La industria vitivinícola chilena enfrenta uno de los desafíos más complejos de las últimas décadas. Con un consumo mundial de vino que ha descendido a sus niveles más bajos desde 1957 —reflejando una caída acumulada del 14% desde 2018—, las grandes y medianas viñas del país están acelerando un proceso de transformación sin precedentes para no quedar fuera de un mercado en constante evolución.

Un giro en la estrategia

El fenómeno no es ajeno al mercado local. Mientras las exportaciones chilenas han sentido el impacto de la contracción global y el endurecimiento de condiciones en mercados clave, los productores nacionales han comenzado a diversificar su oferta para reconectar con un consumidor que, según expertos, ha modificado sus hábitos.

  • Diversificación y “Vino Zero”: Ante la creciente preferencia por bebidas con menor contenido alcohólico o alternativas más ligeras, muchas viñas han incursionado en la elaboración de espumosos sin alcohol y líneas de vinos “light”, buscando captar a las nuevas generaciones que priorizan el bienestar físico.

  • El factor “cervecero”: Antropólogos y analistas del sector señalan que, si bien el consumo total de alcohol no necesariamente ha disminuido en términos absolutos, sí ha ocurrido un desplazamiento. “Los jóvenes están reemplazando el vino por la cerveza en contextos de socialización casual, obligando a las viñas a repensar su valor y posicionamiento”, explican especialistas del área.

  • Premiumización y Enoturismo: La estrategia de volumen ha dado paso a una apuesta por el valor. Viñas emblemáticas están concentrando esfuerzos en productos de alta gama y experiencias de enoturismo exclusivo, donde la botella se convierte en un objeto de colección más que en un bien de consumo masivo.

El impacto en cifras

Las cifras del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) confirman la magnitud del ajuste: la superficie de viñedos en Chile se ha reducido cerca de un 27% desde 2019. Este reordenamiento busca estabilizar una industria que, pese a la crisis, sigue siendo un pilar fundamental de la marca país a nivel internacional.

Las autoridades y gremios del sector insisten en que, más allá de la “cervecerización” de los hábitos de consumo, la clave para la supervivencia del sector radicará en la innovación técnica y en una visión país que proteja el patrimonio vitivinícola, adaptándolo a un consumidor más informado, exigente y, sobre todo, volátil.