En La Granja, Puente Alto o La Pintana, prácticamente todos los adultos mayores dependen del beneficio estatal. En Vitacura, solo uno de cada cuatro lo recibe. La brecha entre comunas de una misma región muestra hasta qué punto la Pensión Garantizada Universal se ha vuelto, para buena parte del país, la diferencia entre tener un ingreso en la vejez o no tenerlo.

La Pensión Garantizada Universal (PGU) llega hoy a 790.451 personas en la Región Metropolitana, el 36,5% de todos los beneficiarios del país. Pero el volumen no cuenta la historia completa. Lo que realmente distingue a las comunas de Santiago no es cuántas personas cobran el beneficio, sino qué proporción de sus adultos mayores depende de él para vivir. Y en ese mapa, la distancia entre una comuna y otra es enorme: en La Granja, la PGU llega a casi la totalidad de la población de 65 años o más; en Vitacura, apenas a uno de cada cuatro.

Donde la PGU sostiene a casi toda una generación

Al comparar los beneficiarios con la población de 65 años o más que proyecta el INE para 2026, la Región Metropolitana promedia 69,8 beneficiarios por cada 100 adultos mayores. Ese promedio esconde, sin embargo, dos realidades muy distintas dentro de una misma ciudad.

En La Granja, 17.005 de los 17.592 adultos mayores de la comuna reciben la PGU: un 96,7%, la cobertura más alta de la región. Le siguen Puente Alto (94,3%), La Pintana (93,1%) y Maipú (92,1%), todas comunas populosas del sur y poniente de Santiago donde el beneficio estatal se ha convertido, para la enorme mayoría de sus adultos mayores, en la base —cuando no la totalidad— de su ingreso en la vejez.

Comuna Beneficiarios Población 65+ Por cada 100
La Granja 17.005 17.592 96,7
Puente Alto 61.846 65.573 94,3
La Pintana 20.498 22.007 93,1
Maipú 64.112 69.628 92,1
Lo Espejo 13.108 14.619 89,7

 

El otro extremo: donde la mayoría se sostiene sola

En el extremo opuesto está el sector oriente de Santiago. En Vitacura, de 20.692 personas de 65 años o más, solo 5.053 cobran la PGU: un 24,4%, cuatro veces menos que en La Granja. Le siguen Las Condes (36,9%), Providencia (38,1%) y Lo Barnechea (41,4%).

La diferencia no significa que en esas comunas haya menos adultos mayores necesitados, sino lo contrario: significa que la mayoría de su población mayor accedió a pensiones —contributivas o de otro tipo— que superan el corte que da derecho al beneficio, o pertenece al 10% de mayores ingresos que la ley excluye explícitamente. Dicho de otro modo: en el sector oriente, el Estado es un complemento para una minoría; en el sur y poniente, es la base de ingresos para casi todos.

Una vida entera sin cotizar: el otro indicador social

Dentro de la PGU hay una distinción clave: la modalidad contributiva complementa una pensión que la persona alcanzó a construir; la no contributiva es la que reciben quienes llegaron a los 65 años sin haber logrado ninguna pensión propia. Este segundo grupo es, en rigor, el indicador más directo de una vida laboral marcada por la informalidad o la falta de cotizaciones.

Ahí el mapa social se vuelve todavía más nítido. En San Pedro, el 46,7% de quienes reciben la PGU llegaron a la vejez sin pensión propia; en El Monte, un 30,5%; en Alhué, un 30%. Son comunas rurales o semirrurales de la periferia regional, donde buena parte de la vida laboral transcurrió fuera del sistema previsional formal. En el extremo opuesto, en Las Condes, Providencia, Ñuñoa y Vitacura la proporción de personas sin pensión propia está por debajo del 16,6%: casi todos los actuales adultos mayores de esas comunas cotizaron en algún momento de su vida activa.

Una brecha que también tiene rostro de mujer

En las cuatro comunas de mayores ingresos del sector oriente, la proporción de mujeres entre quienes cobran la PGU supera el 67% y llega a su punto más alto en Vitacura, con 71,4%. La lectura más probable es que, en esas comunas, los hombres acceden con más frecuencia a pensiones que superan el corte del beneficio, de modo que quienes terminan dependiendo de la PGU son, sobre todo, mujeres. Es una hipótesis consistente con la brecha de género que arrastra el sistema previsional chileno, aunque su confirmación definitiva requeriría datos adicionales de la Superintendencia de Pensiones.

Lo que revela el mapa comunal

Tomadas en conjunto, estas cifras muestran que la PGU no cumple el mismo rol en todo Santiago. En las comunas del sur y poniente —Maipú, Puente Alto, La Florida, San Bernardo, La Pintana, La Granja— sostiene a la enorme mayoría de la población mayor y funciona, de facto, como la política de ingresos de la vejez. En el sector oriente, en cambio, opera como una red más acotada, dirigida a quienes no lograron pensiones suficientes pese a haber cotizado. Y en comunas como San Pedro o El Monte, evidencia además una historia distinta: la de generaciones enteras que llegaron a los 65 años sin haber podido cotizar nunca.