El origen: un inmigrante, una calle y una idea (1889) .
En 1889, cuando Santiago aún era una ciudad de tranvías y adoquines, un inmigrante italiano llamado Salvatore Falabella abrió una pequeña sastrería en la calle Ahumada. El local era estrecho, iluminado por lámparas de gas, y atendido por un puñado de oficiales que cosían a mano trajes para una clase media que recién comenzaba a consolidarse.
La tienda se llamaba Gran Sastrería Italiana, y su promesa era simple: confección fina, precios razonables y un trato cercano. Nadie podía prever que ese pequeño negocio sería el germen del mayor conglomerado de retail de América Latina.
La transición familiar: de taller a tienda (1920–1930)
Tras la muerte de Salvatore, sus hijos Arnaldo y Roberto asumieron la conducción. La ciudad crecía, y con ella las expectativas de los consumidores. Fue entonces cuando Eliana Falabella, hija de Arnaldo, propuso un giro audaz: ampliar la oferta hacia vestuario femenino y artículos para el hogar.
Ese cambio, que hoy parece evidente, fue revolucionario para la época. La sastrería dejó de ser un taller especializado y comenzó a transformarse en una tienda con vocación masiva, abierta a un público más amplio y diverso.
La llegada de Alberto Solari: el visionario que cambió el juego (1937)
El verdadero punto de inflexión llegó en 1937, cuando se incorporó a la empresa Alberto Solari, esposo de Eliana. Solari tenía una visión moderna del comercio: espacios amplios, productos al alcance del cliente y una experiencia de compra que invitaba a recorrer, comparar y elegir.
Bajo su liderazgo, Falabella se convirtió en la primera tienda por departamentos de Chile, un formato que rompía con el comercio tradicional de mostrador. Para 1958, la marca ya era un referente nacional y un símbolo de modernidad.
Expansión territorial: Chile se queda chico (1960–1980)
En 1962, Falabella abrió su primera tienda fuera de Santiago, en Concepción. El país vivía un proceso de urbanización acelerada, y la empresa supo leer ese cambio.
Pero el salto más decisivo llegó en 1979, cuando lanzó CMR Falabella, su tarjeta de crédito propia. En un país donde el acceso al crédito era limitado, la tarjeta se convirtió en una herramienta democratizadora y en un motor de fidelización sin precedentes.
En 1983, la empresa se instaló en el recién inaugurado Mall Parque Arauco, marcando el inicio de una relación simbiótica con los centros comerciales que definiría su crecimiento durante décadas.
La internacionalización: un modelo exportable (1990–2000)
Los años noventa fueron la década del salto continental.
En 1993, Falabella abrió su primera tienda en Argentina. Dos años después, desembarcó en Perú tras adquirir la cadena SAGA, que más tarde adoptaría el nombre Saga Falabella.
La empresa también diversificó su ecosistema: en 1997 nació Viajes Falabella, y en 1998 se creó Banco Falabella, integrando consumo, crédito y servicios en un mismo paraguas corporativo.
En 1996, la compañía ingresó a la Bolsa de Comercio de Santiago, un paso que consolidó su estructura financiera y le permitió financiar nuevas etapas de expansión.
El siglo XXI: fusiones, diversificación y liderazgo regional
El año 2003 marcó uno de los hitos más importantes en la historia del retail latinoamericano: la fusión con Sodimac, la mayor cadena de mejoramiento del hogar de la región.
A partir de entonces, Falabella dejó de ser solo una tienda por departamentos para convertirse en un ecosistema de negocios: Tottus, Mallplaza, Banco Falabella, Seguros Falabella, Viajes Falabella y un e‑commerce pionero que comenzó a operar en 1999, mucho antes de que la omnicanalidad se volviera un estándar.
La expansión continuó hacia Colombia (2006), Brasil (2013), Uruguay (2014) y México (2016), consolidando una presencia regional que hoy abarca siete países.
El presente: un ecosistema físico‑digital en transformación
Más de 135 años después de aquella sastrería en Ahumada, Falabella es un conglomerado que integra retail, mejoramiento del hogar, banca, seguros, viajes y un marketplace regional.
Su desafío actual es doble: adaptarse a un consumidor hiperconectado y competir con gigantes globales del comercio electrónico.
La empresa ha apostado por la integración de sus plataformas físicas y digitales, la logística avanzada y la personalización de la experiencia de compra, en un contexto donde la fidelidad del cliente ya no se gana solo con precios, sino con conveniencia, rapidez y coherencia de marca.
La herencia: un hilo que nunca se cortó
A pesar de su tamaño, Falabella mantiene un relato fundacional que sigue siendo parte de su identidad: la idea de que el comercio es, ante todo, un acto de servicio.
Desde la aguja y el hilo de Salvatore hasta los algoritmos que hoy recomiendan productos en su marketplace, la empresa ha sostenido una misma premisa: entender qué necesita la gente y ofrecerlo con calidad, cercanía y visión de futuro.
El resto —las fusiones, los centros comerciales, la expansión internacional, el e‑commerce— es la evolución natural de un sueño que comenzó en un pequeño taller del centro de Santiago.
