Hay historias que nos recuerdan que con determinación, amor y resiliencia, no existen límites para lo que se puede lograr. Hace más de dos décadas, en enero de 2003, lo que comenzó como un valiente emprendimiento en un dormitorio de soltera con tan solo una computadora portátil y un corazón lleno de sueños, se ha convertido hoy en Schneider Gráfica & Señalética, un referente de excelencia, calidad y compromiso humano en el país.
Nacida en medio de un momento de incertidumbre económica, la empresa fue impulsada por la fe de la familia y el trabajo codo a codo de una pareja visionaria. Con el paso de los años, el crecimiento constante los llevó a trasladarse a la comuna de Buin, donde no solo encontraron el espacio físico para expandir su producción, sino también su verdadero propósito: crear valor local, brindar oportunidades y formar personas integrales.
Hoy en día, Schneider Gráfica & Señalética participa activamente en proyectos de gran envergadura nacional —como hospitales, centros de salud, aeropuertos y obras de infraestructura pública— así como en soluciones a medida para edificios corporativos y residenciales. Más allá de fabricar letreros, tótems y señalética de alta calidad que dan vida a la identidad de las empresas, Schneider demuestra diariamente que el motor principal de una organización es el desarrollo humano de su equipo y el impacto positivo en la comunidad.

Preguntas clave sobre desarrollo, proyectos y futuro
Con miras a profundizar en esta destacada trayectoria de superación, impacto social y proyección empresarial, se plantean las siguientes interrogantes:
Sobre el desarrollo:
Mirando hacia atrás, desde aquel comienzo en un dormitorio hasta consolidarse hoy como una empresa referente en Buin, ¿cuáles han sido los aprendizajes humanos y profesionales más valiosos que les permitieron transformar las adversidades en oportunidades de crecimiento?
Creo que uno de los principales aprendizajes ha sido entender que emprender no significa tener todas las respuestas. Cuando comencé Schneider, en enero de 2003, no tenía un gran plan de negocios ni imaginaba dónde podríamos llegar. Me había quedado sin trabajo, tenía deudas y partí desde mi dormitorio con un notebook, tratando de generar una oportunidad donde en ese momento había una necesidad poco cubierta.
Han pasado más de 23 años y, mirando hacia atrás, creo que hemos aprendido muchísimo más de los momentos difíciles que de aquellos en que todo funciona bien.
Hemos atravesado crisis económicas, cambios de equipo, el estallido social, la pandemia, proyectos complejos, errores y decisiones que no siempre resultaron como esperábamos. Pero seguimos adelante. Y eso me enseñó que la perseverancia es importante, pero no suficiente. También hay que ser capaz de adaptarse, aprender, reconocer cuando algo no está funcionando y volver a empezar las veces que sea necesario.
Otro aprendizaje fundamental ha sido comprender que una empresa se construye con personas. Miguel Ángel ha sido parte de esta historia prácticamente desde el comienzo y juntos hemos ido aprendiendo y complementándonos. Después fueron llegando muchas otras personas, algunas permanecieron y otras siguieron distintos caminos, pero todas han formado parte de lo que hoy es Schneider.
Profesionalmente, hemos aprendido que el crecimiento obliga a cambiar. Lo que sirve para una empresa pequeña deja de servir cuando aumenta el número de personas, los clientes y la complejidad de los proyectos. Hay que profesionalizar los procesos, incorporar tecnología, delegar, formar equipos y aprender a confiar.
Y hay algo que se ha mantenido desde el primer día: la convicción de que hacer bien las cosas siempre abre caminos. Puede parecer muy simple, pero después de 23 años sigo creyendo profundamente en eso.
Sobre los proyectos actual y su impacto:
Schneider ha dejado su huella en grandes obras de infraestructura como hospitales y aeropuertos, además de proyectos corporativos; ¿de qué manera logran equilibrar la exigencia técnica de proyectos a gran escala con la misión de reflejar la identidad e historia de cada espacio?
