de la Escuela de Infantería, que por estar de servicio en la Parada Militar tampoco alcanzaban a celebrar el 19 de septiembre. Esa fiesta popular, nacida en el cerro, terminó replicándose en todo Chile.

Del comité vecinal al parque metropolitano

El primer paso institucional llegó en 2002, cuando el Ejército bajo el comandante en jefe Juan Emilio Cheyre cedió 38 hectáreas de sus terrenos en el Chena al Ministerio de Vivienda y Urbanismo para levantar un parque recreativo que beneficiaría a trece comunas del sur de Santiago. Ese parque, impulsado originalmente por la gestión de la ex entonces gobernadora de la provincia de Maipo, Silvia Correa Marín quien durante su período (1990-1994) había tramitado la obtención de terrenos para dotar a San Bernardo de un espacio verde que no tenía, se inauguró en 2010, coincidiendo con el Bicentenario, y se abrió a la comunidad sin cerrar el acceso a sus cumbres.

A fines de 2010 e inicios de 2011, esa historia estuvo a punto de truncarse. Se reveló que el Ejército dueño de buena parte del cerro había firmado contratos con la empresa Pukará S.A. y otras sociedades ligadas para permitir la extracción del mineral puzolana en una zona de rehabilitación ecológica, pese a que la Corema regional ya había rechazado antes un proyecto similar por tratarse de una zona ecológica y residencial. Vecinos, concejales y organizaciones como Maipo Contigo se movilizaron para frenar la faena minera, denunciando que el propio Ejército recibía pagos por metro cúbico de material retirado. La presión ciudadana logró detener la extracción y, en el marco de ese mismo proceso, ampliar la superficie bajo protección hasta llegar a las 58 hectáreas que hoy se conocen como el parque.

Ese capital social y esa pelea ganada fueron decisivos en 2014, cuando el entonces intendente Claudio Orrego convocó el concurso de los Cerros Isla para elegir el próximo gran parque metropolitano de Santiago. El Chena se impuso a los cerros Renca, Blanco y Las Cabras, en gran parte gracias a la base construida por el comité de Zúñiga durante más de dos décadas y a la reforestación acumulada desde los 80.

Una década con las cumbres cerradas

Ganado el concurso, el cerro fue cerrado para iniciar las obras del nuevo proyecto y encadenó años de licitaciones frustradas y demoras administrativas, según reconoce la propia Fundación Cerros Isla. El resultado concreto: por más de diez años, los sanbernardinos no solo perdieron el parque, sino el acceso al cerro completo sus cumbres, su mirador, su historia, un patrimonio que llevaban generaciones considerando propio.

Recién en 2024, las obras del Parque Metropolitano Sur retomaron su ritmo tras años de traba. A abril de 2026 el proyecto alcanzaba más de un 86% de avance, con sus lagunas comenzando a llenarse y apuntando a una inauguración hacia agosto de ese año.

El conflicto de hoy: quién paga la mantención

Y así llegamos al problema que hoy está en boca de todos: quién financia el cuidado del parque una vez terminado. Se estima que su mantención anual costará cerca de $4.900 millones, una cifra que representa cerca del 20% de todo el presupuesto que Parquemet destina a sus 22 parques urbanos, y un 25% más cara que el promedio de la red. El Gobierno Regional Metropolitano sostiene que existía un compromiso —firmado en 2017 y 2018 por una entonces autoridad de Parquemet— para que la institución asumiera esa administración. El Minvu, en cambio, ha señalado que ese documento carece de validez administrativa, y que la incorporación de nuevos parques a la red debe resolverse por la Ley de Presupuestos. Los antecedentes muestran que ya en enero de 2026, bajo el gobierno saliente, el propio Minvu había advertido a la Dirección de Presupuestos que el proyecto no contaba con financiamiento asegurado para su operación; esa advertencia no se tradujo en recursos.

Lo que de verdad importa rescatar

Más allá de la contingencia de quién paga y quién no, lo valioso de esta historia es otra cosa: reconocer a quienes llevan más de cuarenta años empujando este sueño. Varias de esas personas ya son de edad avanzada, y algunas ya no están. El doctor Zúñiga, los vecinos que se organizaron en los 80, los scouts que plantaron los primeros árboles, los que se movilizaron contra la puzolana en 2011: son ellos quienes de verdad forjaron este futuro pulmón verde para la región sur de Santiago. Contar la historia completa del Chena su fe, su fiesta popular, su lucha ciudadana es también un acto de justicia con esa gente.

Sebastián Tapia Macaya
Trabajador Social, Consultor, Académico, Master en Programación Neurolingüística e Inteligencia Emocional