El 11 de Marzo del 2026 se produjo en Chile uno de los actos que representa el mayor respeto a nuestra institucionalidad democrática al materializarse el cambio de Gobierno. El cambio de mando representa el valor que asume la democracia a escuchar la voluntad ciudadana. Esa señal de oír a los chilenos y chilenas se plasmó en la entrega de la banda presidencial de un Presidente reformista a un Presidente con promesa de reformar.

Cumplidos ya varios meses de instalación del nuevo Gobierno, se ha producido un fenómeno propio de los Gobiernos de derecha y más en este caso, del cual no debemos olvidar, que es un Gobierno de ultraderecha, a pesar de que traten algunos de disfrazarlo de un tinte de centro.

Ese fenómeno consiste en el distanciamiento de escuchar a la ciudadanía, bajo la excusa de la implementación de un programa de gobierno ampliamente votado. Le pasó al Presidente Piñera con el estallido social, al Presidente Boric con los procesos convencionales y ahora a las pocas semanas de haber asumido y en tiempo récord, al Presidente Kast.

Lo mínimo que debe tener un Gobierno es aquella sensible preocupación de estar atento a escuchar las señales que entregan los Chilenos respecto de sus demandas y preocupaciones, y la omisión a ello no puede constituir la justificación de su omisión para tratar de cumplir promesas de Gobierno que con el tiempo nos vamos percatando que se fundan en un racismo ideológico deshumanizado.

Implementar un programa de Gobierno no es cosa fácil, por eso las “listas de supermercados” que crean algunas candidaturas se transforman en procesos de insensibilización al tratar de hacerlas realidad, cuando el fenómeno socio político indica otra cosa.

Un Gobierno debe estar sensible a los cambios de necesidades de la ciudadanía, a las urgencias de la contingencia, muchas veces que involucran implementar políticas estructurales, que son y deben ser políticas de Estado que convoquen a mayorías en todos los sectores políticos y también sociales. Esto es muy relevante, porque la historia y el sentido común han dado ejemplos claros y resultados acordes a lo esperado, en ambientes de estabilidad y desarrollo institucional.

El Gobierno en menos de 4 meses, ha calado acciones que han profundizado su alejamiento con la ciudadanía, lo que lo ha llevado en menos de dos semanas desde que asumió, a una caída de casi 10 puntos del apoyo ciudadano inicial. Los errores y falta de perspectiva en la implementación de algunas políticas, y que más aún han llevado a desoír a expertos, parlamentarios, sectores económicos, y más aún a veces a sus propios partidarios, han conllevado a niveles ya no de desaprobación, sino de rechazo.

Dentro hay innumerables ejemplos, como la eliminación del fondo de estabilización de los combustibles y la carga del costo solo por los chilenos de clase media y los más desposeídos, la tramitación en el Senado del Proyecto de Ley que conmuta penas a los violadores de DDHH, el indulto a condenados de las fuerzas armadas de orden y seguridad por apremios ilegítimos durante el estallido social, eliminación para el año 2026 y posterior modificación para años venideros del Programa Becas Chile por razones de recorte y ajuste ministerial, la cancelación del proyecto de memoria en la ex Colonia Dignidad, la renuncia de más de 40 altos funcionarios de confianza del Gobierno (2 ministros, 5 subsecretarios, 33 SEREMIS), el timorato anuncio que han lanzado la venta de activos prescindibles de empresas públicas, y así la lista se engrosará en los próximos meses.

Frente a lo anterior, se ha repetido por el momento, al igual que el Gobierno anterior, el nicho de respaldo al Gobierno que ha fluctuado entre el 25% al 35% con un alto porcentaje de rechazo. Frente a lo anterior, el desafío del Gobierno será escuchar las señales que la ciudadanía vaya dando a sus reales necesidades y no a las necesidades del grupo Gobernante. Hoy son el Gobierno de todos y todas, de oficialismo y oposición, por lo que el “switch” de ejercer el mando de la Nación, requiere estar atento y tener presente las señales del gobernado, que es representado no solo por las encuestas, sino por la proyección de políticas ampliamente consensuadas para que generen los resultados esperados en procesos de desarrollo estable en el tiempo.

