Durante décadas, la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) se mantuvo al margen de los conflictos públicos que suelen sacudir al sistema universitario chileno. Su identidad —marcada por el trabajo comunitario, la investigación social y un perfil institucional discreto— parecía blindarla de los sobresaltos mediáticos. Hasta ahora.

En cuestión de días, la institución quedó envuelta en una controversia que escaló desde una diferencia administrativa hasta convertirse en un conflicto de alta visibilidad nacional. La resistencia del entonces rector Álvaro Ramis a dejar el cargo, pese a la decisión formal del directorio de removerlo, abrió un capítulo inesperado que expuso a la universidad a un nivel de escrutinio que no había enfrentado en años.

Una remoción que detonó la tormenta

El 27 de marzo, Emol informó que el directorio había decidido poner fin al mandato de Ramis, acusándolo de desoír reiteradamente sus decisiones y de mantener un manejo irregular de áreas clave de la administración. La medida, según el directorio, respondía a criterios de gobernanza y no a diferencias políticas o ideológicas.

Pero la reacción del rector removido sorprendió incluso a quienes conocían la interna. En lugar de acatar la resolución, Ramis cuestionó su legalidad y sostuvo que solo el Consejo Superior Universitario podía aprobar su salida. Esa postura —inusual en el mundo académico— transformó un conflicto interno en un episodio público, alimentado por declaraciones, comunicados paralelos y un creciente interés de los medios.

Una exposición innecesaria para una institución de bajo perfil
Para la comunidad universitaria, la situación resultó desconcertante. La Academia, tradicionalmente ajena a los escándalos, se vio de pronto en el centro de la agenda noticiosa. La disputa, que pudo haberse resuelto en los márgenes de la institucionalidad, terminó amplificada por la prensa nacional debido a la negativa del exrector a abandonar el cargo.

Fuentes internas coinciden en que la prolongación del conflicto no solo generó incertidumbre, sino que dañó la imagen de una institución que rara vez había sido protagonista de controversias públicas.

El comunicado que marca un punto de inflexión
El 30 de marzo, el directorio emitió un comunicado dirigido a toda la comunidad educativa. En él, anunció que la Vicerrectora Académica, Iria Retuerto Mendaña, asumía como Rectora subrogante, en conformidad con los estatutos que la sitúan como segunda autoridad unipersonal.

El tono del documento es inusualmente firme. El directorio lamenta “el protagonismo del ex Rector con continuas comunicaciones que confunden y buscan adueñarse de la institucionalidad”, advirtiendo que ese comportamiento ha generado divisiones internas y un clima de confrontación incompatible con la misión educativa de la universidad.

El texto también aclara que las restricciones de acceso a plataformas digitales y la eliminación de ciertos contenidos respondieron al resguardo de la institucionalidad, luego de detectarse el uso de canales oficiales para difundir mensajes que no representaban la voz de la Academia.

La nueva conducción y el intento de cerrar filas
La designación de Retuerto busca estabilizar el funcionamiento interno y enviar una señal de continuidad. El directorio destaca su trayectoria académica, su conocimiento profundo de la institución y su capacidad para articular equipos en momentos de tensión.

El mensaje es claro: el semestre continúa con normalidad, los trabajadores mantienen su estabilidad y la universidad retoma el control de su institucionalidad mientras se activa el proceso democrático para elegir a la nueva autoridad definitiva.

Por laconexi