En la teoría, el Portal de Transparencia es la joya de la corona de nuestra democracia moderna; una ventana abierta para que cualquier ciudadano, armado solo con su RUT y curiosidad, fiscalice el uso de los recursos públicos. En la práctica, sin embargo, esa ventana suele estar empañada, trabada o protegida por un diseño que parece redactado por un burócrata decidido a no ser encontrado.

El mito de la “Información a un Clic”

Navegar por la plataforma actual es, para el usuario común, un ejercicio de frustración. El diseño, que arrastra una estética y una lógica de hace una década, obliga al ciudadano a conocer de antemano la estructura orgánica del Estado para encontrar lo que busca. Si usted quiere saber cuánto gasta su municipio en luminarias o cuál es el sueldo de un asesor regional, prepárese para una odisea de menús desplegables infinitos, términos legales crípticos y una arquitectura web que parece diseñada para el desvío, no para el hallazgo.

La Transparencia no es solo Publicar; es Entender

El gran pecado del portal no es la falta de datos —que sobran— sino la falta de usabilidad. La transparencia real no consiste en “arrojar” archivos PDF escaneados (y a veces ilegibles) a una base de datos. La transparencia efectiva requiere que la información sea:

  1. Scaneable: Que se pueda entender de un vistazo.

  2. Comparable: Que los datos se puedan bajar en formatos abiertos (como Excel) y no en fotos de documentos.

  3. Amigable: Que no se necesite un postítulo en Administración Pública para descifrar qué significa “Transferencias Corrientes” o “Gastos de Representación”.

Una Barrera para el Control Social

Cuando el portal es difícil de usar, se produce una brecha de desigualdad digital. Solo los periodistas de investigación, los académicos o los operadores políticos con tiempo y experiencia logran extraer información relevante. El ciudadano de a pie, aquel que vive en La Cisterna, en Pichilemu o en cualquier rincón del país y que sospecha de una irregularidad en su barrio, se rinde al tercer “Error 404” o a la quinta redirección fallida.

Esta “opacidad por diseño” alimenta la desconfianza. En un gobierno como el de José Antonio Kast, que ha hecho de la austeridad y la eficiencia fiscal su bandera de lucha, el Portal de Transparencia debería ser su mejor aliado. Un Estado eficiente no solo gasta bien, sino que comunica mejor.

Hacia una Transparencia 2.0

Necesitamos pasar de la transparencia reactiva (donde el Estado publica porque la ley lo obliga) a una transparencia proactiva y visual. El portal necesita motores de búsqueda inteligentes, infografías automáticas que resuman los gastos y una interfaz móvil que no sea una pesadilla táctica.

El cristal de nuestra democracia debe ser transparente, sí, pero también debe estar limpio y a la altura de la vista de todos. De lo contrario, seguiremos teniendo un muro de datos que, por muy público que sea, sigue funcionando como una pared infranqueable entre el poder y la gente.

Por laconexi