La llamada alianza roja/verde —la extrema izquierda o izquierda radical junto con los grupos islámicos—, amparada por el denominado progresismo y por los medios occidentales, tiene como objetivo, según esta interpretación, demoler las bases de Occidente y está atacando la institucionalidad de la República Francesa.

Han movilizado a estudiantes, trabajadores y otros sectores en torno a reivindicaciones que, según el texto, encubren otras intenciones. La debilidad de los gobiernos europeos que intentan navegar entre la derecha y la izquierda es tal que, en un primer momento, justifican reclamos que pueden tener algún fundamento; después, lamentan los saqueos y la destrucción, y finalmente sienten temor cuando los manifestantes no ceden y elevan sus exigencias. No logran explicar la situación real de manera convincente, aunque sus medidas puedan tener fundamentos.

La presión de lo «políticamente correcto» los lleva a ceder.

Francia tiene una historia de levantamientos violentos: la toma de la Bastilla, la Comuna de París, el Mayo Francés y el movimiento de los «chalecos amarillos», entre otros. Muchos grupos de extrema izquierda llaman a tomar la «Bastilla». A la luz de la ocupación y destrucción de ayuntamientos, así como de la quema de algunos monumentos históricos, cabe preguntarse si ciertos jóvenes radicalizados podrían ir todavía más lejos.

El presidente Macron realizó una autocrítica y señaló que hubo fallas en los servicios de inteligencia del Estado. Según esta crítica, las autoridades no conocen suficientemente lo que ocurre en los barrios musulmanes, los grupos radicales, sus conexiones internacionales, el tono de sus consignas y sus redes.

La cadena Fox News identificó 54 organizaciones que formarían parte del ecosistema de las protestas de octubre. Aproximadamente una de cada tres serían organizaciones estudiantiles o juveniles, incluidos grupos juveniles comunistas y una asociación estudiantil musulmana. Las 38 restantes incluirían grupos comunistas dirigidos por adultos, sindicatos, partidos políticos, organizaciones de izquierda revolucionaria, grupos de defensa de derechos y medios de propaganda internacional.

Entre las organizaciones de dentro y fuera de Francia que, según el texto, han participado en este levantamiento se encuentran: Juventud Comunista de Grecia; Jeunesse Communists; Le Poing Levé —El Puño Levantado—; Unión de la Juventud Comunista (UJC) de Francia; Liga Comunista Internacional —Trotkysta—; Jeunesse du Monde —publicación comunista—; La France insoumise (LFI) —izquierda populista/socialista—; Nouveau Parti anticapitaliste – L’Anticapitaliste (NPA); Organisation Communiste révolutionnaire; Partido Comunista Francés (PCF); Parti des Indigènes de la République (PIR); Parti de l’égalité socialista; Grupo Comunista Revolucionario, organización comunista revolucionaria británica; Révolution Permanente; y Urgence Palestine.

A estas organizaciones se suman decenas de agrupaciones estudiantiles, sindicatos y organizaciones de derechos humanos y ambientales.

El informe sostiene que los vínculos de estas organizaciones con otras de Gran Bretaña, Grecia, Albania, la India y otros países responden a la intención de reproducir estas acciones en distintos lugares. También menciona a EEUU y a América Latina.

En EEUU, la corriente de izquierda vinculada al Partido Demócrata y a la DSA (Democratic Socialists of America) promueve las estatizaciones, la causa palestina —que, según el texto, apoya a Hamas—, la defensa de la dictadura cubana, el anticapitalismo y la reducción de la presencia militar estadounidense en el mundo. La DSA mantiene, además, vínculos cercanos con el Foro de San Pablo y otros grupos de izquierda.

Francia se encuentra entre los países de la Unión Europea con mayor gasto estatal, incluido el destinado a educación. Su inflación es más baja que la de España y Portugal, pero registra un déficit fiscal muy elevado, que dificulta cada vez más el sostenimiento de su Estado de bienestar.

Francia se encuentra en una encrucijada entre un pasado marcado por la sangrienta Revolución Francesa y la debilidad actual de una sociedad cuyos gobiernos, según esta perspectiva, han permitido la pérdida de su identidad mediante una inmigración musulmana masiva. El texto sostiene que una gran parte de esa población no respeta los valores republicanos y liberales.

Todo tiene consecuencias, y Francia está pagando el precio de contar con líderes acomodaticios, incapaces de adoptar a tiempo las medidas necesarias para salvaguardar la República.

Jorge Guldenzoph – Académico Uruguay