Entidad advierte una creciente pérdida de apellidos indígenas producto de discriminación.
La Fundación Rakizuam, a través de su director Javier López Huentemil, manifestó su profunda preocupación por la creciente pérdida de apellidos indígenas en Chile, un fenómeno que —según advierte— “no solo refleja discriminación histórica, sino también un silencioso proceso de borramiento cultural que continúa hasta hoy”.
López Huentemil explica que, durante más de un siglo, miles de familias mapuche y de otros pueblos originarios han visto cómo sus apellidos se transformaban, se castellanizaban o desaparecían por completo. “Entre 1970 y 1990, más de dos mil personas mapuche solicitaron formalmente el cambio de apellido. Muchas lo hicieron por miedo a la discriminación. Esa cifra no solo es alarmante: es un testimonio de cómo el prejuicio puede obligar a una persona a renunciar a su propia historia”, señaló.
Los registros históricos muestran que antes de los procesos de castellanización forzada existían entre dos mil y tres mil apellidos mapuche activos. Hoy, menos de setecientos aparecen con frecuencia en los registros civiles. Apellidos como Kalfulemu, Pailapichún, Ñamkulef o Kuyemilla, documentados en padrones del siglo XIX, ya no figuran en bases contemporáneas. Otros sobreviven apenas en una o dos familias, mientras que muchos han sido deformados hasta volverse irreconocibles. Para el director de Rakizuam, “cada apellido que se pierde es un fragmento de memoria colectiva que se extingue, una parte de nuestra identidad que deja de transmitirse”.
López Huentemil enfatiza que los apellidos indígenas son parte esencial del patrimonio cultural de Chile. “No son simples nombres. Son linajes, territorios, historias familiares, vínculos espirituales y testimonios de resistencia. Cuando un apellido desaparece, perdemos una pieza de nuestra diversidad como país”, afirmó.
En ese sentido, la Fundación Rakizuam hizo un llamado a valorar, conservar y transmitir con dignidad los apellidos indígenas como parte del patrimonio cultural e histórico de Chile. “No se trata de juzgar a quienes, por razones personales, familiares o incluso por experiencias de discriminación, han optado por modificarlos, sino de comprender el valor que estos nombres tienen como memoria viva de linajes, territorios y trayectorias colectivas. Cada apellido que se mantiene es también una forma de resguardar identidad, historia y diversidad cultural. La tarea de fondo es construir un país donde nadie sienta que debe renunciar a su nombre para ser aceptado”, expresó el director.
Desde el año pasado se ha anunciado la decisión de la creadora de contenido conocida como Naya Fácil, quién evalúa cambiar legalmente sus apellidos. Naya como la conocemos, se llama Nayadeth Mercedes Neculhueque Quimen y en forma fraterna y respetuosa le hacemos un llamado a no perder sus apellidos. “Cada persona tiene derecho a definir su identidad y nadie puede ser juzgado por una decisión tan íntima como la relación con su propio nombre”, señaló. “En muchos casos, estas decisiones están marcadas por historias personales complejas o dolorosas, por lo que lo primero es siempre el respeto”.
El director de Rakizuam agregó que el caso también invita a reflexionar sobre la relación entre identidad y trayectoria de vida. “en este caso, lo importante es cómo las personas se vinculan con los demás y con la comunidad. En el caso de Naya, su conocida disposición a ayudar a quienes más lo necesitan muestra gestos de solidaridad que dialogan con valores profundamente presentes en la cultura mapuche, como la reciprocidad y el apoyo mutuo”, explicó.
“En la cosmovisión mapuche, el principio de reciprocidad —dar, compartir y cuidar al otro— forma parte del ideal del küme mogen o buen vivir. Por eso creemos que estas conversaciones deben darse sin juicio, entendiendo que la identidad también se expresa en la forma en que una persona actúa y se relaciona con su entorno”, concluyó López Huentemil.
