Con motivo de la conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, un fenómeno recurrente en el debate público ha sido la proliferación de centenares de artículos que advierten sobre la erosión o distorsión de la educación cívica en ese país. Resulta paradójico que una nación con raíces tan profundas en la tradición religiosa, el sacrificio, el patriotismo y el republicanismo enfrente hoy este desafío.
Al respecto, un artículo de Jacob Wolf, director del Programa de Civilización Americana en el Jack Miller Center, arroja luz sobre la naturaleza última de esta disciplina al afirmar:
“La Declaración no exige reverencia sentimental ni aprobación emocional, sino juicio y compromiso moral”.
Esta premisa vuelve evidente que es imposible disociar el aprendizaje de las instituciones democráticas, la historia nacional y los derechos y deberes ciudadanos de los valores morales y éticos que les sirven de sustento. He aquí el gran dilema de la educación cívica actual: ¿debe sostenerse en valores atemporales o en el relativismo moral?
El marco constitucional en América Latina: Entre el mandato y la realidad
En América Latina, la situación presenta tantos matices y contradicciones como su propio pasado y presente. La mayoría de las constituciones de la región recogen la exigencia de la formación ciudadana —bajo diversas denominaciones— como un mandato de la Carta Magna.
Así se evidencia en los siguientes textos constitucionales:
- México: Artículo 3º.
- Argentina: Artículo 75, inciso 19.
- Chile: Artículo 19, N° 10.
- Perú: Artículo 14.
- Ecuador: Artículo 27.
- Colombia: Su artículo pertinente mandata expresamente: “En todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la Instrucción Cívica. Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana”.
En mi país Uruguay: En su Sección II (“Derechos, Deberes y Garantías”), el artículo 71 establece que: “En todas las instituciones docentes se atenderá especialmente la formación del carácter moral y cívico de los alumnos”.
Es de notar que muchos de estos artículos fueron gestados en los períodos de transición posdictadura de los años setenta y ochenta, o en medio de procesos de paz derivados de guerras civiles internas o tiempos de la secularización.
La tensión entre laicismo, virtudes clásicas y la omisión de lo sagrado
A pesar de estos mandatos, la educación cívica contemporánea suele omitir los valores religiosos de los próceres y la importancia que estos tuvieron en la configuración de la conducta ciudadana o del civismo (término que deriva del latín civis, ciudadano, y civitas, ciudad). Esta omisión fragmenta la realidad en tres planos claramente diferenciados:
- La brecha entre la educación pública estatal y las instituciones confesionales.
- La vigencia de un laicismo radical en ciertos países, que excluye sistemáticamente los valores religiosos del debate y la formación pública.
- El confinamiento del estudio de los valores religiosos a una materia estrictamente optativa y ajena al núcleo de la ciudadanía.
Aunque el análisis de las creencias religiosas o de las virtudes heredadas de la filosofía clásica griega suela darse en otros espacios curriculares, resultaría altamente beneficioso vincular ambos ámbitos para robustecer la formación ciudadana.
La inversión de prioridades y el avance del autoritarismo
La educación actual en América Latina, en sintonía con el resto de Occidente, padece una inversión de prioridades: la formación ética y moral ha quedado relegada a un plano inferior respecto al conocimiento puramente intelectual y tecnológico. Esta carencia de un sentido profundo de respeto al prójimo y a la patria ha abonado el terreno para fenómenos como el abuso de poder, la corrupción y la violencia.
Asimismo, la debilidad intrínseca de la educación cívica en la región se estrella contra la fragilidad del sistema institucional y la falta de liderazgo ejemplar, provocando que cada vez más jóvenes se muestren proclives a apoyar regímenes autoritarios.
Balance histórico y sesgo ideológico: El aula como contradicción
Por razones históricas ancladas en los siglos XIX y XX, la cultura cívica latinoamericana priorizó la noción de democracia por sobre la de república, y la reivindicación de los derechos por encima del cumplimiento de los deberes.
A esto se suma la enorme influencia que han ejercido las corrientes socialistas durante los siglos XX y XXI en el ámbito educativo. Como consecuencia, la formación de los profesores de educación cívica posee una marcada inclinación ideológica, transformando esta disciplina en una herramienta de adoctrinamiento orientada a impugnar un supuesto “sistema opresor”.
En conclusión: La educación cívica en América Latina se ha convertido, en gran medida, en un espacio donde los alumnos se forman como contradictores de los valores fundamentales que dieron origen a las repúblicas democráticas, ignorando deliberadamente el impacto y la influencia que los valores religiosos —entendidos desde una dimensión histórica y no confesional— tuvieron en la cimentación de nuestras naciones.
Mag. Psic. Nibia Pizzo (Uruguay) | Directora de la Academia de Altos Estudios de Legado a las Américas Psicóloga. Maestría en gestión y desarrollo de proyectos de impacto social (Universidad de Salamanca). Directora de la Academia de Altos Estudios de Legado a las Américas proyecto de GPF

