La Dra. Marsella Jiménez propone replantear la sexualidad adulta a través del juego, la comunicación y el humor.
La especialista en psicología y sexología invita a trascender la búsqueda del rendimiento físico para dar paso a una conexión auténtica y sin presiones.

La percepción tradicional de la sexualidad, limitada con frecuencia a una visión simplista entre preliminares y penetración, está siendo redefinida por enfoques clínicos que priorizan la salud mental y relacional. Nuestra colaboradora lo plantea desde la neurociencia que el deseo sexual no funciona como un interruptor automático, sino como un proceso dinámico que se nutre del juego, la curiosidad y la complicidad mutua.

Desde la perspectiva de la sexología contemporánea, la respuesta cerebral al placer no depende de la efectividad técnica, sino de la anticipación y la conexión emocional. Actos cotidianos como la conversación, el contacto visual y la presencia plena constituyen la base esencial de una vida íntima satisfactoria.

“La técnica sin intención se asemeja a una coreografía vacía; lo que realmente nos cautiva es la entrega y la intención.Al convertir la experiencia en un juego y un ritual de placer, se elimina la presión de rendir y se prioriza el disfrutar”, señala la Dra. Marsella Jiménez.

Para transformar la experiencia íntima en un espacio de conexión libre de expectativas rígidas, la especialista destaca tres pilares clave:

Sustituir la meta por la curiosidad: Enfocarse obsesivamente en el orgasmo o en un resultado específico puede generar ansiedad de rendimiento. Cultivar la curiosidad permite explorar nuevas dinámicas con mayor libertad.

Erotizar el lenguaje: La palabra es una de las herramientas de seducción más efectivas. La comunicación verbal explícita y pausada fortalece la anticipación y el entendimiento en la pareja.

Integrar el humor: Compartir la risa en la intimidad no resta erotismo; por el contrario, fortalece el vínculo afectivo y desmitifica la noción del “sexo perfecto” en favor de una vivencia auténtica y conectada; concluye que una sexualidad adulta y saludable requiere abandonar la idea del encuentro íntimo como una evaluación o prueba de desempeño, abordándolo en cambio como un espacio espontáneo de desconexión del estrés cotidiano y de enriquecimiento mutuo.

Dra. Marsella Jiménez S
Psicóloga – sexóloga