Aquí haría primero una distinción importante respecto de nuestro rol. En todos los proyectos, la señalética normalmente viene desarrollada por arquitectos, diseñadores o especialistas, quienes definen el proyecto de acuerdo con la arquitectura, la identidad y las necesidades de cada espacio. Schneider no interviene en esa definición conceptual.
Nuestro aporte comienza cuando ese proyecto tiene que transformarse en realidad.
Recibimos el diseño y asumimos el desafío de convertirlo en elementos reales, fabricables e instalables. Nuestro equipo revisa los antecedentes, prepara las diagramaciones y detalles necesarios, analiza su factibilidad y, cuando corresponde, propone soluciones constructivas que son sometidas a la aprobación del cliente.
Una vez obtenido ese visto bueno, comienza todo el proceso de preparación y fabricación en nuestro taller y, posteriormente, la instalación en obra.
Y ahí existe un desafío técnico importante, porque muchas veces lo que aparece perfectamente resuelto en un plano debe enfrentarse después a la realidad de la obra: medidas, superficies, sistemas de fijación, materiales, estructuras, iluminación, condiciones de instalación y coordinación con otras especialidades. Es precisamente en ese proceso donde la experiencia y capacidad técnica de nuestro equipo adquieren mucho valor.
Además, trabajamos en proyectos de escalas muy distintas. Podemos participar en la señalética integral de un hospital, un centro de salud, un aeropuerto o un edificio público, pero también desarrollamos proyectos para edificios de departamentos, oficinas y empresas que necesitan gráfica, señalética y elementos que permitan llevar su identidad corporativa a sus espacios.
Nuestro oficio está precisamente ahí: recibir una idea o un proyecto y tener la capacidad técnica y productiva para transformarlo en algo concreto, bien fabricado, bien instalado y fiel a lo que el cliente proyectó.
En ese sentido, me gusta pensar en Schneider como el puente entre el proyecto y la realidad.

Sobre el desarrollo local y el capital humano:
Ustedes destacan que lo más importante que construyen no son los letreros, sino las personas. ¿Cómo ha sido la experiencia de apostar por el talento local en Buin y qué metodologías aplican para formar no solo técnicos capacitados, sino ciudadanos conscientes y comprometidos?
Esta probablemente es la pregunta que más representa lo que queremos construir hoy en Schneider.
Cuando nos instalamos en Buin hace tres años, inicialmente lo hicimos porque necesitábamos mejores condiciones para desarrollar nuestro trabajo. Con el tiempo comenzamos a descubrir que estar aquí también nos daba la posibilidad de generar oportunidades laborales fuera de Santiago.
Y eso empezó a tener para nosotros un significado mucho mayor.
Nosotros necesitamos formar personas porque nuestro trabajo requiere conocimientos específicos. Hay máquinas que aprender a operar, materiales que conocer, técnicas de fabricación, terminaciones, instalación, interpretación de planos y muchas otras capacidades que se adquieren con experiencia.
Pero con el tiempo entendimos que capacitar técnicamente era abosultamente necesario, pero no suficiente.
Queremos enseñar también el valor de hacer bien las cosas aunque nadie esté mirando; entender que si uno se compromete con algo tiene que cumplir; llegar a la hora, cuidar las herramientas, respetar el trabajo del compañero, asumir un error, buscar una solución y sentir orgullo cuando un trabajo queda bien hecho.
No sé si llamaría a esto una metodología formal. Es más bien una cultura que estamos intentando construir y que nosotros mismos seguimos aprendiendo a desarrollar.
Para mí sería muy satisfactorio pensar que una persona que trabajó varios años en Schneider, el día que decida seguir otro camino, se vaya siendo mejor profesional, con más herramientas, pero también con una forma distinta de enfrentar el trabajo y sus responsabilidades.
Porque una empresa necesita ser rentable para existir, pagar sus obligaciones, invertir y generar empleo. Pero creo que también puede aprovechar todas esas horas que compartimos diariamente para formar personas.
Si logramos hacer ambas cosas —construir una empresa sana y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo de quienes trabajan con nosotros— siento que estamos aportando, desde nuestro pequeño espacio, a una mejor sociedad.

