A varios años de los acontecimientos del 18 de octubre de 2019, diversos actores y referentes de la sociedad civil, el sector productivo, la política local y el emprendimiento social analizan el impacto, las lecciones y las deudas pendientes de uno de los hitos sociopolíticos más complejos de la historia reciente del país.

A través de sus testimonios, emergen miradas encontradas pero convergentes en la necesidad de avanzar hacia el diálogo, la seguridad, la dignidad social y la superación de la polarización.

Dra. Marsella Jiménez (Psicóloga)

Yo no vi el 18 de octubre de 2019 por la tele, lo caminé. Ese día me asaltaron y caminé horas sin poder comunicarme, sintiendo el desamparo de que todo se había vuelto irreconocible. Durante mucho tiempo sentí que haber llegado viva era un milagro. Como psicóloga, atendí después a personas que vivieron experiencias similares: perder su trabajo, no poder llegar a casa o resultar heridas.

Mi trabajo me ha enseñado que el trauma no se supera negándolo ni reviviéndolo cada año con rabia, sino que se elabora, se pone en palabras y se transforma en una decisión sobre cómo queremos vivir. Yo decidí cuidar mi salud mental, a mi familia, a mis pacientes y la forma en que nos comunicamos. Lo único que realmente nos salva es la comunicación humana: un «¿estás bien?» a tiempo.

Hoy no pido celebrar ni condenar. Con más conciencia de nuestra fragilidad, invito a dejar la ira y avanzar desde el amor y la comprensión mutua. Es hora de evolucionar y contar lo vivido para ayudar a otros a sanar. Espero que este 18 de octubre nos encuentre caminando hacia una mayor colaboración. (194 palabras)

Javier Alejandro Santamaría Vázquez (Presidente de la Federación Nacional Agrícola de Trabajadores Transitorios)

Este 18 de octubre Chile vuelve a mirar una fecha que nos marcó a todos. Como Presidente de la Federación Nacional Agrícola de Trabajadores Transitorios, creo que es momento de hablar claro: el derecho a manifestarse es legítimo en democracia, pero también tenemos el deber impostergable de producir, trabajar y mantener a Chile funcionando.

Conozco el sacrificio de la gente de esfuerzo de norte a sur que se levanta de madrugada para hacer producir la tierra y que no puede hacer teletrabajo. Esa gente es la que más sufre cuando hay barricadas, desorden y violencia, perdiendo su inversión y enfrentando el alza de precios.

Por eso, como Federación decimos con fuerza que Chile no necesita más división ni barricadas; necesita más cosechas, contratos de trabajo dignos, seguridad para trabajar y diálogo real. No queremos volver al enfrentamiento, sino a un Chile que combine justicia social con orden y trabajo. Nuestro mensaje es mirar al futuro con memoria y respeto, con la pala en la tierra y la convicción de sacar al país adelante. (191 palabras)

Eduardo Arévalo Mateluna (Empresario Estudio Jurídico Problemas.cl)

A siete años del estallido social del 18 de octubre de 2019, cabe preguntarse cuánto ha cambiado realmente la vida de los ciudadanos. Aunque el alza de 30 pesos en el Metro fue el detonante, el malestar respondió a causas profundas como pensiones insuficientes, problemas en salud, abusos y burocracia. Sin embargo, muchas de esas demandas siguen vigentes en medio de largos trámites, falta de seguridad y desconfianza institucional.

Tras el estallido, la clase política prometió acelerar respuestas y no gobernar de espaldas a la gente, pero con el tiempo volvió a los enfrentamientos, disputas partidistas y cálculos electorales. La desconfianza refleja una crisis que no se resuelve con discursos, sino demostrando que la política sirve para solucionar problemas reales.

Además, los dos procesos constituyentes rechazados demostraron que las demandas sociales no eran un respaldo automático a cualquier proyecto político. La ciudadanía continúa reclamando por servicios deficientes y observa a sus representantes distanciados de sus urgencias. Chile necesita autoridades que demuestren haber escuchado, trabajen con responsabilidad y rindan cuentas de sus resultados. (190 palabras)

Andrea Guala (Emprendedora Social Cerro Navia)

A pesar de la esperanza y la masiva movilización social del 18 de octubre en Chile, el proceso terminó en una profunda decepción y en una sensación de pérdida colectiva. La violencia, la destrucción y el odio derivado del estallido no mejoraron la calidad de vida ni solucionaron los problemas estructurales como la educación, la salud o la desigualdad brutal. Por el contrario, terminaron perjudicando a los mismos sectores vulnerables y a la clase trabajadora que dependía del transporte público y de los servicios estatales. Por ello, no hay nada que conmemorar o celebrar; no obstante, el desafío actual radica en reconducir la rabia hacia una nueva forma de hacer política basada en la gestión real, la transparencia, la probidad y el respeto para entregar la dignidad que aún no se ha alcanzado.

Patricia Molina Molina. (Concejala de Conchalí)

Desde su labor de 15 años en Conchalí y su rol como concejala, Patricia Molina vivió el estallido social del 18 de octubre de 2019 desde el territorio, compartiendo el malestar acumulado por la desigualdad, el costo de la vida y la falta de oportunidades en salud, educación y pensiones. Convencida de que el crecimiento económico carece de sentido si no se traduce en dignidad, respaldó activamente las demandas sociales y se sumó a las manifestaciones pacíficas junto a sus vecinos para exigir cambios profundos y hacer escuchar la voz de la comunidad.

Sin embargo, Molina traza una frontera categórica: el derecho a protestar pacíficamente no justifica los actos delictivos, la violencia ni la destrucción del espacio público, acciones que terminan perjudicando a las mismas familias que se busca defender. A su juicio, los eventos de 2019 dejaron la lección de que las autoridades deben mantener un diálogo permanente con la ciudadanía —sin esperar a que el malestar derive en crisis— y que las transformaciones reales se construyen mediante consensos, respeto y propuestas viables. En síntesis, reafirma que el camino hacia un Chile más justo exige combinar la búsqueda inquebrantable de la justicia social con el cuidado de la paz, la responsabilidad y la convivencia democrática.