La política cambió hace casi una década en el país, donde un ciudadano empoderado, exigente, requirente de transparencia y sentido común, busca no solo la satisfacción de sus intereses personales sino de cómo construye sociedad con su beneficio personal transformándolo en un beneficio colectivo.

Las incipientes protestas y movilizaciones que se han dado hasta el momento, esconden una peligroso silencio de presión social, el que debe tomar en cuenta el Gobierno, pero también una oposición que aparece desorganizada y con poca unida.

El Gobierno en la continua lógica de implementación de su programa ideológico y de confrontar al progresismo en una lucha cultural, prontamente será develado por la ciudadanía, donde verá que las promesas del Gobierno no se cumplirán por su imposibilidad si ellas no se realizan con amplios consensos y una obsesión anti izquierda que remece los cimientos democráticos de un proceso de un Chile en unidad frente a las necesidades sociales.

El progresismo también está en deuda y los que formamos parte de él, estamos al debe con el ciudadano. Perdimos una elección parlamentaria y presidencial por propios errores y la magnificencia de la propuesta de la ultraderecha. La reorganización y unidad que se debe tener para enfrentar los próximos tres años, para recuperar la conexión con la ciudadanía es fundamental para ser real alternativa de Gobierno, y para ello debemos también escuchar las señales de la ciudadanía.

En el caso del progresismo, hay Partidos y movimientos en consolidación y otros en reorganización, pero todos ellos representan junto a la sociedad civil, una fuente rica de respeto al principio humanista y de desarrollo integral del ciudadano, por lo que hacer frente al Gobierno, sin perjudicar las necesidades de los chilenos es un desafío que esperemos pueda constituirse en una pronta realidad. El progresismo requiere unidad, pero no una unidad por unidad, sino con contenido, se requiere una estructura orgánica, donde la conducción política pueda materializarse en el territorio de manera mancomunada. La oposición no puede estar solo aprisionada en el Congreso Nacional y actuar de manera reactiva al Gobierno, sino que debe recuperar el territorio, con acción social, con despliegue de ideas, con acciones para ir fortaleciendo las organizaciones sociales y comunitarias que fueron pilares de importantes cambios sociales. Si realmente se requiere ser alternativa de Gobierno, los Partidos Políticos del progresismo y los movimientos sociales son fundamentales.

Para terminar estas ideas, el Gobierno si requiere realmente hacer cambios importantes de carácter estructural en las llamadas políticas de Estado, requiere que ellas se construyan sobre la base de los acuerdos mas amplios posibles, pero esos acuerdos no solo se construyen en el Congreso luego de la presentación de un proyecto de ley, sino con anterioridad en mesas técnicas que permitan converger la posición y aporte de distintos sectores. Esos acuerdos permitirán mínimos comunes, avances que serán consolidados en mayorías transversales que permitirán perdurar en el tiempo el desarrollo de sus resultados. En caso contrario, la variación de mayorías en la política nacional, que en esta últimas décadas ha sido tan voluble, provocará que las medidas sean modificadas en periodos de 4 años. La mega reforma es el primer ejemplo, y esperemos que sea el último por el bien de Chile.

De allí que las señales hoy constituyen un elemento esencial de percibir, y es el Gobierno quien tiene el primer deber de estar atentos a ellas. Ello no es debilidad ni incapacidad. Eso no es alejarse de su programa de Gobierno, es responder por lo cual fueron elegidos, evitando con ello la fata de sintonía, la caída en las encuestas (que no es un fenómenos aislado cuando las caídas son continuas y permanentes), la existencia de protesta social, y no llegar a constituirse en vergüenza nacional, que es el peor de los rechazos por parte de la gente.

La construcción de políticas de Estado es fundamental. La convocatoria a diversos actores y sectores para impulsar cambios fundamentales sea de manera gradual o no, no es muestra de incapacidad, o de debilidad, sino al contrario, es constituirse en un Gobierno de mayorías transversales, que traerá beneficio y estabilidad a todos los chilenos y chilenas.

Es allí la importancia de las señales en la política, y como ellas son capaces de ser recogidas por el bien de Chile, retomando la senda de crecimiento y estabilidad, como lo fueron los gobiernos radicales con la coalición de Frente Popular, la Concertación, y otros casos históricos que con orgullo histórico podemos destacar.

Leonardo Cubillos Ramírez |Ex Presidente Nacional Partido Radical de Chile (2022-2026)