En un escenario marcado por la brecha socioeducativa y el incremento de conductas disruptivas e inmediatez digital en las salas de clases, la destacada académica e investigadora regional Vanesa Bórquez plantea una urgente reconversión del modelo docente. Desde la intersección entre las neurociencias, el afecto genuino y la articulación curricular, la especialista sostiene que la verdadera solución a los desafíos de la educación chilena pasa por rescatar la curiosidad innata infantil y restablecer el vínculo humano en el aula.
La paradoja de la creatividad y la neuroplasticidad
Entrevistada por la Conexión, la profesora Bórquez indica que es fundamental el aprovechamiento de la infancia temprana como el período determinante para el moldeamiento cognitivo. En sus intervenciones, destaca cómo los niños nacen con un instinto inquisitivo, actuando como exploradores o «mini científicos» que indagan y experimentan constantemente.
Sin embargo, el sistema escolar tradicional suele actuar como un freno o barrera para este proceso natural. Ante los deficientes resultados observados en evaluaciones internacionales como PISA, la académica resalta la necesidad de intervenir desde los primeros años de escolaridad para no «apagar» la chispa de la imaginación y asegurar que los alumnos arriben a etapas posteriores con un pensamiento crítico consolidado.
Neuropsicoeducación y métodos integradores
Para reencantar a los estudiantes en un contexto dominado por las pantallas y la inmediatez, Bórquez propone una metodología activa e integradora. Respaldada por su participación internacional como embajadora del programa Escuela Plus de la Fundación Norma y Leo Werthein en Madrid, la docente enfatiza que la creatividad no pertenece únicamente al ámbito artístico o humanista.
«Necesitamos que esta fusión sea integradora: desde las artes, la música y las ciencias, hasta las matemáticas y el lenguaje. Si educamos a través de las emociones y nos conectamos con los sentidos, el estudiante se entusiasma, atiende y se integra de forma activa.»
Asimismo, insiste en que las ferias o actividades escolares no deben ejecutarse por simple formalidad, sino que cada experiencia debe estar intencionadamente alineada con el currículum nacional y apoyada en el trabajo colaborativo entre docentes de diversas asignaturas.
«Disciplina con amor»: Un antídoto contra la violencia y la soledad
Frente a la creciente preocupación por episodios de agresividad, baja tolerancia a la frustración y la sobreexposición tecnológica, la académica hace un llamado a comprender la causa de fondo: la falta de contención, la soledad y la necesidad de ser escuchados.
Para abordar esta dinámica, rescata el concepto de disciplina con amor. Basado en principios de la psicología educativa y el conductismo, plantea que la estructura y la anticipación no coartan la libertad, sino que otorgan seguridad y disminuyen la ansiedad.
Altas expectativas: Creer genuinamente en el potencial de cada estudiante, sin importar su origen social o vulnerabilidad, transforma radicalmente su conducta.
Acuerdos y rutinas transparentes: El saludo mirándose a los ojos, la responsabilidad con el entorno de trabajo y el respeto mutuo son valores esenciales que no deben perderse.
Honestidad pedagógica: Reconocer con humildad ante el curso cuando un concepto se desconoce fomenta la confianza bidireccional y el aprendizaje participativo.
Radiografía a las brechas y la vocación docente
Al evaluar la realidad del país, la académica lamenta que las diferencias entre colegios de alta vulnerabilidad y establecimientos de mayores ingresos continúen profundizándose. A través de su experiencia en contextos complejos, expone cómo los prejuicios y la estigmatización afectan la autoestima de los jóvenes, demostrando que al aplicar la misma exigencia académica con el adecuado acompañamiento emocional, los estudiantes responden con éxito y superan las expectativas.
Finalmente, Bórquez hace un llamado a revisar la formación inicial y los procesos de selección en las carreras de pedagogía. Concluye que formar redes de apoyo entre profesores motivados e invertir en la vocación genuina son los pilares indispensables para evitar el desgaste del profesorado y garantizar una educación pública con verdadero sentido social y humano.

