Lluvias fuera de temporada ya destruyeron hasta el 80% de la fruta temprana en el Limarí y hasta el 40% en huertos de Curicó. Este martes, un nuevo frente apunta directo a O’Higgins y Maule, el corazón de una industria que esperaba exportar un récord de 667.000 toneladas.
Santiago, 19 de octubre de 2026. La temporada de cerezas 2026-27, que la industria proyectaba como la más grande de su historia, enfrenta su momento más crítico. El fenómeno de El Niño, que la NOAA estima podría ser uno de los más intensos desde 1950, alcanza su punto máximo justo cuando los huertos chilenos entran en cosecha.
En apenas dos semanas de octubre, lluvias, granizadas y tormentas eléctricas han golpeado desde Coquimbo hasta Ñuble. Productores hablan de pérdidas millonarias e irreparables. Y lo peor podría estar por llegar: el Gobierno decretó Emergencia Climática Preventiva entre Coquimbo y Biobío hasta el 23 de octubre, ante un sistema frontal que descargará lluvias fuertes en pocas horas este martes 20.
La cereza es el tercer producto más exportado de Chile, después del cobre y el salmón. Lo que ocurra en los próximos días en los campos de la zona central definirá no solo el ingreso de miles de productores, sino también el de cientos de miles de trabajadores temporeros y una parte relevante de las exportaciones del país.
Los daños ya están en los huertos
El primer golpe cayó sobre la fruta más valiosa: las cerezas tempranas del Norte Chico, que llegan primero a China y obtienen los mejores precios.
En la provincia del Limarí, el 12 de octubre cayeron cerca de 17 mm en solo cinco horas, sobre huertos que estaban a días de cosechar. El asesor y productor Jorge Astudillo estima una afectación definitiva de entre 70% y 80% en las variedades Brooks y Nimba, con daños también en Glen Red y Rainier. «El daño ha sido irreparable y millonario», resumió a Diario Frutícola. Días antes, las lluvias del 5 al 8 de octubre ya habían dejado pérdidas de 20% a 55% en la zona baja de la provincia, según Diario El Día.
El daño se llama partidura: la fruta madura absorbe agua, su piel se fisura y deja de cumplir los estándares de exportación. En Coquimbo, algunos huertos registran además hasta 20% de microfisuras, un daño menos visible que puede pasar el embalaje y aparecer al llegar a destino.
En el Maule, la provincia de Curicó, uno de los polos cereceros del país, fue azotada por tormentas eléctricas, granizo y lluvia intensa en plena floración y cuaja. Las estimaciones preliminares hablan de pérdidas de 25% a 40% en los huertos más afectados. Dirigentes del sector advirtieron a VLN Radio que se trata de un golpe devastador del que muchos agricultores no podrán levantarse sin apoyo de la banca o el Estado.
En Ñuble, un exportador estimó en septiembre que la producción podría caer hasta 50% si las condiciones adversas persistían. En O’Higgins, las granizadas del martes 13 de octubre afectaron sectores de Rancagua y Rengo, y la Seremi de Agricultura aún recopila antecedentes en terreno.
El único alivio, por ahora, es que O’Higgins, que concentra más del 80% del volumen nacional, registraba al 9 de octubre un impacto productivo «prácticamente marginal», según el asesor Walter Masman. Pero esa evaluación es previa a las granizadas y al frente que llega este martes.
Martes 20: la prueba más dura para el corazón cerecero
Por primera vez en esta temporada, el núcleo productivo queda en el centro del pronóstico. La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) emitió una alerta por precipitaciones moderadas a fuertes en un corto período para la tarde y noche del martes 20 de octubre, con foco en Coquimbo, Valparaíso, la Región Metropolitana, O’Higgins y Maule. A ello se suman probables tormentas eléctricas, rachas de viento y granizo desde la tarde del lunes 19 en toda la zona centro-sur.
Ante este escenario, el Presidente José Antonio Kast instruyó declarar Emergencia Climática Preventiva desde Coquimbo hasta Biobío entre el 18 y el 23 de octubre. La medida permite a municipios y servicios públicos contratar por trato directo y movilizar recursos de inmediato.
La preocupación no termina con este frente. Un académico citado por el Diario Financiero proyecta que el riesgo de lluvias con esta intensidad se mantendría hasta mediados de noviembre, justo cuando se cosecha Santina, una de las variedades más exportadas. La DMC prevé lluvias sobre lo normal entre Coquimbo y Los Ríos para la primavera, y los modelos anticipan que después vendrá un verano con temperaturas sobre el promedio entre noviembre y febrero.
Esa combinación es la más temida por los productores. El agroclimatólogo Patricio González, de la Universidad de Talca, ha advertido que las lluvias de octubre o noviembre alternadas con calor favorecen la partidura y comprometen la condición exportable de la fruta.
