“Existe un lenguaje secreto y una relación milenaria grabada en el sistema nervioso de humanos y caballos”

Mucho antes de que sostuviera un estetoscopio, de que cursara sus estudios en la Universidad Mayor o de que obtuviera posgrados internacionales en medicina equina y dirección de empresas, Diego Cárdenas Larenas ya entendía a los caballos. En su memoria familiar coincide un dato revelador: antes de aprender a leer o a escribir, Diego ya se relacionaba con ellos mediante un código mudo y perfecto.

Entre el crujido del heno y el trote suave de los potreros, los equinos no fueron para él un objeto de estudio ni un pasatiempo de infancia; fueron sus primeros maestros de vida. Hoy, como médico veterinario y socio fundador de Universo Equino, centro ecuestre y de equinoterapia ubicado en las cercanías de Camino San José de Maipo, en Las Vizcachas, esa conexión primigenia sigue intacta, guiando cada diagnóstico clínico, cada clase de equitación y cada proceso de rehabilitación física y emocional.

«Para mí, los caballos no llegaron por una decisión profesional o académica tardía; ellos ya estaban ahí cuando yo ni siquiera sabía lo que era una escuela», reflexiona el Dr. Cárdenas. «Antes de descifrar las letras en un libro, yo ya leía la postura de las orejas de un caballo, sentía su ritmo respiratorio y sabía cuándo estaba tranquilo o cuándo requería precaución. Es una impronta neurosensorial que te marca para siempre».

La conexión humano-caballo: Entre la etología y la coherencia emocional

Lejos de romantizar este vínculo sin sustento, el Dr. Cárdenas aborda la relación entre el ser humano y el equino desde una perspectiva dual: una vivencia profundamente afectiva, pero rigurosamente respaldada por la etología aplicada y la neurociencia.

Los caballos, explica el especialista, son animales de presa altamente evolucionados para la supervivencia en grupo. Su capacidad para detectar variaciones microdinámicas en el entorno los convierte en radares biológicos infalibles. No juzgan, no guardan rencor y, sobre todo, no aceptan fachadas.

«La conexión entre un ser humano y un caballo es una experiencia fantástica, pero posee explicaciones científicas fascinantes»*, señala Diego Cárdenas. *»Por un lado, los caballos leen nuestro lenguaje corporal no verbal, detectan microtensiones musculares imperceptibles para otros humanos y reaccionan a nuestra fisiología. Por otro lado, la vivencia es tan pura que la gente la experimenta como algo mágico. El caballo te obliga a habitar el presente absoluto: si finges calma exterior pero albergas ansiedad interna, el animal lo percibe y se distancia. Te exige una coherencia radical».

De este espejo viviente, enfatiza el veterinario, la sociedad contemporánea tiene lecciones urgentes que asimilar: recuperar la presencia en el «aquí y ahora», comprender que el verdadero liderazgo se erige sobre la confianza y la serenidad, jamás sobre la fuerza o el miedo y practicar la honestidad emocional.

¿Sienten los caballos las emociones humanas? El respaldo de la neurobiología

La respuesta desde la ciencia del comportamiento animal es un rotundo sí. Diversas investigaciones en neurociencia comparada han demostrado que los caballos no solo perciben los estados emocionales humanos, sino que los procesan y reaccionan fisiológicamente ante ellos.

Por una parte, poseen una notable capacidad de lectura facial y corporal. Experimentos etológicos recientes confirman que los caballos diferencian expresiones humanas de alegría o ira, ajustando su conducta e incluso elevando su frecuencia cardíaca al registrar rostros amenazantes.

Por otra parte, opera el fenómeno de la “coherencia cardíaca y la sincronización autonómica”. El campo electromagnético generado por el corazón humano, ampliamente superior al del cerebro, es percibido por el sensible sistema nervioso del caballo. Debido a su alta receptividad neurosensorial, el sistema nervioso autónomo del equino tiende a acoplarse con el ritmo cardíaco de la persona a su lado: si el ser humano regula su respiración y reduce voluntariamente su estrés, el caballo responde disminuyendo sus propias pulsaciones.

Los tres pilares científicos de una alianza milenaria

El Dr. Cárdenas explica que esta sintonía no es magia en sentido estricto, sino el resultado de tres pilares biológicos y evolutivos fundamentales:

  1. Coevolución histórica (más de 6.000 años): «Los caballos y los seres humanos hemos caminado juntos en la agricultura, el transporte, la exploración y la guerra»*, indica el director de *Universo Equino*. *»Esta convivencia prolongada ejerció una presión de selección evolutiva hacia individuos equinos más tolerantes, cooperativos y genéticamente predispuestos a sintonizar con la psicología humana»*.
  2. Neuronas espejo y comunicación no verbal: “Al ser mamíferos gregarios de estructura social compleja, los caballos cuentan con redes neuronales altamente desarrolladas para interpretar la intención del otro. Dado que los humanos también dependemos del lenguaje no verbal inconsciente, ambos canales de comunicación se entrelazan de forma intuitiva.
  3. El principio del «Bio-espejo» en la terapia:»El caballo actúa como un biofeedback instantáneo»*, expone Cárdenas. *»Si un paciente con ansiedad o un niño dentro del espectro autista se aproxima con temor interno oculto tras una postura de falsa valentía, el caballo reaccionará apartándose o mostrando inquietud. El paciente comprende de inmediato que no puede engañar al animal. Cuando logra regular su respiración, relajar el tono muscular y calmar su mente, el caballo se acerca, valida su cambio emocional y le otorga una aceptación incondicional. Ese es el corazón neurobiológico de la equinoterapia»*.

 Sanar desde la silla: El poder transformador de la equinoterapia

Ese conocimiento de la psicología animal alcanza su máxima expresión clínica en los programas desarrollados en Las Vizcachas, donde la equitación tradicional convive con abordajes terapéuticos multidisciplinarios.

«En la equinoterapia e hipoterapia ocurre un fenómeno que ningún consultorio tradicional puede replicar por sí solo», detalla el Dr. Cárdenas. «Cuando un paciente con compromiso motor, trastornos del neurodesarrollo o secuelas emocionales interactúa con el caballo, el animal no ve una patología ni un diagnóstico; ve a un individuo con quien entablar un vínculo de respeto. El estímulo neuromotor del tranco equino devuelve estabilidad, tono, confianza y contención. Ver a un niño con severas limitaciones de comunicación sonreír y autoregular su sistema nervioso al ritmo del caballo es algo que conmueve y valida toda una vida dedicada a esta profesión».

  Un puente hacia lo esencial

En una época caracterizada por la hiperconexión digital y el distanciamiento afectivo, la propuesta del Dr. Diego Cárdenas Larenas desde la precordillera de Puente Alto y Pirque constituye un llamado a la reconexión. Nos recuerda que la tecnología más eficaz para sanar y reencontrar la propia naturaleza lleva milenios caminando a nuestro lado, respirando a nuestro ritmo y esperando que aprendamos, finalmente, a hablar su mismo idioma.