En tiempos donde todo parece cambiar tan rápido, resulta fácil pensar que algunas cosas han quedado atrás. Las modas cambian, las tendencias van y vienen, la tecnología avanza y la sociedad se transforma constantemente, sin embargo, hay una realidad que sigue atravesando generaciones, culturas y épocas: la presencia de Dios.

Aunque muchas veces no creemos…porque no vemos, basta observar con atención para descubrir que Dios, continúa presente de formas sencillas, pero profundas, no siempre donde todos esperan encontrarlo, sino muchas veces en la vida cotidiana, en las personas comunes y en esos pequeños gestos que siguen haciendo la diferencia, vivimos en una época que corre a gran velocidad, las personas persiguen metas, buscan respuestas y enfrentan desafíos cada día, sin embargo, en medio de todo ese movimiento, Dios sigue manifestándose de maneras que no necesita grandes escenarios para ser reconocido, se le puede encontrar en la persona que ayuda sin hacer ruido, en quien comparte lo que tiene aunque no le sobre mucho, en la madre que no deja de luchar por sus hijos, en el vecino que ofrece apoyo cuando alguien atraviesa un momento difícil, en quien decide perdonar cuando tendría razones para guardar resentimiento y en quienes siguen creyendo que el amor vale más que el egoísmo y que la bondad sigue teniendo sentido, incluso cuando pareciera ir contra la corriente.

Dios no está encerrado entre cuatro paredes, su presencia no se limita a un edificio, a una ceremonia o a un horario determinado, se manifiesta en las calles, en los lugares de trabajo, en los hogares, en las escuelas, en las conversaciones sinceras y en esos encuentros que parecen simples, pero que terminan cambiando el rumbo de un día o incluso de una vida, a veces la presencia de Dios no llega acompañada de grandes señales, muchas veces aparece en forma de una sonrisa que trae alivio, una palabra de ánimo que llega justo a tiempo, una amistad inesperada, una puerta que se abre cuando parecía cerrada o esa paz difícil de explicar que aparece en medio de circunstancias complejas, quizás uno de los mayores desafíos de la sociedad moderna es que el ruido constante hace difícil reconocer esas pequeñas manifestaciones de Dios, se vive rodeado de información, opiniones, notificaciones y exigencias, todo compite por llamar la atención, sin embargo, Dios sigue hablando de maneras sencillas, porque nunca ha necesitado hacer ruido para hacerse presente, mientras algunos sostienen que la fe ha perdido importancia, la realidad muestra algo diferente, siguen existiendo personas que deciden confiar en lugar de amargarse, personas que se levantan cada mañana creyendo que Dios tiene un propósito para sus vidas, personas que entienden que cada día es una oportunidad para aprender, servir, amar y crecer, personas que han descubierto que la fe no es una carga, sino un regalo.

En una cultura que muchas veces premia la apariencia, Dios sigue recordando el valor de la autenticidad en una época que se promueve la competencia constante, Dios sigue inspirando la colaboración, donde algunos levantan muros, Él sigue moviendo corazones para construir puentes. Se habla mucho de libertad, de éxito y de realización personal, sin embargo, pocas veces se habla de la tranquilidad que produce caminar de la mano de Dios, no se trata de una vida perfecta ni libre de dificultades, los desafíos siguen existiendo para todos, la diferencia está en que su presencia permite atravesarlos con esperanza, con confianza y con la certeza de que ninguna situación tiene la última palabra, quizás por eso Dios sigue escribiendo historias todos los días, sigue tocando corazones, sigue levantando personas después de las caídas, sigue restaurando relaciones, sigue sembrando esperanza donde parecía no quedar nada y sigue recordando que la vida es mucho más que cumplir metas, acumular bienes o alcanzar reconocimiento.

Las tendencias cambian, las modas pasan, lo que hoy parece indispensable mañana puede quedar olvidado, las generaciones cambian y las circunstancias nunca permanecen iguales, sin embargo, Dios sigue siendo el mismo: cercano, fiel y presente, mientras todo cambia, Él permanece, mientras las opiniones se transforman, Él permanece, mientras el mundo redefine constantemente lo que considera importante, Dios sigue recordando verdades que nunca pierden valor: la importancia del amor, la compasión, la misericordia, la generosidad y la esperanza, por eso, más que preguntarse si Dios sigue presente en la sociedad, quizás la pregunta correcta sea si todavía existe disposición para reconocer su presencia en medio de la vida cotidiana, porque Dios sigue caminando entre nosotros, no siempre donde el mundo espera encontrarlo, sino muchas veces en lo cotidiano, en lo sencillo y en lo genuino, porque Dios sigue caminando entre nosotros, sigue  inspirando a quienes no se cansan de hacer el bien, sigue levantando a quienes han perdido las fuerzas y sigue recordando que la vida tiene un propósito mucho más profundo de lo que muchas veces se alcanza a ver y mientras exista una persona dispuesta a amar, servir, perdonar o tender una mano al que lo necesita, siempre habrá evidencia de que Dios sigue presente en medio de la sociedad.

Claudia Oyarce Cortés/ Diseñadora de Vestuario/ Cristiana