La justicia chilena invierte años, recursos y el esfuerzo de cientos de profesionales en investigar, juzgar y dictar sentencias fundadas en el Estado de derecho. Sin embargo, basta una firma en el Palacio de La Moneda para que ese andamiaje institucional se desmorone en un segundo. La facultad del indulto presidencial, una rémora monárquica incrustada en nuestra democracia, ha vuelto a demostrar su verdadero rostro: un privilegio de poder al servicio de la simpatía ideológica de turno.

Desde la dirección de este portal hemos defendido de manera irrenunciable que las reglas del juego democrático deben aplicar con la misma severidad para todos los ciudadanos. El problema de fondo con la figura del indulto no es solo su naturaleza extemporánea, sino el mensaje devastador que envía a la sociedad: la condena judicial no depende del delito cometido, sino de la cercanía con el color político que habite en el gobierno de momento.

Cuando el Poder Ejecutivo decide revocar o mitigar las consecuencias de un fallo judicial firme, no está ejerciendo la compasión ni promoviendo la paz social; está pasando a llevar directamente la autonomía de los tribunales. ¿Con qué cara se le exige hoy al ciudadano común que respete la ley y acate los fallos de la justicia, si el propio Presidente de la República puede borrar con el codo lo que los jueces escribieron con la mano?

El uso y abuso del indulto según la sintonía partidaria debilita las bases del pacto social. Convierte el cumplimiento de la pena en un cálculo de conveniencia política e inflige una herida abierta en las víctimas, quienes ven cómo el daño sufrido pasa a un segundo plano cuando median intereses de trinchera ideológica.

Chile no necesita perdonazos a la medida del gobernante de turno. Necesita instituciones fuertes, respetadas e independientes. Ya es hora de abrir una discusión seria para abolir o restringir al máximo una atribución que, lejos de hacer justicia, profundiza la desconfianza ciudadana y consagra la impunidad por razones de afinidad política.

Humberto García D. | Director La Conexión