Hoy, el Gobierno de Chile ha anunciado recursos por $154 mil millones para impulsar el Plan de Alerta Oncológica y reducir las listas de espera de miles de personas que necesitan un diagnóstico o tratamiento. Es una noticia esperanzadora para tantas familias que viven esta dura realidad. Pero también debemos seguir fortaleciendo la Ley Ricarte Soto y avanzando hacia un sistema donde el costo de los medicamentos no sea una barrera para tener una oportunidad de sanar.

Hablo desde mi propia experiencia. Tuve linfoma de Hodgkin y escuché esas palabras que te cambian la vida para siempre: «Te quedan pocos meses de vida».

En ese instante, el mundo se detiene. Cambian tus prioridades, tus miedos y tu manera de mirar la vida. Aprendes a valorar lo que antes parecía cotidiano: despertar cada mañana, abrazar a quienes amas, respirar profundo, reír, caminar y simplemente estar aquí.

Hoy, cuando recuerdo esa etapa, no quiero hacerlo desde la rabia ni desde el resentimiento por lo que me tocó vivir. Quiero hacerlo desde el agradecimiento. No porque el cáncer sea algo bueno, ni porque se lo desearía a alguien, sino porque aquella experiencia transformó profundamente mi manera de entender la vida. Me enseñó que no podemos dar por garantizado el mañana y que debemos aprender a vivir intensamente, amar sin reservas y disfrutar de verdad cada momento.

A veces esperamos que ocurra algo extraordinario para comprender que la vida misma es extraordinaria.

Pero también hay una realidad que no podemos ignorar: no todas las personas tienen las mismas oportunidades de enfrentar el cáncer. Hay pacientes que luchan no solo contra la enfermedad, sino también contra el costo de los medicamentos, los tratamientos y la incertidumbre económica que golpea a sus familias. Algunos tratamientos son tan caros que se convierten en una barrera imposible de superar.

Por eso, necesitamos que las medidas anunciadas se traduzcan en atención oportuna y efectiva. Necesitamos seguir apoyando y fortaleciendo la Ley Ricarte Soto, para que más personas puedan acceder a tratamientos de alto costo. Porque enfermar de cáncer ya es suficientemente duro; no debería sumarse la angustia de no poder pagar una oportunidad para vivir.

Detrás de cada diagnóstico hay una madre, un padre, un hijo, una pareja, una familia entera que espera, que tiene miedo, que reza, que lucha y que sueña con volver a la normalidad.

Este mes no debería ser solamente una fecha en el calendario. Debe ser una oportunidad para crear conciencia, acompañar a quienes están luchando, apoyar a sus familias y exigir que el acceso a la salud no dependa de cuánto dinero tenemos.

Si algo me enseñó mi experiencia es que la vida no se trata de esperar a que todo sea perfecto para ser felices. Se trata de aprender a encontrar belleza incluso en los días difíciles, de abrazar más fuerte, de decir lo que sentimos, de perdonar, de reír y de atrevernos a vivir.

Hoy agradezco estar aquí. Agradezco cada nuevo día, mi familia, mis proyectos, mis sueños y hasta las pequeñas cosas que muchas veces pasan inadvertidas.

Y si pudiera compartir una sola reflexión, sería esta:

Vivan como si cada día fuera un regalo, porque realmente lo es. No esperen una enfermedad para valorar su salud, no esperen perder a alguien para decirle cuánto lo aman y no posterguen su felicidad pensando que algún día tendrán tiempo.

Y mientras nosotros aprendemos a vivir intensamente, como sociedad tenemos una responsabilidad: trabajar para que quienes hoy enfrentan el cáncer tengan acceso a un diagnóstico oportuno, tratamientos adecuados y medicamentos que puedan costear.

Porque la esperanza no puede quedarse solamente en palabras. Debe convertirse en oportunidades reales para vivir.

🎗️ Por quienes luchan, por quienes nos acompañan, por quienes ya no están y por quienes merecen tener una oportunidad.

Con el corazón lleno de gratitud por la vida y con la convicción de que cada día que tenemos es una nueva oportunidad para amar, agradecer y hacer algo bueno por los demás. ❤️