Hablar de Andrés Tagle Galilea es hablar de resiliencia pura, pasión sin límites y una capacidad mental y física que desafía los límites de lo ordinario. Consolidado de manera indiscutida como el rey del ultraciclismo y referente absoluto del gravel en Chile, Andrés ha transformado el sufrimiento sobre los pedales en una auténtica obra de arte. Con múltiples triunfos históricos en competencias tan brutales y hermosas como el Across Andes en plena Patagonia, no solo nos enseña lo que significa pedalear cientos de kilómetros contra la fatiga, el clima y la soledad, sino que eleva el nombre de nuestro país a lo más alto de las grandes gestas de resistencia mundial. Su disciplina y entrega constante representan una inspiración viva para toda una generación de deportistas.

El ultraciclismo y el gravel exigen un nivel de fortaleza mental incalculable que va mucho más allá del entrenamiento físico. Mirando atrás en tu exitosa carrera y en tus múltiples consagraciones en escenarios tan desafiantes como el Across Andes, ¿cuál ha sido el momento más duro en el que tu mente te pidió parar, y qué factor interno te impulsó a seguir pedaleando hacia la victoria?

En el ultraciclismo la mente te pide parar muchas veces en una misma carrera, y ese es para mí el punto más difícil de este deporte. Porque cuando la cabeza habla, casi siempre agranda todo, lo hace ver más exagerado de lo que realmente es. Y caer en esa trampa es muy fácil.

Uno de los momentos más duros que recuerdo fue en la Patagonia el 2023. El clima estaba realmente adverso. Pasé el Queulat con varios grados bajo cero, con agua nieve, con horas y horas de lluvia encima sin parar. Al llegar a La Junta decido parar a reordenar la carrera, porque el clima había complicado todo mucho más de lo esperado. Me detengo en el retén de Carabineros.

Ahí me dan una información que me marcó: Rob Britton, uno de los mejores ultraciclistas del momento, ganador de carreras como Badlands y Unbound XL, había tenido que retirarse por el frío justo en el Queulat. Hasta ese momento yo iba unos 10 minutos detrás de él. Reviso el teléfono y tenía un mensaje de Mariano, el organizador, pidiéndome que me refugiara porque el clima estaba muy hostil.

En ese minuto la mente me pedía a gritos quedarme un par de horas ahí, secar la ropa, calentar el cuerpo. Era un momento fácil para hacerle caso a la mente, porque después del retiro de Britton yo pasaba a quedar en el primer lugar con algo de ventaja. Había espacio de sobra para hacerle caso a la cabeza y quedarme ahí.

Pero fue justo ahí cuando las ganas de ganar le ganaron a la cabeza. Pensé: es ahora o nunca. Salí del retén con un diluvio encima y un frío que jamás voy a olvidar, camino a Lago Verde, sabiendo que la temperatura solo iba a seguir bajando.

A lo largo de los años te has consolidado como el máximo referente del gravel nacional, adaptándote a rutas extremas y convirtiendo cada competencia en una clase magistral de estrategia y resistencia. ¿Cómo evalúas la evolución de tu propio método de entrenamiento y madurez deportiva desde tus inicios hasta convertirte en el dominador indiscutido de la disciplina?

La verdad es que no ando pensando si soy o no el máximo referente del gravel o el ultraciclismo. Hoy estoy más preocupado de disfrutar lo que me gusta, y como con todo lo que hago en mi vida, trato de hacerlo lo mejor posible.

Los últimos años he tenido muy buenos resultados, pero esto no nace ahí. Viene desde hace muchos años, solo que recién ahora se están viendo. Llevo mucho tiempo corriendo carreras de aventura, esas carreras largas donde pasas horas sin dormir y el cuerpo llega a límites que uno no conocía. Pasé por el trail running, el triatlón, hasta llegar al gravel y al ultraciclismo. Cada una de esas disciplinas te va dejando aprendizaje y experiencia para enfrentar algo que, al final, es tan mental como físico.

Y este camino no lo he recorrido solo. Cuando partí en carreras de aventura y trail running entrenaba con Gabriel Iriondo, de Route. Fue una etapa donde aprendí muchísimo y conocí a fondo el deporte aventura. En esa etapa empezamos a correr con Andrés Miller, que ha sido un tremendo profesor y un gran amigo hasta hoy.

Después pasé al triatlón, entrenando en +Performance con Roberto Barrientos. Ahí fue otra gran escuela: empecé a meterme más en los números, los watts, el pulso. Mientras entrenaba triatlón, empecé también con Renzo Corini, de Ironcycling, que hasta el día de hoy es mi entrenador. Renzo ha sido una pieza clave en todo esto. Es el experto, y confío ciento por ciento en sus entrenamientos y en cómo llegamos a las carreras para rendir bien. Conversamos mucho de los números, del planteamiento de la carrera, de la hidratación y la nutrición. Esa confianza en que la pega está bien hecha es la que te para en la partida con otra mentalidad.

