El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, calificó como “muy decepcionantes” las declaraciones de ministros del gobierno chileno respecto al arancel del 12,5% que la administración estadounidense aplicó a productos del país. La reacción del diplomático fue analizada por expertos en el programa El Primer Café de Cooperativa, quienes señalaron que su tono difiere de los protocolos diplomáticos habituales.

El excanciller Ignacio Walker recordó que el canciller chileno Pérez Mackenna había señalado a Estados Unidos como “el principal socio estratégico de Chile” en una reunión con el secretario de Estado Marco Rubio. Walker destacó que países como Argentina y El Salvador recibieron un arancel del 10%, inferior al aplicado a Chile. El exministro Nicolás Eyzaguirre señaló que “el ofensor se da por ofendido”, cuestionando que Estados Unidos reaccione cuando Chile expresa su posición ante una medida que, según él, no estaría contemplada en el Tratado de Libre Comercio vigente entre ambos países.

El expresidente de Renovación Nacional, Cristián Monckeberg, cuestionó la forma en que el embajador Judd interpeló públicamente al ministro de Agricultura, sugiriéndole que lea el tratado comercial antes de opinar. Según Monckeberg, el embajador le dijo: “Oiga, usted no ha leído, vaya a leerse el tratado, estúdielo y después hable”. Monckeberg agregó que Chile deberá acostumbrarse a “embajadores de este tipo que parecen más un parlamentario”. La economista Bettina Horst, de Libertad y Desarrollo, defendió las reacciones de los ministros sectoriales al señalar que “son preguntas legítimas” ante una política estadounidense que resulta menos predecible.

Qué significa para tu bolsillo: El arancel del 12,5% encarece las exportaciones chilenas a Estados Unidos, lo que puede traducirse en menores ventas para productores agrícolas, viñas y empresas que venden al mercado estadounidense. Si esas empresas venden menos, pueden reducir empleos o salarios. Aún no hay cifras oficiales del impacto en precios internos ni en puestos de trabajo.

Los panelistas coincidieron en que el gobierno chileno debe centralizar su mensaje en política exterior. Eyzaguirre señaló que, aunque comprende la reacción de sectores afectados como el agrícola, “la Cancillería tiene que ser la única voz en esto, de lo contrario nos prestamos para el dime y direte”. El ministro del Interior había defendido previamente a los ministros sectoriales apelando a la “libertad de expresión”, pero los analistas advirtieron que la dispersión de vocerías debilita la posición de Chile en la negociación, según Cooperativa.