Un escenario de profunda incertidumbre y alta tensión social mantiene en vilo a todo el Perú. Con el 98,25% de las actas escrutadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, sostiene una brecha mínima e histórica de poco más de 1.300 votos sobre el aspirante de izquierda, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú).
Esta diferencia insignificante, que representa apenas el 0,006% del total de la votación en esta segunda vuelta, ha encendido las alarmas en los sectores políticos, económicos y ciudadanos ante el temor de una inminente crisis de gobernabilidad, impugnaciones masivas y el traslado de la disputa electoral a las calles.
Un país fracturado al límite
El avance del conteo oficial ha confirmado la polarización absoluta del electorado peruano. Mientras que los votos procedentes del extranjero le han permitido a Fujimori recuperar una ventaja milimétrica en el último tramo del recuento, el fuerte respaldo rural e interior del país mantiene a Sánchez pisándole los talones.
A falta de procesar las últimas actas y resolver cientos de observaciones, las proyecciones estadísticas reflejan un empate técnico matemático que hace imposible declarar un ganador indiscutible en el corto plazo.
Incertidumbre en las calles y los tribunales
La principal fuente de preocupación radica en los días venideros. Voceros de la justicia electoral ya han advertido que el escrutinio definitivo y la revisión exhaustiva de las actas impugnadas —que contienen miles de votos determinantes— podría prolongarse por semanas, extendiéndose potencialmente hasta inicios de julio.
Clima de tensión: Desde el comando de Juntos por el Perú ya se han anunciado movilizaciones a nivel nacional en defensa de lo que consideran la “voluntad popular”, mientras que Fuerza Popular apela a la revisión minuciosa de cada mesa.
El fantasma de la inestabilidad política que ha marcado la última década en el país reaparece con fuerza. Con un margen tan estrecho, el próximo mandatario (para el periodo 2026-2031) asumirá el poder sin un mandato claro y con la difícil tarea de gobernar una nación profundamente fragmentada.