El ultraciclismo lo empecé corriendo en duplas con Canuto Errázuriz, un gran corredor de carreras endurance. Con él fui aprendiendo de planificación y de cómo enfrentar los distintos problemas que te va poniendo la carrera. Correr en equipo con Andrés y con Canuto me dio la madurez que hoy me permite enfrentar las carreras en solitario.

Pero como he dicho muchas veces: yo voy solo en la carrera, pero detrás de eso hay mucha gente. Está la Lore, mi señora. Están mis niños: Marito, Elena y Dominga. Está la Mirta. Está la Amy, mi entrenadora de preparación física. Toda esa gente es la que me prepara para poder ir a darlo todo.

Si tengo que nombrar mi gran virtud hoy, no es el talento ni ser el mejor. Es haber cumplido al pie de la letra la estrategia y la planificación. Porque estoy lejos de ser el mejor ultraciclista.

El panorama del ultraciclismo y el gravel evoluciona con pasos agigantados a nivel global. Mirando hacia el horizonte, ¿cuáles son los próximos grandes sueños, rutas o desafíos internacionales que quitas el sueño conquistar en esta siguiente etapa de tu carrera deportiva?

Mi próximo gran objetivo, el que hoy me tiene la cabeza puesta, es el Across Andes 2026, edición Volcán en Pucón: casi 800 kilómetros y más de 12.000 metros de desnivel. Voy a la que sería mi séptima largada consecutiva, buscando revalidar el título después de haber ganado en 2023, 2024 y 2025. Y eso, lejos de sentirse más fácil, cada año exige más: llegar con un plan más fino, más trabajado, porque los rivales también mejoran y el nivel del pelotón sube.

Más allá de eso, sí tengo la mirada puesta en salir de Chile y medirme en carreras internacionales de este circuito: rutas como Badlands en España o Unbound XL en Estados Unidos, que son referentes mundiales del gravel y el ultraciclismo, donde corren algunos de los mejores ciclistas del planeta. No lo veo como el siguiente peldaño natural ni nada por el estilo, sino más bien como la forma de realmente saber en qué nivel estamos parados cuando salimos a correr fuera de nuestro país, contra ese nivel internacional.

Y de todas maneras, sin perder de vista que el Across Andes es considerada una de las carreras más importantes del ultraciclismo a nivel mundial. No es que este objetivo quede atrás por mirar hacia afuera; sigue siendo, hoy por hoy, uno de los desafíos más exigentes y respetados del calendario internacional.

Si analizamos el contexto actual del deporte chileno, disciplinas de alta resistencia y aventura como las que practicas han ganado un espacio notable, pero a menudo desde el esfuerzo autogestionado. Desde tu perspectiva y experiencia, ¿cómo ves el desarrollo, el apoyo y la proyección de estas disciplinas de nicho en Chile, y qué le falta a nuestro país para potenciar con mayor fuerza a sus talentos de resistencia?

Hoy las carreras de aventura, que fue donde yo partí, han perdido mucho terreno en Chile. Hay pocas marcas interesadas en auspiciar las carreras, a los equipos o a los propios corredores, y esta disciplina ha ido claramente a la baja. Es una pena, porque no es solo un gran deporte: las carreras de aventura son muy completas incluso para la vida misma, para el trabajo en equipo y todo lo que eso significa.

El ultraciclismo y el gravel, en cambio, van para el lado contrario, principalmente porque cada vez hay más corredores amateurs inscribiéndose en las carreras. Pero el apoyo de empresas o marcas hacia los organizadores o los propios corredores sigue siendo escaso, y eso hace muy difícil poder proyectarse en este tipo de deportes.

Tenemos un país privilegiado para desarrollar estas disciplinas: geografía, paisajes, rutas que en otras partes del mundo pagarían por tener. Pero llegamos hasta ahí, porque no se está dispuesto a invertir ni en las carreras ni en los corredores. Es frustrante saber que en Chile hay nivel para ir a pelear algo interesante afuera, y al mismo tiempo saber que no contamos con ese respaldo. Las marcas hoy, en general, quieren entregar solo productos a cambio de publicaciones, y eso para un corredor realmente dedicado no funciona: tienes que estar enfocado en entrenar y hacer bien lo tuyo, no pendiente de las redes sociales.

En mi caso particular, ese modelo sí puede ser una opción, porque yo trabajo, tengo familia, no estoy dedicado cien por ciento a esto, y tengo marcas que me apoyan, cosa que agradezco muchísimo. Pero me encantaría poder contar con financiamiento real para salir a competir afuera. Y pensando en los que vienen atrás, en los que si quieren dedicarse completamente a esto, ahí es donde más se nota la falta: sin ese apoyo, es muy difícil que el talento que existe en Chile llegue a mostrarse en el nivel internacional que merece.