• Sin pistas: A casi un año del estallido del caso que remeció la política nacional, el paradero del garzón que atendió la fatídica cena en el restaurante de la calle Mac-Iver continúa siendo una incógnita para los investigadores.

  • Pieza clave: La fiscalía mantiene la orden de ubicación para el trabajador, cuya declaración es considerada decisiva para reconstruir el estado de la víctima y la cronología exacta de las horas previas al delito denunciado.

En la investigación penal que enfrenta el exsubsecretario del Interior, Manuel Monsalve, hay un silencio que retumba más fuerte que las cámaras de seguridad recopiladas en el centro de Santiago. Se trata del mozo que atendió la mesa de la exautoridad y la funcionaria denunciante la noche del 22 de septiembre en el restaurante peruano Ají Seco Místico, ubicado en la calle Mac-Iver. A meses de la formalización de la exautoridad, la Fiscalía Metropolitana Centro Norte aún no logra dar con el paradero del trabajador, a quien en los pasillos del Ministerio Público ya apodan «la caja negra» del caso.

Aquel domingo por la noche, el garzón no solo fue el encargado de servir la cena y los pisco sour que forman parte central de la querella. Fue, según la minuta de la investigación, el único testigo presencial e independiente en la primera etapa de la interacción entre Monsalve y la víctima fuera de las dependencias ministeriales. Su testimonio resulta indispensable para esclarecer dos aspectos cruciales de la carpeta judicial: el nivel de alteración o posible alteración de conciencia de la denunciante y quién asumió la iniciativa para pedir los despachos de alcohol que derivaron en la pérdida de memoria relatada por la víctima.

La noche del 22 de septiembre: La mesa del fondo

De acuerdo con las reconstrucciones policiales, la cita comenzó cerca de las 18:00 horas. Monsalve y su subalterna llegaron al establecimiento y se ubicaron en una mesa reservada en un sector de menor visibilidad del local. La atención estuvo a cargo de un ciudadano extranjero cuya identidad fue confirmada de manera preliminar mediante los registros del local y las boletas de venta, pero que no retornó a sus labores habituales en los días posteriores a que el caso tomara estado público.

Cuando efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) acudieron al local gastronómico a mediados de octubre para empadronar al personal, incautar las imágenes de los circuitos cerrados de televisión y tomar declaraciones, la sorpresa fue mayúscula: el mozo había dejado de ir a trabajar sin aviso previo, interrumpiendo abruptamente todo contacto con la administración del restaurante y entregando una dirección de residencia que resultó ser falsa al momento de la fiscalización.

Un testimonio determinante frenado por la clandestinidad

Fuentes allegadas a las pesquisas señalan que el testimonio de este garzón permitiría contrastar las versiones contrapuestas de la defensa y la querella:

  • Evaluación del consumo y lucidez: Determinar la cantidad exacta de alcohol servido y si la víctima mostraba signos evidentes de vulnerabilidad o desorientación antes de abordar el taxi con destino al Hotel Panamericano.

  • Secuencia de pagos y consumo: Precisar quién realizó las solicitudes y el pago de la cuenta, detalle relevante para la fijación de la intencionalidad y planificación de los hechos.

  • Interacciones no grabadas: Las cámaras de seguridad del recinto registraron imágenes generales, pero carecen de audio. La voz del garzón es el único medio para saber qué se habló en los momentos críticos antes de retirarse del lugar.

Pese a los requerimientos de la Brigada de Delitos Sexuales (Brisex) y las alertas migratorias preventivas, las gestiones para dar con su paradero no han dado frutos. No se descarta que el testigo haya abandonado el país por pasos no habilitados o que permanezca oculto bajo una identidad informal en la Región Metropolitana.

Estado de la causa

Mientras la investigación entra en fases decisivas de revisión de peritajes psicológicos y metabólicos, la figura del mozo ausente sigue siendo el principal cabo suelto de un puzle policial que estremeció al Palacio de La Moneda. Para la fiscalía, ubicarlo antes del cierre de la investigación es una prioridad; para la defensa, su ausencia deja un margen de duda razonable que continuará marcando el debate en los tribunales.