En mayo de 2026 se cumple un año de uno de los sucesos más desconcertantes registrados en la costa oeste de Noruega: el encallamiento del carguero NCL Salten, de 135 metros de eslora, directamente en el jardín de una vivienda privada en Byneset, a las afueras de Trondheim. Un episodio tan improbable que, incluso hoy, sigue siendo citado como uno de los accidentes marítimos más absurdos de la última década. Con vista a este particular aniversario, medios de comunicación noruegos se preparan para cubrir los pormenores de este fecha.
El 22 de mayo de 2025, mientras el propietario Johan Helberg dormía profundamente, el enorme buque perdió su rumbo y terminó varado a pocos metros de su casa. Lo más sorprendente es que Helberg no escuchó absolutamente nada: ni el impacto, ni el roce del casco, ni el avance del barco sobre la costa. Fue un vecino quien, alarmado por la escena, tocó insistentemente el timbre hasta despertarlo.
“Fue completamente absurdo. Cuando miré por la ventana, había una enorme proa allí”, declaró Helberg a la televisión pública NRK, frase que luego replicaron medios internacionales como El País y El Mundo.
Las imágenes difundidas por agencias como NTB y Reuters mostraban la proa roja y verde del carguero incrustada en el jardín, en una posición tan improbable que parecía un montaje. Según relató Helberg, si el barco hubiera avanzado cinco metros más hacia la izquierda, habría golpeado una formación rocosa y posiblemente destruido la vivienda.
La causa: un tripulante dormido
La policía noruega confirmó que en el puente de mando había solo una persona a cargo de la navegación. No se detectó alcohol ni fallas técnicas. La explicación fue tan simple como inquietante: el tripulante se quedó dormido.
Así lo reportaron NRK, El Mundo y ABC, citando declaraciones de la policía y de la naviera NCL, que reconoció estar colaborando con la investigación.
El barco transportaba 16 tripulantes, ninguno de los cuales resultó herido. Tampoco hubo derrames de combustible, aunque los intentos iniciales por reflotar el buque durante la marea alta fueron infructuosos, según informó Infobae.
Un año después: un caso que sigue desconcertando
A doce meses del incidente, el caso permanece como un recordatorio de lo improbable:
Un carguero de 135 metros que termina en un jardín privado.
Un dueño que duerme sin enterarse del estruendo.
Un tripulante que, en pleno fiordo de Trondheim, se queda dormido al timón.
Una casa que se salva por apenas cinco metros.
No hubo consecuencias graves, pero sí un impacto simbólico: el episodio se convirtió en un ejemplo de cómo una cadena mínima de errores humanos puede generar escenas que rozan lo surrealista.
