Cómo la inmigración está diversificando el mercado del alcohol en un Chile que bebe menos.
Chile atraviesa una paradoja en sus hábitos de consumo. Mientras los últimos informes del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) de 2024-2025 muestran que el consumo de alcohol en la población general ha caído a sus niveles más bajos en 30 años (bajando al 34,6% de prevalencia mensual), el mercado de bebidas alcohólicas vive una transformación sin precedentes impulsada por la población migrante, que hoy representa el 8,8% de los habitantes del país.
1. Del Vino y el Pisco a la Cerveza y el Ron
Históricamente, el consumo en Chile ha estado dominado por el vino y el pisco. Sin embargo, la llegada de más de 1,9 millones de extranjeros —principalmente de Venezuela, Colombia y Haití— ha desplazado las preferencias hacia categorías que antes tenían un crecimiento más plano.
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El auge del Ron y el Aguardiente: Importadoras reportan un incremento en la demanda de rones caribeños y destilados de caña, productos que forman parte de la identidad cultural de las comunidades migrantes.
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Cervezas: Más variedad, más lúpulo: La influencia extranjera ha acelerado la “premiumización” del mercado de cervezas, introduciendo marcas internacionales y fomentando el consumo de variedades más ligeras y refrescantes, adaptadas a gustos tropicales.
2. El fenómeno de la “Bodega de Barrio”
La inmigración ha revitalizado el comercio minorista. En comunas con alta densidad migrante, como Estación Central e Independencia, las botillerías y almacenes de barrio han adaptado su stock para satisfacer a sus nuevos vecinos. Este “movimiento de estantería” ha obligado a las grandes distribuidoras nacionales a diversificar su catálogo para no perder relevancia en estos sectores.
3. Diferencias en los patrones de consumo
Los estudios sociológicos de 2026 sugieren que, si bien el chileno consume menos frecuencia pero con episodios de mayor embriaguez, muchas comunidades migrantes mantienen un patrón de consumo social y gastronómico.
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Integración en la Mesa: La proliferación de restaurantes de comida extranjera ha introducido el hábito de acompañar platos típicos con bebidas alcohólicas específicas, lo que ha generado un cruce cultural donde el consumidor chileno ahora también pide ron o cervezas importadas.
4. Salud Pública y Prevención Transcultural
Este cambio en la “foto” del consumo plantea nuevos desafíos para las autoridades. SENDA ha comenzado a implementar campañas de prevención con enfoque intercultural, reconociendo que los mensajes de salud deben resonar de igual forma en un joven chileno que en un adulto recién llegado. El objetivo es mantener la tendencia a la baja en el consumo de riesgo, sin importar la nacionalidad.
5. Impacto Económico: Un respiro para la industria
Para la industria de licores, la población migrante ha sido un “salvavidas” ante la caída del consumo local. La incorporación de casi dos millones de nuevos consumidores potenciales ha permitido que las ventas totales del sector se mantengan estables, compensando la mayor conciencia de riesgo y los cambios de hábitos de la población chilena más joven.
