En la era de la hiperconectividad, las plataformas digitales han dejado de ser meros espacios de entretenimiento para convertirse en auténticas trincheras de transformación social y opinión. Pocos creadores han sabido entender este fenómeno con tanta profundidad como Marcelo Prado. Su trayectoria en el ecosistema digital destaca no solo por la constancia y la calidad de su realización en redes sociales, sino por una valentía inquebrantable: la capacidad de poner sobre la mesa los temas que verdaderamente importan, aquellos que incomodan, que generan debate y que impulsan a su comunidad a pensar de manera crítica. A través de su contenido, Marcelo ha demostrado que el verdadero poder de un influencer no reside en los números de una pantalla, sino en la responsabilidad de abrir conversaciones necesarias. A continuación, presentamos las preguntas clave diseñadas para este encuentro digital.

Marcelo, a lo largo de este tiempo has construido una comunidad sólida, posicionándote como una voz influyente que no le teme a la profundidad ni a debatir sobre asuntos complejos. Mirando en retrospectiva, ¿Cómo dirías que el hecho de exponerte y liderar estas conversaciones transformó tu vida personal y tu manera de ver el mundo?

Creo que lo que más me cambió fue entender que cuando uno se expone en redes tiene que estar dispuesto a recibir de todo. Hay gente que piensa como tú, gente que piensa completamente distinto y gente que simplemente te va a pegar porque sí.

Con respecto a esto último, he tenido demasiada suerte. Te podría contar con los dedos de una mano los haters que he recibido y hasta me da risa, porque generalmente la misma comunidad se encarga de bajarlos a tierra. Y digo “la comunidad”, no “MI comunidad”, porque no es mía. Hoy pueden estar contigo y mañana se pueden ir con otra persona, y eso lo tengo súper claro.

También entendí algo que para mí es muy importante: yo no necesito que la gente piense como yo. De hecho, me gusta cuando se genera discusión y aparecen puntos de vista distintos, porque muchas veces uno también aprende de eso y hasta puede darse cuenta de que estaba equivocado.

Es algo que también aplico en la pega. Siempre les digo a los muchachos de desarrollo: “Yo no soy el dueño de la verdad”. Los puedo orientar para bien o para mal, pero muchas veces ellos mismos encuentran soluciones mejores que las que yo habría propuesto, y yo aprendo de ellos. Creo que en las redes pasa exactamente lo mismo.

En lo personal, las redes me cambiaron bastante. Pasé de ser un tipo común y corriente que daba su opinión a estar dentro de una comunidad grande, donde lo que dices puede llegar a mucha gente. Eso obviamente te obliga a ser más responsable, pero sin dejar de ser tú mismo, porque el día que empiece a decir cosas solamente para caer bien o conseguir likes, creo que todo esto pierde el sentido.

Y es tanta la responsabilidad que siento, que ahora me cuido muchísimo más de lo que digo y de lo que hago. No es que antes no lo hiciera, pero hoy soy mucho más riguroso, porque sé que hay mucha más gente mirando.

Al final sigo siendo el mismo tipo de siempre 😂, solamente que ahora hay bastante más gente opinando sobre las cosas que digo. Y aunque a veces eso puede ser pesado, también me ha permitido conocer realidades, historias y formas de pensar que probablemente nunca habría conocido fuera de las redes.

Y quizás una de las cosas que más me ha impactado tiene que ver con mis hijos. Por ejemplo, cuando hago esos videos cómicos con mi hija, donde aparezco como el “papá pesado”, entre todos los comentarios de gente que se ríe aparecen algunos que dicen algo tan simple como: “¿Qué se siente tener papá?”

Esa frase te pega.

Porque tú estás haciendo un video para reírte un rato con tu hija y de repente te das cuenta de que al otro lado hay alguien mirando esa relación desde una realidad completamente distinta.

Y creo que ahí también hay algo especial en lo que se ha generado en mis redes. No somos tantos los hombres de mi edad exponiéndonos de esta manera y menos aún mostrando la relación con nuestros hijos. Y en una etapa donde supuestamente los hijos sienten vergüenza de aparecer con sus papás 😂, los míos han querido participar, se ríen conmigo y han terminado siendo parte de todo esto.

Eso probablemente es de las cosas más bonitas que me han dado las redes: descubrir que algo absolutamente cotidiano para mí, como huevear con mis hijos, para otra persona puede significar mucho más de lo que uno imagina.

Cuando se asume el compromiso de visibilizar temáticas de alto impacto social, el camino suele estar lleno de desafíos y momentos de inflexión. Poniendo la mirada en el pasado reciente, ¿cuál ha sido el aprendizaje más duro o el momento más revelador que te ha dejado esta travesía en el mundo digital?

Creo que el aprendizaje más duro ha sido entender que en redes sociales muchas veces da lo mismo lo que quisiste decir, porque la gente va a interpretar lo que dijiste desde su propia historia, sus experiencias y también sus prejuicios.