Hay además un riesgo silencioso. El bioclimatólogo Fernando Santibáñez, de la Universidad de Chile, advirtió que los efectos de El Niño se han desplazado hacia el sur en los eventos recientes, dejando a O’Higgins y Maule entre las zonas más expuestas. Y especialistas recuerdan la «pasma» de 2022: una caída de fruta que apareció semanas después de una buena cuaja, tras una primavera fría y húmeda. Las evaluaciones de hoy podrían estar subestimando el daño final.
Hasta US$ 850 millones en riesgo
La industria llegó a esta primavera con expectativas altas. Frutas de Chile proyectó 132 millones de cajas para 2026-27, equivalentes a 667.000 toneladas exportadas, un alza de 16% respecto de la temporada anterior. La revisión de esa cifra, prevista para mediados de octubre, aún no se conoce.
Con cada lluvia, esa meta se aleja. Un ejercicio de La Conexión, basado en el valor promedio de exportación de la temporada pasada (cerca de US$ 4,55 por kilo según datos de ODEPA), muestra lo que podría perderse:
- Si el daño se limita al norte y a huertos puntuales (−5%), se dejarían de exportar unos US$ 150 millones.
- Si se repite lo ocurrido en 2023-24 (−17%), la pérdida rondaría los US$ 515 millones.
- Si el golpe se parece al de 2015-16 (−28%), podría alcanzar los US$ 850 millones.
Son referencias, no pronósticos: una menor oferta suele subir los precios y compensar parte de la caída. Pero ese alivio no llegará a los productores que perdieron su fruta.
Más que volumen: la condición de la fruta. El viaje marítimo a China tarda entre 21 y 23 días. La fruta con microfisuras o golpeada por la humedad puede llegar deteriorada, lo que expone a reclamos y castigos de precio en el mercado que compra el 87% de la cereza chilena.
Un calendario más apretado. Las lluvias ya retrasaron las labores entre cinco y diez días, y el volumen aéreo inicial hacia China es escaso. El Año Nuevo Chino 2027 cae el 6 de febrero, 11 días antes que en 2026. Una cosecha atrasada y concentrada significa más fruta llegando a China en las mismas semanas, el mismo escenario de sobreoferta que hundió los precios en las dos últimas temporadas.
Una industria que ya venía herida. La temporada 2025-26 cerró con 569.000 toneladas y US$ 2.590 millones, caídas cercanas al 9%. El subsecretario de Agricultura, Francesco Venezian, sitúa hoy el precio en China entre US$ 2,40 y 2,80 por kilo, lejos de los US$ 6 a 7 de los mejores años. El académico Juan Pablo Subercaseaux (UC) estimó que cerca del 60% de la superficie en plena producción terminó la temporada pasada bajo sus costos variables. Para esos huertos, El Niño puede ser el golpe final.
La historia advierte: El Niño siempre ha cobrado su cuota
No es la primera vez que El Niño castiga a la cereza chilena, y los antecedentes no son tranquilizadores.
En la temporada 2023-24, la industria proyectaba en octubre 100 millones de cajas. Un mes después, tras lluvias de hasta 40 mm en plena primavera en la zona central y un invierno más cálido de lo normal, la estimación cayó a 81,4 millones. Las variedades tempranas Royal Dawn y Santina fueron las más afectadas. La temporada terminó con cerca de 17% menos fruta de la esperada.
En 2015-16, durante un El Niño muy fuerte, el Comité de Cerezas anticipó una caída de 27,7% frente a la temporada anterior. La cosecha se atrasó entre 10 y 14 días, y a esa fecha los envíos acumulados iban 69% por debajo del año previo. Hubo zonas donde se perdió prácticamente toda la producción.
En ambos casos, el menor volumen permitió sostener los precios. Pero hoy la situación es distinta y más riesgosa: la industria proyecta exportar un 60% más de fruta que en 2023-24, tiene unas 76.000 hectáreas cosechables y viene de dos temporadas de precios en el piso. Mucho más está en juego, y con muchos menos márgenes para absorber el golpe.
Royal Dawn: la variedad que el último El Niño casi borró de las exportaciones
Si hay una variedad que encarna el riesgo de esta temporada, es Royal Dawn. Esta cereza temprana, que abre la ventana comercial de la zona central, fue la gran damnificada del El Niño de 2023-24: exportó apenas 907.052 cajas, una caída de 66,1% frente a las 2.672.487 cajas del año anterior, según cifras de Frutas de Chile publicadas por Redagrícola. Ese medio calificó la campaña como un año para el olvido para la variedad.
Fuentes: iQonsulting vía FreshPlaza y Smartcherry (2017-18 a 2022-23); Frutas de Chile vía Redagrícola (2023-24: 907.052 cajas de 5 kg ≈ 4.535 t)
Mientras el total nacional exportado ese año quedó casi igual al anterior, Royal Dawn perdió dos tercios de sus envíos. Venía de una buena temporada: en 2022-23 exportó 13.365 toneladas, 35% más que el año previo, aunque su participación en los envíos ya había bajado de 6% en 2017-18 a 3%, según el anuario de iQonsulting.
