Como nacida y criada en la comuna de La Reina, he sido testigo desde siempre de una realidad que, con el paso de los años, sigue afectando a nuestros vecinos y comerciantes.
La feria de Arrieta cumple un rol social y económico fundamental. Permite que miles de familias de Peñalolén y La Reina accedan a productos frescos y a precios justos, por lo que valoro profundamente el trabajo de los feriantes y su aporte a ambas comunas.
Sin embargo, también es necesario abordar con seriedad un problema que se ha mantenido en el tiempo y que requiere soluciones concretas. Al término de la feria, la acumulación de basura es significativa. Si bien existe un sistema de retiro de residuos y el sector de Peñalolén suele ser limpiado, el lado correspondiente a La Reina muchas veces permanece sucio por varias horas, afectando la imagen del barrio, la calidad de vida de los vecinos y el entorno de los locales comerciales.
A esto se suma una segunda problemática que impacta directamente al comercio establecido: el aumento de vehículos que se estacionan en calles de La Reina, muchas veces en lugares no habilitados o frente a locales comerciales. Esto dificulta el acceso de clientes habituales, generando pérdidas económicas para comerciantes que cumplen con sus obligaciones, pagan sus patentes y contribuyen al desarrollo de la comuna.
Es preocupante observar cómo quienes trabajan de manera formal terminan siendo los más perjudicados, sintiendo que deben convivir semana a semana con las mismas dificultades sin soluciones permanentes.
Los comerciantes del eje Tobalaba–Américo Vespucio conocen bien esta realidad, ya que cada semana deben esperar el término de la feria para que se liberen los espacios y se normalice el entorno, en un ciclo que se repite desde hace años.
Este no es un llamado en contra de la feria. Por el contrario, es una invitación a trabajar de manera conjunta entre las municipalidades de Peñalolén y La Reina, los feriantes, los vecinos y los comerciantes, para encontrar soluciones que permitan compatibilizar esta importante actividad con el respeto por el espacio público, la limpieza y el derecho de todos a convivir en un entorno ordenado.
Una buena convivencia entre comunas es posible cuando existe voluntad, coordinación y responsabilidad compartida.
Mariana Valderrama Lastra