Al principio eso me costaba mucho. Cuando alguien entendía algo completamente distinto a lo que yo había querido transmitir, sentía la necesidad de explicarme, de responder, de demostrar que no era eso. Con el tiempo aprendí que es imposible. No puedes explicarte con todo el mundo ni tampoco puedes pretender caerle bien a todos.

Y quizás lo más revelador fue darme cuenta del poder que puede tener algo tan simple como contar una historia. Muchas veces uno publica un video pensando que está contando una experiencia personal y empiezan a aparecer muchas personas diciendo “a mí me pasó exactamente lo mismo”. cuando cuento mis experiencias generalmente, el 99%, son cosas simpáticas que me pasaron, por ende tampoco me voy a deprimir con las respuestas, jajajaja, al contrario me rio mucho y disfruto contestando.

Eso también me hizo ser bastante más consciente de la responsabilidad que uno tiene cuando posee una comunidad grande. Yo sigo diciendo lo que pienso y no quiero perder nunca eso, pero hoy entiendo mucho mejor que detrás de cada número, cada comentario y cada reproducción hay una persona, a veces me comprometo demasiado, veo un reel de una persona con algún problema y lo hago casi mío, de hecho, cuando estuve cesante como 7 meses fue cuando mas veces aporté cuando se me pedía.

Y probablemente el aprendizaje más importante ha sido ese: las redes pueden ser una mierda algunas veces 😂, pero bien utilizadas también son una herramienta tremendamente poderosa para hacer visible algo que antes nadie estaba mirando.

El entorno digital evoluciona a un ritmo vertiginoso, al igual que las inquietudes de las nuevas audiencias. Pensando en el mediano y largo plazo, ¿hacia dónde crees que debe dirigirse el activismo y la creación de contenido con propósito en los próximos años?

Creo que el gran desafío va a ser volver a lo auténtico. Hoy tenemos algoritmos, inteligencia artificial y herramientas capaces de generar contenido impresionante en segundos, pero justamente por eso creo que cada vez va a tener más valor saber que detrás de lo que estás viendo hay una persona de verdad, con una historia y con algo que decir.

En cuanto al activismo, creo que también tiene que evolucionar. No puede quedarse solamente en indignarse, hacer una publicación y esperar los aplausos de la gente que ya piensa igual que tú. Si queremos provocar algún cambio, tenemos que ser capaces de conversar también con el que piensa distinto. Para mí eso es mucho más difícil, pero también mucho más útil.

Y hay otra cosa que me preocupa: que terminemos creando contenido pensando más en el algoritmo que en las personas. Si todos empezamos a decir lo que sabemos que funciona, lo que genera clics o lo que nos asegura un viral, al final terminamos todos haciendo la misma hueá 😂.

Yo espero que el contenido con propósito vaya justamente para el otro lado: menos personajes perfectos, menos discursos preparados y más personas reales contando cosas reales. Incluso equivocándose. Porque uno puede cambiar de opinión, puede aprender y puede decir “sabís qué, estaba equivocado”, y no debería pasar nada.

La tecnología va a cambiar muchísimo en los próximos años, pero creo que lo que nunca debería cambiar es eso: que al otro lado de la pantalla hay seres humanos hablando con otros seres humanos. Si perdemos eso, podemos tener toda la tecnología del mundo, pero vamos a haber perdido lo más importante.

Finalmente, Marcelo, si proyectamos tu trabajo y tu influencia hacia el futuro, ¿cuál es el principal legado que te gustaría dejar en las personas que consumen tu contenido y qué proyectos o sueños te quedan por cumplir en este espacio?

Si algún día dejo de hacer contenido, me gustaría que quedara algo bastante simple: haberle servido a alguien.

No me interesa mucho que el día de mañana alguien diga “Marcelo tenía tantos seguidores” o “este video tuvo tantos millones de visitas”. Los números son entretenidos y obviamente uno disfruta cuando algo resulta, pero finalmente son números.

Me gustaría mucho más que alguien dijera: “Este hueón una vez contó algo que me sirvió”, “me hizo pensar distinto”, “me hizo reír cuando lo necesitaba” o incluso “no estaba de acuerdo con él, pero me hizo cuestionarme algo”. Para mí ese sería un legado mucho más bonito.

Y sueños me quedan un montón. Quiero seguir haciendo crecer lo que hago, probar formatos nuevos y especialmente seguir contando historias. Historias de tecnología, de la pega, de la vida, de las cagadas que uno se ha mandado y también de las cosas que uno ha aprendido después de tantos años. Porque al final uno descubre que las historias más simples muchas veces son las que más conectan.

Tampoco tengo ese sueño de convertirme en una especie de personaje famoso. Quiero seguir siendo Marcelo, poder prender una cámara, contar lo que pienso y que al otro lado haya alguien dispuesto a escuchar, conversar, reírse o discutir conmigo.

Y si puedo hacer eso durante muchos años más y además dejar algo positivo en algunas personas, para mí ya sería tremendo.

Aunque bueno… todavía no renuncio completamente a convertirme en el Steve Jobs chileno. Llegué tarde, pero todavía hay tiempo. 😂