El fantasma de un conflicto a gran escala en Medio Oriente ha regresado con su máxima fuerza. En una drástica y peligrosa escalada que deja la tregua firmada en abril al borde del colapso absoluto, la Guardia Revolucionaria de Irán lanzó este miércoles un masivo ataque coordinado con misiles de largo alcance y drones kamikaze contra bases militares de Estados Unidos en Jordania, Kuwait y Bahrein.
El bombardeo es la respuesta directa de Teherán a los ataques aéreos que el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó horas antes sobre posiciones de defensa costera iraníes en el estrecho de Ormuz, ejecutados tras el derribo de un helicóptero Apache del Ejército de EE.UU. por un dron iraní a principios de esta semana.
La fulminante cadena de represalias mutuas ha destruido meses de frágiles esfuerzos diplomáticos y amenaza con reactivar la guerra que comenzó el pasado 28 de febrero.
“La era de la contención ha terminado. Las Fuerzas Armadas poderosas de Irán no dejarán ningún ataque o amenaza sin respuesta. El terreno más seguro para las fuerzas extranjeras es abandonar la región”, advirtió el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi.
Por su parte, el presidente Trump utilizó sus redes sociales para lanzar una dura advertencia, asegurando que Irán “pagará el precio” por romper la estabilidad. “Han tardado demasiado en negociar un acuerdo que habría sido fantástico para ellos. El matón de Medio Oriente está muerto”, sentenció el mandatario, sugiriendo que las operaciones militares estadounidenses podrían continuar en las próximas horas.
Una noche de fuego bajo fuego cruzado
El ataque iraní apuntó al corazón de la infraestructura militar de Washington en la región. Según fuentes oficiales en Teherán, los proyectiles impactaron directamente en la base aérea de Al-Azraq en Jordania —apuntando a los hangares de los cazas furtivos F-35 y al centro de comando central—, así como en instalaciones estratégicas en Bahrein (sede de la Quinta Flota de la Armada de EE.UU.) y Kuwait.
Las defensas antiaéreas de los países aliados se activaron de emergencia en la madrugada:
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Jordania reportó la intercepción exitosa de al menos cinco misiles sobre su territorio.
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Kuwait y Bahrein confirmaron haber neutralizado múltiples “objetivos hostiles” en sus perímetros.
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Evaluación del Pentágono: Fuentes de Defensa de EE.UU. indicaron que las evaluaciones iniciales muestran que casi la totalidad de las amenazas fueron interceptadas y que, hasta el momento, no se registran bajas fatales entre el personal estadounidense ni daños críticos en las bases.
El colapso del acuerdo de paz
La tregua indefinida que se había alcanzado con la mediación de Pakistán para reabrir el estrecho de Ormuz y frenar los bombardeos ha quedado prácticamente en letra muerta. La diplomacia internacional observa con horror cómo la violencia se ha vuelto a salir de control, arrastrando también al sur del Líbano, donde los combates entre Israel y Hezbollah no han cesado.
Con los mercados energéticos globales en alerta y el precio del petróleo reaccionando al alza, la Cancillería de Irán ya anunció que “reevaluará” por completo su participación en las mesas de negociación diplomática debido a lo que calificaron como “reiteradas violaciones” por parte de la Casa Blanca. Medio Oriente queda suspendido en un hilo, a las puertas de una guerra abierta cuyas consecuencias globales son impredecibles.
