Francia registró el sábado 17 de octubre una jornada de movilizaciones que derivó en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en distintas ciudades del país. Según reportó la agencia Reuters, cerca de 1.800 personas fueron detenidas durante los disturbios, mientras que más de 500 policías resultaron heridos. En París se registraron 855 detenciones. Un manifestante falleció tras sufrir un paro cardíaco durante las movilizaciones, según informaron las autoridades.

Los incidentes incluyeron ataques a edificios públicos y comercios. En Limoges, el edificio del ayuntamiento sufrió daños tras ser incendiado, según reportes de prensa. En Lyon, un recinto de información turística fue atacado y prendido fuego, mientras que en Marsella se reportaron daños en dependencias municipales y locales comerciales. Las autoridades y reportes de prensa distinguieron entre los grupos que protagonizaron los disturbios y las personas que participaron pacíficamente. La agencia Associated Press cifró en cerca de 550 mil los asistentes a 110 manifestaciones, según datos oficiales, mientras que los organizadores elevaron la cifra a unas 800 mil personas.

El movimiento se inició en septiembre con reclamos de estudiantes de sectores periféricos de París por falta de profesores, problemas de infraestructura, cursos numerosos y ausencia de recursos suficientes, según informó BioBio. Las protestas coincidieron con el rechazo de sindicatos y trabajadores del sector público a los planes presupuestarios del Gobierno para 2027, que contemplan un ajuste de aproximadamente 54 mil millones de euros para reducir el déficit fiscal. A esto se suma el malestar por el encarecimiento de productos básicos, energía y combustibles.

Entre las demandas planteadas se encuentran frenar el deterioro de la educación pública, proteger el poder adquisitivo, rechazar los recortes presupuestarios, combatir la desigualdad y cuestionar la respuesta policial. La Confederación General del Trabajo (CGT), uno de los sindicatos franceses, respaldó las manifestaciones y planteó demandas por mejores salarios y pensiones, menores precios y protección de los servicios públicos. Las protestas no responden a una única exigencia ni cuentan con un liderazgo común.

El presidente Emmanuel Macron condenó los ataques contra comercios y dependencias públicas, mientras que el primer ministro Sébastien Lecornu insistió en la necesidad de responder a los hechos de violencia. El Gobierno responsabilizó a grupos radicales de izquierda y a personas que aprovechan las movilizaciones para cometer delitos. Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua, según reportes de prensa.

Fuente: BioBio.