Arica ha dejado de ser “la ciudad que pudo ser” para convertirse en el destino que Chile está mirando. Las cifras del INE de este año son contundentes: un crecimiento en pernoctaciones que cuadruplica el promedio nacional. Sin embargo, este éxito estadístico nos obliga a mirar más allá de la planilla Excel y observar la salud real de nuestra infraestructura y seguridad.

1. El éxito de la vitrina vs. la realidad del patio

Es innegable que la campaña “Arica y Parinacota Siempre un buen destino” ha sido un acierto. Estar en los teleféricos de La Paz y en las pantallas de los principales aeropuertos del país ha sacado a la región del anonimato. Pero la promoción es una promesa, y la experiencia del turista es la realidad.

Hoy, el mayor desafío no es atraer al turista, sino que este no se encuentre con las Cuevas de Anzota cerradas por riesgo de derrumbe o con un borde costero central que, aunque neurálgico, clama por una recuperación integral. La reciente reactivación del Consejo de Coordinación Ciudad Puerto es una señal de esperanza, pero la urgencia es para ayer.

2. El patrimonio como motor (y no solo como adorno)

Tenemos el Patrimonio Mundial de la UNESCO con la Cultura Chinchorro y la majestuosidad del Qhapaq Ñan. No obstante, la gestión turística de estos hitos aún se siente fragmentada. No basta con el título; se requiere una articulación real que permita al visitante consumir ese patrimonio de forma sostenible, segura y con servicios de estándar internacional.

3. El nudo crítico: Seguridad y Convivencia Urbana

No podemos hablar de turismo ignorando el elefante en la habitación: la seguridad y la salud ambiental. La insistencia de las autoridades regionales en trasladar los estanques de combustible de YPFB fuera del radio urbano no es un capricho estético; es una necesidad de supervivencia turística. Un destino que huele a combustible o que convive con riesgos industriales en su zona de servicios no puede aspirar a ser un referente de “bienestar y naturaleza”.

Por laconexi