Por qué es tan vulnerable. Su fruta madura justo cuando llegan las últimas lluvias de primavera. El 31 de octubre de 2023, Redagrícola reportó partiduras en Brooks, Royal Dawn y Santina, sobre todo en O’Higgins y Maule, en fruta a días de cosecharse. Ese año, el presidente de Frutas de Chile, Iván Marambio, señaló que la falta de frío invernal y las lluvias de primavera afectaron principalmente a Royal Dawn y Santina.
El temor para 2026-27. La variedad se recuperó en 2024-25, según Claudio Vial, gerente de Ranco Cherries, aunque ese año el Comité de Cerezas ya había reportado abortos de fruta en Royal Dawn, Santina y Regina. Pero hoy enfrenta un escenario más duro que el de 2023: un El Niño más intenso, un invierno con mala calidad de frío según los asesores, y un frente que este martes 20 apunta precisamente a O’Higgins y Maule, a días de su cosecha. No hay cifras públicas de Royal Dawn para 2024-25 ni 2025-26, ni una estimación oficial para esta temporada, por lo que La Conexión elaboró una estimación propia.
Estimación de La Conexión para 2026-27. En un año normal, Royal Dawn exporta unas 11.400 toneladas, el promedio de las seis temporadas entre 2017-18 y 2022-23. Si El Niño la golpea como en 2023-24, el resultado sería este:
| Escenario | Exportación estimada | Cajas de 5 kg | Valor estimado |
| Año normal | ~11.400 t | ~2,3 millones | ~US$ 52 millones |
| Se repite 2023-24 (−66%) | ~3.900 t | ~0,8 millones | ~US$ 18 millones |
| Pérdida | ~7.500 t | ~1,5 millones | ~US$ 34 millones |
Método: promedio 2017-18 a 2022-23 de iQonsulting, caída de 66,1% de 2023-24 (Frutas de Chile vía Redagrícola) y valor promedio de exportación de 2025-26 de US$ 4,55 por kilo (ODEPA). Es una referencia, no un pronóstico: supone que la superficie de Royal Dawn no ha cambiado y no considera el mayor precio que suele obtener la fruta temprana, por lo que la pérdida en dinero podría ser mayor.
Los más expuestos: temporeros y pequeños productores
Detrás de las cifras de exportación hay miles de familias. La temporada de cerezas genera hasta 600.000 empleos temporales, con su peak en diciembre, en cosecha, packing y logística. Cada día de lluvia es un día sin cosecha, y para quien trabaja por jornada o a trato, un día sin ingreso.
En Curicó, dirigentes del sector recuerdan que la cereza es un motor de contratación fundamental para miles de familias maulinas durante el verano, y que una tormenta en octubre golpea a cosechadores, plantas de embalaje y toda la cadena logística.
Los pequeños y medianos productores enfrentan el riesgo con menos herramientas. Las mallas antigranizo y las cubiertas plásticas son la mejor defensa, pero su alto costo las deja fuera del alcance de muchos agricultores tradicionales. En el norte, numerosos proyectos tempranos tampoco cuentan con cobertura. A eso se suman tratamientos fitosanitarios de emergencia para frenar hongos y bacterias, que encarecen una temporada que ya venía con márgenes estrechos.
El daño se extiende más allá de la cereza. En Biobío, la Sociedad Agrícola (Socabio) reporta flores caídas en cerezos, manzanos, nectarines y duraznos, y siembras de maíz atrasadas o prácticamente perdidas.
¿Qué ha hecho el Estado? Además de la Emergencia Climática Preventiva, las Seremis de Agricultura de O’Higgins y Maule, junto a INDAP e INIA, iniciaron catastros de daños. En O’Higgins, el Comité de Gestión Integral de Riesgos Agrícolas tenía previsto revisar los antecedentes el 16 de octubre, y los programas de crédito de INDAP para la agricultura familiar aparecen como principal herramienta disponible.
Sin embargo, hasta el cierre de esta nota no se había informado un balance oficial de pérdidas en cerezas ni una declaración de emergencia agrícola por las lluvias de octubre. Con el frente del martes en camino, el tiempo para preparar una respuesta se acorta.
Datos clave
| Indicador | Cifra | Fuente |
| Probabilidad de El Niño histórico (oct–dic 2026) | 75% | NOAA/CPC |
| Exportación proyectada 2026-27 | 132 millones de cajas / 667.000 t | Smartcherry, Xinhua |
| Pérdidas en Brooks y Nimba (Limarí) | 70–80% | Diario Frutícola |
| Pérdidas en huertos más afectados (Curicó) | 25–40% | VLN Radio |

