Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en los últimos doce meses se crearon cerca de 82 mil puestos de trabajo en Chile, pero el empleo informal aumentó en torno a 115 mil personas. Al mismo tiempo, el empleo formal disminuyó en casi 33 mil. Hoy más de 2,5 millones de chilenos trabajan en condiciones informales, es decir, sin contrato, sin cotizaciones ni seguro de cesantía. La tasa de desocupación se ubica en 9,4%.

La composición del empleo refleja esa tendencia: los trabajadores por cuenta propia crecieron 8,6% en un año, sumando 101 mil personas más, y los asalariados informales aumentaron 2,8%. En contraste, los asalariados formales cayeron 2,2%. Según análisis del sector empresarial, la informalidad explicó todo el crecimiento neto del empleo y compensó la destrucción de puestos formales.

El empleo formal implica cotizaciones para pensión, acceso a salud, seguro de cesantía y posibilidad de crédito. Un trabajo informal, en cambio, significa ingresos sin respaldo: si la persona se enferma o pierde el trabajo, no tiene red de protección. Según el mismo reporte oficial, la desocupación entre las mujeres llegó a 10,4%, frente a 8,7% entre los hombres, y la informalidad femenina alcanza 28,9%.

Qué significa para tu bolsillo: Si trabajas sin contrato, no estás cotizando para tu jubilación ni tienes derecho a licencia médica pagada. Tampoco puedes acceder al seguro de cesantía si pierdes el trabajo. En la práctica, significa que cada mes dependes solo de lo que ganes ese mes, sin red de seguridad para imprevistos.

El vicepresidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) planteó en una columna de opinión publicada en La Tercera que el país debe preguntarse si las regulaciones laborales facilitan o dificultan la contratación formal, y que el primer derecho de quien no tiene trabajo es poder acceder a uno.