En el balance de las grandes crisis nacionales, solemos hablar de inflación, seguridad y salud. Sin embargo, hay una tragedia que ocurre en silencio, lejos de las cámaras, pero con un impacto mucho más profundo y permanente: la deserción escolar. En este 2026, Chile se enfrenta a un escenario donde miles de niños y jóvenes han “desaparecido” del sistema educativo, no por falta de capacidad, sino porque el Estado y la sociedad les han fallado sistemáticamente.

El Efecto Cicatriz del Post-Pandemia

Lo que inicialmente se vio como un bache tras la crisis sanitaria, hoy se ha consolidado como una brecha estructural. Miles de estudiantes que perdieron el vínculo con sus escuelas entre 2020 y 2023 nunca regresaron. Lo alarmante es que la deserción ya no solo afecta a los sectores más vulnerables de la periferia santiaguina; se ha extendido a regiones y a sectores de clase media, donde la crisis económica y la falta de sentido del sistema educativo actual están empujando a los jóvenes fuera de las aulas.

Seguridad y Deserción: El Círculo Vicioso

No podemos analizar la deserción escolar aislada del clima de inseguridad que vive el país. En barrios tomados por el narcotráfico y el crimen organizado, la escuela ha dejado de ser percibida como un lugar seguro o como el camino para el ascenso social. Para un joven en riesgo, el “dinero fácil” del mundo delictual suele parecer más atractivo que una educación que le ofrece resultados en 10 o 15 años.

Bajo la actual administración de José Antonio Kast, la agenda de “Aula Segura” ha intentado recuperar el orden en los liceos emblemáticos, pero el desafío de la deserción requiere más que disciplina: requiere revinculación. Expulsar a un estudiante violento puede traer orden al salón hoy, pero si no hay un sistema que recoja a ese joven, lo estamos entregando directamente a las redes delictivas.

Un Sistema Anacrónico

La deserción es también una crítica feroz a la relevancia de lo que enseñamos. El modelo educativo chileno sigue centrado en una estructura del siglo XX para ciudadanos del siglo XXI. Cuando un estudiante de educación media no ve la utilidad práctica de lo que estudia para su vida laboral o personal, el abandono es solo cuestión de tiempo. La falta de inversión en educación técnica-profesional de calidad y en programas de salud mental escolar ha dejado a los docentes solos en una batalla que no pueden ganar solo con vocación.

Por laconexi