A veces, la vida te obliga a parar en seco para enseñarte a mirar las cosas de otra manera. Eso fue exactamente lo que me ocurrió en abril de 2025. Tras romperme un hueso, me encontré con un tiempo de inactividad forzada que se convirtió en el escenario perfecto para reflexionar y replantearme el rumbo. Fue en ese momento de pausa cuando decidí transformar por completo mis proyectos digitales y lanzar mis canales de Instagram y YouTube enfocados al 100% en los viajes, la cultura y las rutas. Descubrí que salir de la rutina y explorar son mis mayores fuentes de inspiración, y que el verdadero viaje no se mide en kilómetros, sino en la curiosidad con la que nos enfrentamos a lo que nos rodea.
A partir de ahí, entendí que existe una narrativa un tanto injusta en el mundo del turismo: la idea de que “viajar” solo cuenta si implica cruzar el planeta o gastar una fortuna. Tendemos a valorar más lo ajeno y lo lejano, desestimando la increíble riqueza cultural e histórica que nos espera a la vuelta de la esquina. Para mí, la clave está en democratizar el viaje. No todos los bolsillos se pueden permitir grandes travesías a todas partes, y condicionar la experiencia de descubrir el mundo al presupuesto es un gran error.
Una escapada maravillosa y llena de aprendizaje puede ocurrir perfectamente en el pueblo de al lado. Cada rincón vecino alberga una arquitectura por comprender, tradiciones por descubrir y una historia local que merece ser escuchada. El mismo respeto y la misma fascinación que sentimos al caminar por una gran capital internacional deberíamos aplicarlos al recorrer las calles de nuestra propia región. Hay que visitarlo todo, valorarlo todo y, sobre todo, aprender de todo.
Por supuesto, explorar el exterior nos transforma de formas preciosas. El pasado mes de noviembre tuve la oportunidad de pasar casi una semana en Oporto, Portugal. Fue una experiencia increíblemente inmersiva; me cautivó la melancolía de sus calles en otoño, la majestuosidad de su arquitectura y, por supuesto, la riqueza de su comida tradicional. Simplemente dejándome llevar por el ritmo de la ciudad y su día a día, me descubrí a mí misma integrando palabras en portugués de manera completamente natural. Ese es el gran regalo de viajar: la flexibilidad mental y el aprendizaje constante que te llevas a casa.
Hoy en día, mi propósito a través de mis vídeos y mis textos es fusionar todas mis facetas. Utilizo las herramientas del marketing y la publicidad para crear un contenido de lifestyle y viajes que conecte de forma honesta con mi comunidad, visibilizando la belleza de lo cotidiano y apoyándome en la sensibilidad analítica que me otorgó la historia del arte. Esta filosofía de vida me acompaña también en mi faceta literaria, de hecho, en mi cuento infantil El Bebé Sapito, plasmo precisamente esta idea a través de un pequeño personaje que sale al exterior para explorar el mundo, descubrir su entorno y aprender a gestionar sus propias emociones. Al final, escribir y comunicar son dos formas de una misma búsqueda, sin importar la edad del lector.
Les invito a romper con el mito del destino idílico lejano y a empezar a disfrutar de lo que tenemos cerca. La aventura no empieza en la puerta de un aeropuerto, sino en la apertura de nuestra propia mente hacia lo desconocido, ya esté a miles de kilómetros o a tan solo unos pasos de casa.

