Según cifras de distintas organizaciones multilaterales, América Latina y el Caribe albergan a una población que supera los 671 millones de habitantes. De este total, la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2010) cuenta con 169 millones de personas, lo que representa casi el 25% de la población del continente. Por su parte, los Millennials (nacidos entre 1981 y 1996) se estiman entre los 160 y 165 millones. Sumadas, ambas generaciones representan la mitad de la población de la región.
Estos jóvenes nacieron en medio de profundos cambios políticos, sociales, tecnológicos y de consumo que moldearon sus vidas, expectativas y frustraciones. Actualmente, su realidad socioeconómica está marcada por la vulnerabilidad. Datos entrecruzados de la CEPAL, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y UNICEF revelan la siguiente distribución:
- En situación de pobreza: Entre el 35% y el 40%.
- En busca de movilidad social (ascenso de la pobreza a la clase media): Cerca del 40%.
- Clase media consolidada: Entre un 20% y un 25%.
- Sectores de altos ingresos (“ricos”): Entre un 2% y un 3%.
Más allá de las diferencias socioeconómicas, se ha producido un cambio drástico —e impensable hace unas décadas— en la percepción ideológica de los jóvenes latinoamericanos, con mayor fuerza en la Generación Z.
Estudios del Latinobarómetro reflejan un profundo descontento de estas generaciones hacia los liderazgos políticos y las instituciones tradicionales (particularmente los Parlamentos). Predomina la visión de que la clase política es inherentemente corrupta y ajena a sus demandas históricas.
A este escenario se suman nuevos factores de peso:
- La inseguridad, una de las principales preocupaciones en América Latina, se ha vuelto una prioridad absoluta para los jóvenes, especialmente entre los varones. Esto explica el fuerte atractivo que ejercen liderazgos de mano dura, como el gobierno de Nayib Bukele en El Salvador.
- La Libertad Económica. Al haber crecido en sociedades donde el Estado se percibía como una estructura todopoderosa pero ineficiente, muchos jóvenes comenzaron a ver en él una barrera para su desarrollo personal, volcándose hacia posturas de libertad económica.
Este clima abrió la puerta a figuras calificadas como outsiders —algunos con trayectoria previa, pero siempre posicionados en la derecha—, a quienes los sectores de izquierda suelen catalogar como “ultraderecha”.
En un segmento importante de hombres jóvenes existe un claro hartazgo hacia la denominada agenda “woke”, al considerar que posterga la solución de problemas estructurales urgentes como el acceso a la vivienda, la educación y el empleo de calidad.
Todo este fenómeno ha consolidado un giro político a la derecha en los gobiernos de países como Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Honduras, El Salvador y Costa Rica, impulsado de manera decidida por la Generación Z y, de forma más moderada, por los Millennials. En este contexto, la “batalla cultural” se ha convertido en la principal bandera de una juventud de derecha decidida a disputar la hegemonía cultural que históricamente retuvo la izquierda.
Uruguay puede ser una muestra de ese vuelco. Este país se ha caracterizado tradicionalmente por su inclinación hacia la socialdemocracia y, más recientemente, hacia la izquierda (fuerza política que gobernó durante cuatro períodos desde 2005), un ecosistema donde la juventud siempre funcionó como el clásico motor revolucionario. Sin embargo, las encuestas recientes muestran un quiebre histórico.
La consultora Equipos Consultores señaló recientemente que, por primera vez en lo que va del siglo XXI, hay más jóvenes de derecha que de izquierda en Uruguay. La evolución de los datos ilustra este cambio de paradigma. El informe dice que “por primera vez en todo lo que va del siglo” hay “más jóvenes de derecha que de izquierda en Uruguay”. “En 2000, 37% era de izquierda y 27% de derecha. En 2010, se alcanza la brecha máxima: 43% eran de izquierda y 19% de derecha. En 2015 la derecha llega al piso con un 15%, y la mayoría ya había pasado al centro y la izquierda también cayó. En 2020 no se midió por la pandemia. Pero en 2025, 29% era de derecha y 26% de izquierda”, señala el informe que hizo público el diario EL PAIS de Montevideo.
Esta polarización ideológica no solo se alimenta desde las cúpulas del poder, sino que emerge con fuerza desde las bases juveniles, obligando a la dirigencia política a adaptarse a su ritmo y frenesí.
Ante el evidente declive y frustración de los proyectos de izquierda, queda planteada la gran interrogante de cara al futuro: si las nuevas opciones de derecha no demuestran seriedad en sus propuestas, si fracasan en resolver las ansias de progreso y cambio, y si no logran canalizar razonablemente este descontento mostrando una luz inequívoca al final del túnel, ¿qué vendrá después?
Nibia Pizzo. | Psicóloga. Magister en Gestión y Desarrollo de Proyectos De Impacto Social. | Esp. Patologías Graves y Uso indebido de Drogas.
Directora Académica y Fundadora de Legado a las Américas. | Pte. del Capítulo Uruguay de Global Peace Women Uruguay | (nibiapizzo.com.uy)