Sobre la evolución de la industria y la sostenibilidad:
Nuestra industria ha cambiado muchísimo en estos 23 años y nosotros hemos tenido que evolucionar con ella.
Cuando Schneider comenzó, nuestra realidad tecnológica era completamente distinta. Hoy contamos con procesos y equipamiento que nos permiten imprimir, cortar, grabar, mecanizar y fabricar elementos con niveles de precisión y terminación que hace años eran mucho más difíciles de conseguir.
La incorporación de tecnología ha sido fundamental, pero para nosotros innovar no significa solamente comprar una máquina nueva. También significa hacer mejor un proceso, reducir errores, aprovechar mejor los materiales, ordenar la producción y encontrar soluciones más eficientes para nuestros clientes.
Respecto de la sustentabilidad, prefiero ser muy responsable con lo que decimos. Como familia tenemos desde hace muchos años una preocupación y conciencia respecto del cuidado del planeta, y naturalmente hemos intentado llevar parte de esa mirada también a la empresa.
En Schneider reciclamos algunos de los materiales que utilizamos y también buscamos dar una segunda vida a ciertos excedentes de producción, reutilizándolos, por ejemplo, para crear regalos para nuestros clientes y potenciales clientes, así como muestras que nos permiten mostrar distintas posibilidades constructivas y las capacidades técnicas de Schneider.
Sin embargo, no quisiera presentarnos como una empresa sustentable simplemente porque es un concepto atractivo. Creo que la sustentabilidad real tiene que demostrarse en las prácticas, y somos conscientes de que todavía tenemos mucho por avanzar.
Nuestro desafío es seguir profundizando ese camino: aprovechar mejor los materiales, disminuir pérdidas y desperdicios, evaluar alternativas, incorporar mejores procesos y nuevas tecnologías, siempre que sean técnica y económicamente viables y sin comprometer algo que para nosotros es fundamental: la durabilidad y calidad de los productos que entregamos.
También seguimos atentos a las nuevas tendencias de diseño, accesibilidad y comunicación de los espacios, porque la señalética evoluciona junto con la manera en que las personas utilizan y comprenden esos espacios.
Sobre el futuro y el propósito: Con más de 20 años de historia y una sólida presencia en el mercado, ¿cuál es la visión a futuro para Schneider Gráfica & Señalética y qué nuevos desafíos o metas se plantean para seguir contribuyendo al desarrollo del país desde su comunidad?
Después de 23 años, mi aspiración no es simplemente que Schneider sea una empresa más grande.
Quiero que sea una mejor empresa.
Por supuesto queremos crecer, tener más clientes, desarrollar nuevos proyectos, incorporar tecnología y seguir participando en proyectos importantes a nivel nacional. Queremos que cuando una empresa, una inmobiliaria, una constructora o una institución necesite gráfica y señalética, Schneider sea reconocida por su capacidad técnica, calidad, cumplimiento y por hacer bien las cosas.
Pero también queremos consolidarnos en Buin y continuar generando oportunidades laborales y capacidades desde aquí.
Me gustaría demostrar que no necesariamente todo tiene que ocurrir en Santiago. Desde una comuna como Buin podemos fabricar productos de gran calidad, desarrollar profesionales y técnicos, incorporar tecnología y ejecutar proyectos para cualquier lugar de Chile.
Y quizás el desafío más importante de los próximos años sea lograr que el propósito que hoy tenemos como empresa no dependa solamente de Miguel Ángel o de mí, sino que sea parte de la cultura de Schneider.
Que cada persona que llegue entienda que aquí hacemos gráfica y señalética, pero también que detrás de cada trabajo hay un cliente que confió en nosotros, personas que utilizarán aquello que fabricamos y un equipo completo cuyo trabajo depende del trabajo del otro.
Si logramos construir una empresa rentable, profesional, tecnológicamente preparada y reconocida por la calidad de su trabajo, pero que al mismo tiempo genere empleo, forme personas y aporte positivamente a su comunidad, creo que Schneider habrá cumplido un propósito mucho mayor que simplemente fabricar señalética.
Ese es el Schneider que me gustaría seguir construyendo durante los próximos años.

