Ocho meses de espera por un especialista público, terapias que pueden costar más que un sueldo mínimo y madres que dejan su trabajo para cuidar. A tres años de la Ley TEA, las familias sienten que la ley se quedó en el papel.
La pregunta aparece una y otra vez en las agrupaciones de padres: qué pasará con sus hijos cuando ellos ya no puedan cuidarlos. “Si nos enfermamos, ¿dónde queda el niño, la casa, los demás hijos o el marido?”, dijo Pamela Herrera, madre de Benjamín, a El Rancagüino. Ella cuida a su hijo y, al mismo tiempo, a su padre con Alzheimer.
Esa inquietud resume el momento que viven miles de familias en Chile. Según el único estudio local, 1 de cada 51 niños estaría en el espectro autista. Para ellos, el camino empieza con una espera.
Esperar en la etapa que más importa
A diciembre de 2025, 69.188 niños, niñas y adolescentes esperaban atención de neurología o psiquiatría infanto-juvenil en la red pública, con una mediana de 245 días, según cifras de la Dra. Valeria Rojas, directora de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, publicadas por Portal Red Salud.
Para un niño de dos años, ocho meses son casi un tercio de su vida. Es justamente la etapa en que la intervención temprana más influye en su desarrollo.
El costo de no esperar
Quien no puede esperar, paga. Una sesión particular de fonoaudiología o terapia ocupacional cuesta en torno a $30.000, y una evaluación de autismo, entre $100.000 y $120.000. Un tratamiento intensivo, con cinco sesiones semanales, puede llegar a unos $600.000 al mes, por encima del sueldo mínimo de $539.000.
Fonasa ofrece un bono PAD con copago cercano a $35.000 mensuales, pero solo para los tramos B, C y D, en prestadores con convenio y con una intensidad mínima de cinco atenciones al mes. El autismo, además, sigue fuera del GES: no quedó en el decreto 2025–2028.
Madres que lo dejan todo
Una encuesta a 291 cuidadores chilenos, publicada en Andes Pediatrica, mostró que en el 35% de las familias alguien renunció a su trabajo y en el 46% alguien redujo su jornada. Las familias pagan más del 60% de las terapias de su bolsillo. El 86% de quienes respondieron eran madres.
Tamara Leiva, madre de Luna, dejó su empleo de golpe. Sin ingresos, su familia vendió ropa reciclada para salir adelante. Tras un colapso reciente, cuenta que “renunció a todo”.
Una ley que no llega
La Ley 21.545 fue promulgada en marzo de 2023. Tres años después, el 76% de las comunas —más de 260— no había recibido recursos para implementarla. En agosto de 2026, un grupo de senadores presentó un proyecto que reconoce un “avance insuficiente” en la capacitación de los equipos de salud, según Diario Constitucional.
En los colegios, las denuncias por discriminación a estudiantes autistas ante la Superintendencia de Educación subieron de 723 en 2022 a 1.799 en 2024, un alza de 149%, informó Cooperativa.
El miedo al futuro
La preocupación mayor está en la adultez. El propio Ministerio de Salud reconoce en sus orientaciones técnicas que existe “escasa evidencia sobre la atención de salud y las necesidades de apoyo de personas adultas autistas”.
Por eso la agrupación Autismo Severo Chile pide centros de día y residencias tuteladas “para cuando los padres o tutores fallezcan”. Es la respuesta que hoy no existe a la pregunta que quita el sueño a tantas familias: quién cuidará a sus hijos mañana.

