- Con más de 2.900 profesionales voluntarios, la institución ha recorrido Chile desde Arica hasta Puerto Williams, e incluso la Antártica, para acortar las listas de espera del sistema público.
En 2025, un mamógrafo viajó a bordo de un buque de la Armada hasta el archipiélago Juan Fernández. Gracias a ese traslado, las mujeres de la isla pudieron realizarse un examen de detección de cáncer de mama sin salir de su comunidad. La escena explica por qué, tras más de dos décadas de trabajo, Fundación Acrux se ha convertido en un referente en salud para el país: mueve médicos, equipos y voluntad hacia donde la atención de especialidad escasea.
Acrux es una institución de salud y bienestar sin fines de lucro, hoy una de las más relevantes de Chile en operativos médicos. Su propósito es contribuir a disminuir las listas de espera del sistema público, organizando operativos médicos en zonas apartadas o con déficit de especialistas. En cada uno, profesionales voluntarios resuelven primeras consultas, exámenes, procedimientos y cirugías de pacientes FONASA inscritos en los registros de los Servicios de Salud.
El nombre no es casual. Acrux es la estrella más brillante de la Cruz del Sur, la misma que por siglos ha orientado a los navegantes del hemisferio austral. Esa idea de guía inspira a la fundación, que busca abrir camino hacia una atención oportuna en los rincones más alejados del país.
De cuatro voluntarios a una red nacional
La historia comenzó en 2003, con un primer operativo y apenas cuatro voluntarios. Dos años después llegaron por primera vez a Juan Fernández y, desde 2007, extendieron su trabajo a regiones. Con el tiempo incorporaron exámenes, procedimientos, cirugías (a partir de 2012) y telemedicina, esta última en alianza con la Universidad de Concepción.
Hoy la fundación cuenta con un equipo de personas en las áreas técnico -administrativo y más de 2.900 profesionales de la salud que donan su tiempo. Juntos han realizado más de 214 mil prestaciones gratuitas. En 2024 alcanzaron un hito para el país: el primer operativo de Acrux en la Antártica.
Solo en 2026, el operativo de Temuco sumó más de 1.250 prestaciones, mientras que el de Iquique y Alto Hospicio contempla más de 1.500 y este fin de semana realizarán uno en Linares sumando 257 operativos desde su creación.

Más que operativos
Junto con la resolución de listas de espera, Acrux desarrolla programas de largo aliento. Uno acompaña el envejecimiento saludable de las personas mayores, con capacitación a cuidadores, monitoreo de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión y alfabetización digital. Otro, de telepsiquiatría, ofrece consultas a niños, jóvenes y adultos, incluidos quienes debieron interrumpir su tratamiento; a ello se suma un programa de salud dental integral.
Una tarea compartida
Nada de esto ocurre en solitario. La fundación trabaja junto al Ministerio de Salud, la Armada, servicios de salud regionales, municipios, universidades, clínicas y empresas. Esa colaboración entre el mundo público y el privado es la que permite que un especialista aterrice en Porvenir, Tocopilla o Puerto Williams.
“Convertirnos en un referente en salud nunca fue una meta en sí misma. Es la consecuencia de miles de voluntarios y aliados que han confiado en este camino. Detrás de cada prestación hay una persona que dejó de esperar”, afirma Roberto Levin, director ejecutivo y fundador de Fundación Acrux.

¿Cómo nació Acrux?
“Empezamos en 2003 siendo cuatro voluntarios, con una idea muy simple: si el paciente no puede llegar al especialista, el especialista tiene que ir hacia él. Veíamos personas que esperaban meses, a veces años, por una consulta que en Santiago se resolvía en días. Esa diferencia nos pareció injusta, y decidimos hacer algo con lo que teníamos a mano: tiempo, ganas y amigos del mundo de la salud dispuestos a sumarse”.
¿Por qué la colaboración público-privada es tan central en su modelo?
“Porque nadie puede solo con un problema del tamaño de las listas de espera. El sistema público conoce a los pacientes y sus necesidades, las empresas y organizaciones aliadas aportan recursos y logística, y nuestros voluntarios ponen sus talentos. Cuando esas piezas se alinean, en pocos días resolvemos lo que de otro modo tomaría meses. Cada operativo es, en el fondo, un acuerdo entre muchas voluntades”.

¿Qué desafíos vienen para la fundación?
“Queremos seguir llegando a más rincones del país y, sobre todo, dar continuidad a lo que hacemos. Por eso hemos crecido en telemedicina, salud mental, salud dental y cuidado de las personas mayores. El gran desafío es sumar más especialistas voluntarios y más aliados que crean en este modelo. La invitación está abierta: hay miles de chilenos esperando, y entre todos podemos acortar esa espera”.

