La discusión sobre el futuro de Codelco va mucho más allá de una decisión empresarial, pues cuando algunos sectores de derecha y extremaderecha plantean su privatización, total o parcial, lo que está en juego es la soberanía de Chile sobre uno de sus recursos estratégicos más importantes.
La nacionalización del cobre fue una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia. En 1971, Chile decidió recuperar el control sobre una riqueza fundamental para su desarrollo y ponerla al servicio del país. Fue una decisión de soberanía económica que permitió que una parte significativa de los recursos generados por nuestra principal riqueza natural contribuyera al financiamiento del Estado y al desarrollo nacional.
Por eso, resulta equivocado utilizar los actuales problemas de Codelco como argumento para venderla. Si existen problemas de productividad, debemos aumentar la productividad; si hay dificultades en la gestión, debemos mejorar la gestión; si existen retrasos, sobrecostos o desafíos financieros, corresponde enfrentarlos con mejores decisiones y mayor eficiencia.
Defender Codelco no significa defender la ineficiencia, porque precisamente se trata de una empresa de todos los chilenos y chilenas; y debemos exigirle más, es decir, mejor administración, mayor transparencia, innovación, control de costos y capacidad para seguir aportando al desarrollo del país.
En 2025, Chile alcanzó cifras históricas de exportación y el cobre mantuvo su posición como el principal producto exportado por nuestro país, con envíos superiores a los US$53 mil millones. La minería, en su conjunto, aportó más de US$63 mil millones a las exportaciones nacionales. Estas cifras demuestran que estamos hablando de uno de los pilares fundamentales de nuestra economía.
Por eso, entregar el control de esta riqueza a intereses privados sería un error histórico. Una venta puede generar recursos inmediatos, pero implica renunciar a ingresos futuros, en palabras simples “pan para hoy y hambre para mañana”, dinamitando cualquier posibilidad de seguir contribuyendo al financiamiento social del país.
Codelco deja recursos que fortalecen la capacidad del Estado para financiar políticas públicas tan importantes como la Pensión Garantizada Universal (PGU), junto con múltiples programas sociales, infraestructura, salud y educación, que dependen finalmente de la capacidad del Estado. Debilitar esa capacidad mediante la venta de activos estratégicos es hipotecar una fuente de recursos que pertenece a todas y todos los chilenos.
Lo mismo ocurre con el Royalty Minero, que representa un avance fundamental para que la riqueza generada por la minería llegue también a los territorios. Sus recursos permiten fortalecer el financiamiento de municipios en todo Chile y desarrollar políticas públicas e inversiones locales en áreas como seguridad, salud, infraestructura y mejoramiento de los barrios.
La discusión sobre el cobre, entonces, también es una discusión sobre qué tipo de desarrollo queremos. Si queremos que la riqueza de nuestros recursos naturales quede concentrada en intereses privados o si queremos que contribuya al bienestar del país y la ciudadanía.
La nacionalización del cobre nos enseñó que un país puede defender sus recursos estratégicos y ponerlos al servicio de su desarrollo. Hoy el desafío es actualizar esa convicción: más eficiencia, más productividad y mejor gestión, pero sin renunciar a nuestra soberanía.
¡Por esto y mil razones más, Codelco no se vende!
Fares Jadue |Alcalde de Recoleta

